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Edición Nº 1706 |
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En la Yema del Disgusto
REFERIRSE a la solución a la mediterraneidad de Bolivia en los ambiguos términos en los que lo hizo el Presidente Alejandro Toledo en su visita a ese país ("terminar con el candado para Bolivia y sus aspiraciones marítimas marcado en el acuerdo de 1929 entre Perú y Chile sobre el puerto de Arica"), puede convertirse en un bumerang para el Perú. Se trata de un tema altamente sensible para el vecino país. Y ahora que el proyecto del gasoducto para dar salida al gas boliviano está sobre el tapete, con mayor razón: Chile, como se sabe, tiene tanto interés como el Perú en procurársela. El impacto económico y geopolítico de un proyecto de está envergadura está fuera de toda duda. El argumento de los chilenos es que la distancia entre Tarija -donde están los depósitos de gas- y el puerto de Mejillones es más corta. Sin embargo, hay que cruzar dos cordilleras donde será necesario implementar una planta de bombeo para impulsar el gas, y otra para frenarlo cuando descienda. Esta vez la tendencia presidencial a irse de boca le podría costar un huevo al Perú: no son sólo los aspectos técnicos los que inclinan la balanza. "Si alguna ventaja tiene Chile sobre el Perú en las negociaciones es la discresión con la que trabajan sus diplomáticos", ha señalado la prensa boliviana. Citando fuentes diplomáticas bolivianas, se añade que el revuelo surgido a consecuencia de las declaraciones de Toledo es un punto favorable para Chile en las negociaciones. Si esto es así, la Cancillería peruana tendrá que redoblar esfuerzos y Toledo medir sus palabras. El Presidente boliviano, Jorge Quiroga, firmó en Washington el 4 de diciembre pasado un preacuerdo con representantes de la empresa Sampra para exportar gas a la costa oeste de Estados Unidos. El proyecto tiene en el papel el aval de un consorcio internacional, en el que se encuentran las corporaciones española Repsol y la británica British Petroleum. Nuestros depósitos de gas en Camisea alcanzan los 12 trillones de pies cúbicos. Bolivia los cuadruplica: dispone de reservas comprobadas equivalentes a 48 trillones de pies cúbicos, volumen sólo superado en Latinoamérica por Venezuela. Desde que en Bolivia se abrió la posibilidad de exportar gas
natural licuefactado (LNG) a California, EE.UU. para suplir el déficit
energético que afronta dicho mercado, Perú y Chile compiten
para participar en la iniciativa.
Toledo ha llevado al gobierno boliviano una propuesta que, entre otras ventajas, permitiría utilizar la misma instalación del gasoducto de Camisea. Sólo en la planta de licuefacción, indispensable para trasladar el gas por vía marítima, que sería construida en el puerto de embarque (Ilo en Perú o Mejillones en Chile) se invertiría no menos de US$ 5 mil millones. Este costo podría ser compartido por Bolivia y Perú, que también la requerirá cuando arranque la segunda etapa de Camisea. La planta de licuefacción convertirá el gas natural en líquido comprimido, que se transportará en una flota de barcos-tanque hasta California y de allí, a través de una red de gasoductos, cubrirá toda la costa oeste de EE.UU. El ministro de Energía y Minas, Jaime Quijandría ha precisado que se necesitan entre tres y cuatro barcos tanqueros viajando constantemente para atender la demanda, cuyo costo llegaría a US$ 200 millones, y que tal inversión puede ser conjunta. Así mismo ha señalado que en lugar de dar la largada a una competencia de precios, Perú y Bolivia podrían armonizar una política de los mismos, e inclusive incursionar en otros proyectos de exploración juntos. Toledo ha planteado que los proyectos para exportar el gas de Perú y Bolivia sean complementarios más que competitivos. De hecho, el punto 14 de la "Declaración Presidencial del Lago Titicaca" alude a la idea de un gasoducto para exportar el gas natural de ambos países de manera conjunta. Se sabe que en Bolivia los respectivos estudios técnicos están en plena ejecución y la posición oficial del gobierno boliviano es que la opción para la ruta del gasoducto y la elección del puerto para la planta de licuefacción en el Pacífico dependerá de criterios técnicos y financieros de las empresas que manejen el proyecto. Se están evaluando los aspectos técnicos, financieros, jurídicos y políticos antes de tomar una decisión, probablemente en abril. En suma, el consorcio NLG compuesto por British Petroleum, British Gas y Repsol YPF, a cargo del proyecto gasífero boliviano también tendría que estar de acuerdo con la decisión. Lo mismo ocurre en el Perú con el consorcio liderado por Pluspetrol que lleva adelante el proyecto Camisea.
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