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Edición Nº 1707 |
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Soberanos Líos
EN medio de favorables expectativas en el plano externo y de una gran controversia política interna, hoy finalizará la primera emisión (desde 1928) de bonos soberanos de Perú en el mercado internacional de capitales. El propósito anunciado de esta operación es doble: financiar el déficit fiscal (US$ 500 millones) y canjear parte de la deuda externa (hasta US$ 1,000 millones) en condiciones ventajosas. ¿Era necesaria esta operación? Endeudarse más no es una política deseable para una economía como la peruana que tiene un nivel de endeudamiento alto (47 % del PBI), incluso similar al de Argentina (51 % del PBI). Sin embargo, la cuestionable voluntad política del gobierno de mantener el alto déficit fiscal actual lo hace necesario. Según estimados propios, los requerimientos de financiamiento del gobierno (déficit más amortizaciones) son de US$ 2,450 millones. Este monto se financiará con préstamos de libre disponibilidad de organismos multilaterales (US$ 800 millones), con ingresos por privatizaciones (US$ 850 millones), con emisión de deuda interna (autorizada hasta por US$ 500 millones) y con los recursos que se obtengan en esta colocación. En este contexto, la parte de la operación destinada al financiamiento del déficit fiscal es necesaria aunque quizás excesiva. ¿En qué consiste el canje de bonos? El nuevo bono global reemplazará a los cuatro tipos de Brady (PDI, FLIRB, Par y Discount). Cada uno de éstos tiene su propia estructura de pago de amortizaciones e intereses. Su garantía (en bonos del tesoro norteamericano) también varía. Operativamente, se fijará un precio máximo de corte, mediante un proceso de subasta que incorporará las propuestas de los tenedores de bonos Brady. En la medida que el interés por el canje sea mayor, el Estado contará con mayor discrecionalidad para decidir el precio máximo que pagará por cada bono. ¿La operación será beneficiosa para el país? No lo sabemos aún. El beneficio de la operación dependerá de la participación de los cuatro tipos de bonos Brady en la transacción y del precio de descuento que se obtenga por éstos. El éxito del canje deberá evaluarse en función de cuánto disminuyan tanto la carga del servicio de deuda de este año y de los próximos, como el nivel de endeudamiento externo, en ese orden de importancia. Sobre este punto, hay que tener presente que, a diferencia de lo que ocurre cuando se analiza la situación de una empresa en particular, tanto los inversionistas como la población evalúan a los países y a sus gobernantes más por su disponibilidad de caja (menor riesgo de default y posibilidades de gasto) que por su fortaleza patrimonial (nivel de endeudamiento). ¿Era el momento oportuno? Sí. La tasa de interés del bono del tesoro norteamericano a 10 años está en su nivel más bajo en 30 años (5%) y la posición de riesgo relativo de Perú es una de las mejores en América Latina (luego de Chile y México). Además, los mercados están líquidos y en busca de alternativas atractivas de inversión, luego del 11 de setiembre y el inicio de la crisis en Argentina. Reflexión final. Para este tipo de operaciones es necesario un manejo muy cuidadoso, discreto, pero no por ello menos transparente. Además, se requiere de una adecuada comunicación que presente claramente ante la población la necesidad de la operación y sus potenciales beneficios. Seguramente, en alguno de estos puntos, el celo de las autoridades económicas pudo haber sido mayor. No obstante, ello no descalifica el éxito que podría obtenerse. Finalmente, es necesario advertir que con esta operación, el gobierno ya le habrá mostrado una nueva chequera al país y, que por ello, ahora será necesario ser doblemente responsables y prudentes en materia fiscal para evitar repetir dolorosas experiencias pasadas. Debemos estar alertas.
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