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Edición Nº 1706 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Crisis
de Verano Mira, los primeros días de enero fueron fáciles. Qué te digo, o sea, entre que el clima no se definía y Maripí y Pocotón demoraron en mudarse a la playa, pucha, no tenía por qué sentir la diferencia. Pero hija, hacia el quince de enero más o menos, pucha, me vinieron unas sudaderas de raja de las que la historia aún no tenía noticias, no sabes. Cada vez que salía del ascensor climatizado del edificio y bajaba a las cocheras, pucha, sentía que el alma se me iba en una transpiración holística, porque incluía mis afectos. Tanto fue que un día se me acerca el Jhon Junior, que limpia los carros del edificio, y sin más me dice: "Señorita China, mojadita está usted", y yo sólo de imaginarme la fantasía que el pobre étnico acababa de tener conmigo, o sea, metí pata al acelerador hasta las heces (a la manera vallejiana), me mandé por el carril contrario en la avenida El Golf, me llevé a un panadero con todo y triciclo y no paré sino hasta la entrada de Los Delfines, hija, y si no entré más fue porque mi corazón ecologista me lo impidió. Pero bueno, ahora que ya estoy un poco más tranquila, cómo te digo, o sea, he analizado horrores mis sentimientos y he llegado a la conclusión de que, pucha, no es que yo esté extrañando pasar estos días infernales tirada en la terraza con un bloody mary en la mano, escuchando a Bach interrumpido por los chismes de Maripé sobre Susana y ya sabes quién. No, lo que pasa es que hija, o sea, cuando vas a la playa te das cuenta de que en tu propio país es posible crear un microcosmos armonizado, pucha, donde las reglas de convivencia democrática se cumplen regio y todo el mundo pone lo mejor de sí para sacar adelante, no digamos que un proyecto nacional porque la playa es chica, pero sí una suerte de utopía local, de esas que hubieran dejado sin voz al mismo Tomás Moro. O sea, para comenzar, pucha, cuando vas por la carretera fumándote un cachito y escuchando a Keith Jarret y te dices a ti misma, "estoy dejando atrás a los despedidos de la CITE y a los ociosos del SUTEP, quienes deberían tener la decencia de no salir a protestar en el verano. ¿Será que Dios me ha premiado por ser tan objetiva en mis juicios políticos?" Después, pucha, llegas a la tranca y te abre el guachimán sin pedirte doble documentación. Una vez que pasas la valla, pucha, de inmediato sientes ese olor tan del interior peruano, que mezcla brasa de parrilla con mar súperecológico y un poco de Mayflower porque como estás en la parte de atrás de las casas, o sea, tienes los baños desinfectados de las muchachas. Una delicia sociológica. Y después, pucha, lo que ya tú sabes de más: los mocosos de mierda no pueden hacer bulla en el malecón, las muchachas andan de a dos uniformadas y si se quieren bañar, regio, detrás de la roca donde el mar es tan bravo que encima aprenden a nadar gratis; no te entra a la playa así venga con títulos de propiedad legalizados en el INDECOPI un desconocido si es que no tiene cara de conocido (yo sé que tú me entiendes) y en fin, el microcosmos del que te hablaba. Pero tampoco me pidas demasiada coherencia conmigo misma, si hasta Sartre se equivocó con el marxismo, ¿no crees? Porque te digo, hija, ayer me miré al espejo calata, blanca como un tallarín sin tuco, desmondongada y cerda y la llamé a la Jessikah´s Jesseniah´s de emergencia, la senté al lado del espejo y le dije: "¿Tú crees que me merezco esto sólo porque estoy de plata más caída que teta de gitana? Te equivocas. Todos somos responsables de lo que está pasando en nuestro querido país, así que como ya me cansé de cargar mi parte de responsabilidad en el asunto, pucha, prepárame tres maletas, el cooler, cuatro Remy Martín (porque este año impongo el coñac en verano) y déjate de mirarme como si estuviera loca, que si alguien anda loco en el mundo es este neoliberalismo acholado del que me voy a ir ipso facto a olvidar, so riesgo de que me suicide, pierdas el empleo y una peruana más quede en el desamparo". "Muy bien señorita China", me contestó, y salió del cuarto cantando la Gelatina, ¿te puedes imaginar? Chau, chau. (Rafo León).
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