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Edición Nº 1707 |
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Humor Que Pincha Escribe FERNANDO VIVAS NO nos engañemos. El humor político no derroca ni hace triunfar a nadie, ni cambia la historia ni determina nada pues su materia prima es lo relativo y lo ambiguo. Lo que el humor puede es joder, pinchar y, en fuga de carcajadas, aliviar tensiones nacionales. Claro que, en lugar de aplacarlas, podría soliviantarlas al punto de alentar una revuelta, pero en un rápido zapeo por la TV y las tablas locales, no encontramos a ningún cómico con tamaño (des)propósito. En primer lugar, chilla a la vista, que nuestro humor es básicamente mimético. El artista civilizado crea, el cómico peruano imita y, en los mejores casos, lo hace con tanta gracia que el remedo puede independizarse de su referente coyuntural y volar como personaje independiente. El espejo deformado de la caricatura a veces refleja a un nuevo ser. Una pequeña historia: En los 60, Falla de la Torre, Belagogo o General Podría (obvios sosías cómicos de Haya, Belaúnde y Odría) aparecieron, en el ³Festival² de Guido Monteverde en Canal 9 que incluía una versión en vivo de su pasquín ³Doctor Rochabús². El veterano Alex Valle alternaba con esos primitivos hologramas del poder. Era un concurso de quién se parece más pues al jefe del Apra lo parodiaba Ricardo Tosso (el papá de Ricky) que se le asemejaba sin necesidad de emplastos faciales, al relleno general le tocó el gordo Nerón Rojas y al Arquitecto su símil Ramón Alfaro que con regla y pizarra trazaba la Marginal de la selva en clases de geografía que lo llevaban a Coimebamba, Tumbapoto, Tetamarca y otras manifestaciones de baba cómico-política. Más mordiente tuvo el Camotillo de Tulio Loza y su libretista Augusto Polo Campos, un politicastro demagogo y perdedor, que daba ridículos balconazos de utilería. Se inspiraron en Pedro Cordero y Velarde, eterno candidato presidencial con rollo político tawantinsuyano y un toque de demencia folklórica. Con el golpe de Velasco, este humor francotirador no pudo con el parametraje y fue abiertamente censurado como lo fue CARETAS tras batir en su carátula ³¡Ay mamita, Artola!² al ministro gorila Armando Artola. Como todos los gorilismos, el militar no soportó la risa. La solemnidad
de los cuarteles estaba en las antípodas del carnaval civil. Tuvimos que
esperar a los 80 para que el humor político volviera al prime-time. El
Camotillo lo hizo con una creciente procacidad que le fue restando filo
y en los 90 se hizo prescindible. Tulio llegó a ser enrolado en el Canal
7 de Fujimori donde calló de pura vergüenza. Pero cada elección, en el
concho de las encuestas, trae camotillos de verdad (el último fue Ciro
Gálvez).
Durante el reinado de ³Risas y salsa² en los 80 el humor costumbrista
relegó al político. La TV temía usar esa arma y cuando lo hizo fue amable
como Guillermo Rossini remedando a Alfonso Barrantes. El papá de los Chistosos
quiere dejar anotado que cuando arrancó su campaña edil Barrantes prometió
textualmente ³un millón de desayunos² pero, tras las parodias en que arrobado
por las mamas de Amparo Brambilla el Frijolito rossinesco hablaba de un
³millón de vasos de leche², la promesa fue adecuada al texto cómico. Benéfico
humor. Había que alternar los callejones y oficinas de Papá Chuiman y el Jefecito con el agora. Era un derecho cívico del humorista y un deber de la pantalla para contrarrestar las tentaciones autoritarias que se pintaban en el panorama. Carlos Alvarez, más que Jorge Benavides, explotó ese filón y en la campaña del 90, dio una katana a Fujimori en plena entrevista de ³Las mil y una². El Chino la esgrimió y supo que al humor había que enfrentarlo con correa y con astucia, jamás con piconería, única lección suya que le vendría bien a Alejandro Toledo, que se ha picado de las bromas de los Chistosos según nos lo contó el gerente del 5 Federico Anchorena (CARETAS 1703). Unos meses más tarde, el Chino cogió una yuca y dio en la clave. El humorismo patriarcal, tan afecto a los símbolos fálicos, sobó al tubérculo. Festejando la astucia de Yukimori en lugar de fustigar sarcásticamente su autoritarismo y su insidia, los humoristas le hicieron un servicio involuntario. Alvarez desarrolló en los 90 sus mejores remedos : el Belaúnde Rocker tan superior al mero calco de Alfaro, el clownesco Popi mucho antes del Payasito Waisman, el venal Galán García (aunque el de Hugo Salazar era más refinado), el primer y tétrico Montesinos y el Chino con libreto para sus geishas. Esta fue su mejor época en el 9, dando algunas puyas al poder aunque nunca restándole la simpatía del ganador. Por eso el Chino lo aguantó y por eso no tuvo que cambiar mucho cuando Montesinos se lo jaló al 7. Ojalá no estemos cantando el requiem de nuestro más brillante remedón. Los Chistosos Rossini, Armas y Vidaurre tuvieron los mismos límites
y alcances. Pendejo e inmoral, el Chino siempre parecía un ganador. Alguna
vez Schütz pidió a ³24 minutos² que bajara el volumen, pero la maquinaria
continuista estaba concentrada en ³Panorama² y pasó por alto afortunadamente
esta nueva industria del remedo político que se hizo multimedia (radio,
TV, cds), diaria y a pedido. El más y mejor imitado, puesto que era el favorito y tenía, tamizados por la educación superior en Stanford y por las maneras de los más finos lobbies internacionales, algunos de los rasgos prototípicos del Cordero y Velarde que late en todo candidato nacional; fue el presidente Toledo. Fernando recuerda, más asado que divertido, que el mismo Toledo los felicitaba en cada encuentro fortuito y Hernán cuenta de una vez que le agarró el brazo y le dijo, telúrico, ³ustedes tienen un profuuuuuundo talento². Aunque su especialidad es Alan y Andrade a Hernán también le sale ese acento que es arma de Fernando. En el frente de ³Ocho locos², no menos apurado, el productor Franco Palermo se reúne todas las mañanas con Arturo Alvarez (hermano de Carlos) y con Manolo Rojas en los estudios del Salonazo para discutir las ideas que unos minutos más tarde se convierten en un libreto genérico, al toque se graban, y un par de horas después se airean. El método es simple: se leen los periódicos, se busca la noticia del día, la entrevista televisiva o el escándalo de ayer, y se distribuyen las pachotadas. En una de esas alguien dice ³y si a Maguiña lo sujetamos con unas cuerdas, como a un títere y se oye la voz de Crousillat que le da órdenes². Queda y se hace y como funciona se sigue haciendo y, forzando el absurdo, se le lía no sólo con Jessica Trafia sino con remedos con los que en la realidad el periodista marioneta no tiene nada que ver como la Pinchi Pinchi. Las investiduras son símbolos que están por encima de las debilidades humanas y hay quienes piensan que no debieran fustigarse por nada. (Espero nos dispensen nuestra ocurrencia de la banda presidencial azul). Pero quien apuesta por la risa arrasa con esas atingencias con la misma firmeza con la que sabe distinguir que el chiste es chiste y no cambia la verdad. En el show ³Ríe, peruano, ríe² Fernando Armas, remedando al Presidente, provoca un plebiscito de la risa. ³¡Que aplaudan quienes quieren que me quede!² dice, y nadie le hace caso. ³¡Ahora, que aplaudan los que quieren que me vaya!² La sala estalla y no hay nada que hacer al respecto, la risa es proverbialmente antiautoritaria. Al humor no se le puede frenar, el que se pica pierde. Pero, Fernando, saliéndose del personaje, concilia humor y poder legítimo: ³¡No jodan, este personaje me tiene que durar cinco años!².
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