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Edición Nº 1707 |
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El Diluvio Que Vino
SIN necesidad de recurrir a Reynaldo Santos, el vidente brasileño que entre otras predicciones ha anunciado en estos días que Keiko Sofía será presidenta del Perú, CARETAS se anticipó a los acontecimientos (ver Desastres no Naturales, CARETAS 1702). Debajo de una fotografía del ministro de Transportes, Luis Chang Reyes, una leyenda anunciaba ³se le viene el huaico². Fecha: 28 de diciembre del 2001. Y se le vino. En realidad, la predicción no tenía nada del otro jueves. Entre fines de enero y mediados de marzo de cada año, suele suceder. Y como también suele suceder, un afanoso Presidente de la República, acompañado de miembros de su gabinete, recorre las zonas afectadas (rodeado por la prensa) impartiendo órdenes a diestra y siniestra, como si no existiera un Instituto de Defensa Civil que se supone tiene la organización y capacidad suficiente como para afrontar este tipo de eventos. La participación del ministro de Transportes, Comunicaciones, Vivienda y Construcción, se entiende, porque de él depende la red de comunicaciones de la Nación; y porque cuenta con el equipo de mantenimiento de carreteras indispensable en estos casos ¿pero los demás? Ahora bien. Producido el hecho, no hay más que actuar y ayudar. Es cierto.
Pero debe cuestionarse la falta de previsión. La limpieza de los cauces
debe realizarse en mayo y junio y no en noviembre y diciembre como lo
hace el ministerio, cuando las lluvias ya han comenzado. Entre ellas,
el conocido cordonazo de San Francisco, precipitación intensa que se presenta
algunos noviembres y que significa que en el siguiente verano habrá sequía.
La observación de la naturaleza, por otro lado, también proporciona enseñanzas
que la sofisticada tecnología pasa por alto. El geógrafo Antúnez de Maggiolo,
por ejemplo, observó en el lago Titicaca que algunas especies de aves
variaban la altura de sus nidos de acuerdo a las lluvias por venir. Y,
de acuerdo a observación campesina, el huaico baja sólo con la luna en
cuarto menguante. Como sucedió en esta oportunidad. Lo que quiere decir
que el hombre no debe desligarse de su relación con la naturaleza pues
es posible y probable que, de su comunión con ella, depende su futuro. Se debe pregonar, entonces, su respeto. Impedir, para comenzar, bajo severas sanciones, que los ríos se conviertan en botaderos como hoy sucede con el Rímac. Regular, drásticamente, la tala de los bosques (12 millones de hectáreas se predijo perdería el Perú en la década pasada) porque las lluvias, por depredación de los bosques y consecuente contaminación del aire, cada vez serán más intensas y los fenómenos como el Niño, más cercanos entre sí (tesis sustentada por el World Watch Institute de Washington). Lo que pone en un riesgo creciente a las poblaciones y al borde de la angustia a sus economías. Es por lo tanto necesario que se tome conciencia y se actúe. Definir una política ecológica que contemple el debido manejo de las cuencas y la conservación de los suelos, teniendo en cuenta que entre 1930 y 1990 la erosión ha provocado 3,700 huaicos, 242 inundaciones, 37 aluviones y 200,000 víctimas (ver La Ultima Trinchera en CARETAS 1050). El actual Programa Nacional que se ocupa del tema, al parecer, no debe haber actuado muy eficientemente, habida cuenta que los males se han acentuado durante los últimos años. Los huaicos saltan a la vista y no es necesario ser vidente para presagiar los del próximo año. (Alberto Sánchez Aizcorbe)
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