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Edición Nº 1707 |
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ATACAR a Pedro Pablo Kuczynski, ministro de Economía, parece ser la meta de quienes quieren socavar al gobierno. Lo hacen los que en su momento demostraron, para desgracia del Perú, no saber nada de economía ni de finanzas públicas. Hoy quieren sembrar dudas sobre la gestión de quien ha sido y es un destacado banquero internacional, y que tiene evidente vocación de servicio público. No de otra forma se entiende que esté aquí en el Perú soportando ataques de esa gente. Lo que asombra son las exigencias de aquellos que están detrás del Frente Patriótico de Loreto, que no bastándoles reclamar por un mejoramiento del apoyo que debe darle el gobierno a la región, levantan la voz al cielo para pedir todo aquello que no se les podrá conceder jamás: como la revisión del tratado con el Ecuador, que es cosa absolutamente cerrada, así no nos guste a muchos. A ese respecto habría que preguntarles a los dirigentes loretanos si estarían dispuestos a enrolarse en el ejército para hacer guarnición de frontera en tiempos de guerra. Ellos, sacando pecho, dirán que sí, pero estamos seguros que a la hora de los loros (¡qué más loretano que los loros!) preferirán mantenerse manifestando en las calles de Iquitos. Otra cosa que asombra es que exijan el cambio de la política económica (sin decir por cuál) y la salida de los dos chivos expiatorios de moda: Pedro Pablo Kuczynski y Roberto Dañino. También piden la salida del Perú de la DEA, y el término de la lucha contra drogas. Lo que hace temer que haya otros intereses que colaboren a plantear esas demandas. Podría decirse que con cada febrero retorna la barbarie a Lima: todas las clases sociales, cada cual en su propio estilo, se dedican a agredir a todo el que se les pasa por delante. Las clases altas, en Ancón preferentemente, abusando de la protección que les da vivir en edificios de departamentos con balcón a la calle, ejercitan cada año su nada dormido racismo, agrediendo con el arma solapada de los globos de agua a todo cholo que pasa por debajo (que en domingo son muchos). Las clases bajas, por su parte, salen a la calle para batirse, a baldazos de agua y otras formas de agresión más, con todo aquel que tenga la mala suerte de estar cerca. No es un juego, como se nos hace creer, es la liberación de la parte resentida y animal que muchos tienen dentro. Todas las clases sociales lo hacen con verdadera saña, entreteniéndose en humillar a sus víctimas. La diferencia entre unas y otras sólo está en el modo: baldazo y betún o sabe Dios qué otra porquería los pobres; globazos a prudente distancia los acomodados. Quien llegue a Lima en esos días creerá que se equivocó de vuelo y que cayó en el Africa más tenebrosa. Si no cómo explicar a un extranjero recién desembarcado en el aeropuerto Jorge Chávez las agresivas bandas de granujas y delincuentes juveniles -y otros que ni tanto- que circulan por las calles y por la avenida La Paz de San Miguel y otros lugares de Lima en donde las he visto (evitando, por cierto y en la medida de lo posible, toparme con ellas). Ni las bandas Mau Mau causaban en su momento tanto pavor. Como el poeta T.S. Eliot calificó a abril como "el mes más cruel", yo me atrevería a parafrasearlo diciendo que febrero es el mes más salvaje, al menos en Lima. Si alguien se molestase en hacer un recuento de la crisis del Cercano Oriente y la guerra desatada entre Israel y el pueblo palestino, se daría cuenta de que desde que el general Ariel Sharon asumió el cargo de Primer Ministro, la tensión entre los dos sectores se ha incrementado hasta lo intolerable. Echándole la culpa de todo a Yasser Arafat -que a su vez es impugnado por los sectores palestinos más extremistas- Sharon ha logrado exacerbar el nacionalismo de esa nación oprimida, a un grado tal que, lamentablemente, se ha hecho imposible de contener o sofocar. Lo notable, y esto habla muy bien de la nación judía, es que un grupo más o menos numeroso de soldados y oficiales israelíes se haya negado a permanecer en las zonas ocupadas por la fuerza por Israel, así como a contribuir a la destrucción de viviendas civiles, que es la última y más maligna represalia de Sharon contra el extremismo palestino. Ese es un ejemplo valiente y elocuente de la entraña de una buena parte de un pueblo que no ha olvidado del todo el sufrimiento padecido a manos de sus enemigos. Todos los días soy testigo visual, y sufrido oyente, de las protestas y reclamos que hace un determinado grupo, no muy numeroso en verdad, de cesantes y desocupados. La verdad es que lamento su situación, pero lo siento aún más porque no le veo solución. Si el Estado volviera a contratar a todos los despedidos, como parece que el Tribunal Constitucional considera pertinente, el Estado quebraría. Y todo el Perú con él. Una solución salomónica: ¿por qué no los contrata o les paga las pensiones el Tribunal Constitucional? Hay algunos políticos que aún hoy día aplican la táctica fujimorista no de ganar en buena lid al contrincante, sino de destruirlo para ganar una elección. Ya no es el consejo maquiavélico de divide y vencerás, sino destruye, demuele, echa basura y vencerás. Lamentable.
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