|
Edición Nº 1706 |
|
||||||||||||
|
|
|||||||||||||
|
|
Libros y Lectura Una grave omisión de la legislación nacional podría subsanarse en breve tiempo: pese a múltiples intentos no se ha logrado, hasta ahora, promulgar una ley que favorezca la producción y distribución del libro en todo el país. Esta, no sólo contribuiría al renacimiento de la industria editorial y aumentaria los niveles de lectura, sino que acabaría con actividades delictivas como la piratería. Aquí, proyectos y propuestas al respecto. Escribe TERESINA MUÑOZ-NAJAR EN la próxima legislatura tendría que entrar en debate la promulgación de la ley de promoción del libro y fomento de la lectura. Es, según los congresistas Martha Hildebrandt y Henry Pease (autores de sendos proyectos), de "absoluta prioridad". Las razones son muy serias. El Perú es uno de los dos países (el otro es El Salvador) de la región que no cuenta con la mencionada ley, tiene una industria editorial completamente desprotegida y, finalmente, sus libros son tan caros que casi nadie los puede comprar y claro, leer. ¿Por qué tanta postergación? El más remoto intento de promulgar una ley del libro -al menos el que recuerda Germán Coronado, de la Editorial Peisa y uno de los autores del proyecto de ley propuesto por la Cámara Peruana del Libro que ha originado los seis proyectos a punto de debatirse- lo tuvo Luis Alberto Sánchez. En 1986, LAS, siendo presidente interino de la República y presidente de la Cámara de Senadores presentó su proyecto. Naturalmente fue aprobado por senadores pero, cuando pasó a diputados fue revocado. Coronado dice que uno de los que se encargó que fuera revocado fue Carlos Enrique Melgar. Estas fueron más o menos las palabras que disparó en un arranque de populismo: La cédula parlamentaria aprista no puede aprobar un proyecto de ley con nombre propio (se refería a las empresas que forman la Cámara del Libro), nosotros queremos una ley para el pueblo, para las multitudes, una ley que fomente la creación literaria.... Y el proyecto de LAS murió. Germán Coronado sospecha que en el ínterin se le ocurrio
a Alan García, pensando que la ley de LAS no estaba de acuerdo
con los puntos de vista del partido, crear el fondo de subsidio del CONCYTEC.
Entonces, entre 1986 y 1990 se publicaron aproximadamente 10 ó
12 mil libros en los que se invirtió al rededor de 20 ó
30 millones de dólares. Muchas personas, desde luego, lucraron
con esto y no quedó nada para el futuro. La doctora Martha Hildebrandt,
sin embargo, considera que el fondo de subsidio del CONCYTEC "fue una
de las pocas cosas buenas que hizo el Apra". Bueno, ella dirigió
el fondo de ediciones del Congreso durante el régimen fujimorista,
que tanta polémica causa hasta ahora. Para Germán Coronado
ésta es una competencia desleal. Para el responsable actual del
fondo, Rafael Tapia "son ediciones especializadas y no comerciales".
Durante el gobierno de Fujimori, volviendo a la ley del libro, no pasó nada. Se presentaron dos proyectos en diez años pero fueron archivados y olvidados. El problema que se generó en esa década fue el de la piratería. Al respecto, agresivas campañas para defenestrarla con poco, poquísimo éxito: Entre 1996 y 1999 los piratas triplicaron su volumen de ventas anuales (de 800 mil a 2 millones 500 mil ejemplares) así como sus ingresos anuales (de 4 millones a 12.5 millones de dólares), mientras la actividad editorial a cargo de empresas formales se ha visto reducida a la tercera parte. Un breve paréntesis para aludir a la columna, justamente referida a la piratería, de Armando Robles Godoy publicada en "El Dominical" del 20 de enero: "Que un intelectual haga una apología de la piratería y diga que le repugna la actividad empresarial, es inconcebible", le responde Germán Coronado. No le falta razón. Urgía pues la promulgación de la ley del libro "que deponga -puntualiza Coronado- todas las barreras con las que se tropiezan las emresas editoriales y que incorpore a los informales a ese sector". El hecho es que ahora están sobre el tapete seis proyectos: el de Hildebrandt, el de Henry Pease, el de César Acuña, el de Elvira de la Puente, el de Luis Alva Castro y el de Gonzalo Jiménez Dioses. De acuerdo a Coronado, los que guardan más similitudes con el de la Cámara son los de Hildebrandt, Pease y Acuña, pero "de cualquier manera son incompletos". El de Elvira de la Puente, más bien, peca de populismo. Lo que en definitiva pide la Cámara para lograr la libre circulación del libro es: la exoneración del impuesto a la renta por 10 años, la eliminación de los aranceles a la importación, la eliminación del IGV a la venta y fabricación del libro y la eliminación del impuesto a la renta al pago de regalías por derecho de autor. También, una serie de créditos al sector editorial y librero con el objetivo de volver a montar una red de librerías en el país (los empresarios que quisieran poner una librería podrían tener el aval de los editores o distribuidores). Es decir, crear una auténtica cadena de auxilios mutuos económicos dentro del sector editorial. Además, la Cámara propone la creación del Consejo
Nacional del Libro y la Lectura como organismo independiente adscrito
a la Biblioteca Nacional, con la finalidad de promover las nuevas ediciones
de libros y productos editoriales afines, difundir las obras de autores
peruanos y fomentar el hábito de la lectura. ("Hay que evitar que
el Estado siga promoviendo ediciones sin orden ni concierto", afirma Coronado).
El Consejo tendría autonomía técnica, administrativa
y funcional para el cumplimiento de sus objetivos. Administraría,
asimismo, un Fondo Económico de Apoyo a la Difusión del
Libro y para el Fomento del Hábito de la Lectura. Dicho Fondo,
contaría con una partida presupuestal asignada anualmente a la
Biblioteca Nacional de un monto no menor a las 2,400 UIT. El Consejo Nacional
del Libro y la Lectura estaría presidido por el Jefe de la Biblioteca.
El proyecto de Henry Pease, difiere en este último aspecto y considera que quien lo debe presidir un representante del Ministro de Educación. "No es coherente -alega Coronado- que un funcionario ministerial tenga más atribuciones que la Biblioteca Nacional".v Igual opina el doctor Sinesio López y no porque sea él el actual Jefe de la Biblioteca sino porque ésta es la institución encargada del libro. Aquí entra a tallar el tema de fomentar el hábito de la lectura. Para el doctor López no es un asunto de cultura sino del libro. "Este tiene que ser más barato". Y añade: "La gente quiere leer y la prueba es que más de tres mil personas visitan la Biblioteca Nacional diariamente". "El libro a pesar de la proliferación de los medios electrónicos -dice por su parte Henry Pease- sigue siendo uno de los medios más importantes para asegurar la generalización de la educación, el desarrollo cultural y el mejoramiento de los niveles de conocimiento de la población". "El problema no es el que el libro esté al alcance de todos -advierte Martha Hildebrandt, quien acaba de publicar "Léxico de Bolívar, el español en la América del siglo XVIII"- sino que el que tenga un libro a su alcance, lo lea. Lo que hay que cambiar son los hábitos. Hay que hacerles sentir a las personas que leer es un placer, que no se lee para conseguir una beca o ascender en el empleo. Que leer es maravilloso, ¡caramba!" "Hay interés por la lectura de lo contrario no existirían los piratas", señala Rafael Tapia. Patricia Arévalo, gerente de ediciones generales del Grupo Santillana sostiene que el hábito de la lectura "no se puede generar por decreto". Ella remarca la importancia de la libre circulación internacional del libro. "Nos estamos aislando del resto del mundo respecto a la lectura porque los libros que importamos resultan demasiado caros debido a los aranceles. Muy pocos países pagan derechos por los libros importados", insiste. Está en manos de los legisladores sacarle el mejor provecho a los proyectos presentados y promulgar, por fin, la ley más adecuada. Muchos pensarán que la Cámara del Libro se ha excedido en su propuesta pero quien pide al cielo y pide poco....
|
||||||||||||
|
|
|||||||||||||