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Edición Nº 1708 |
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Nos Fue Bien En NYC
Escribe MARCO ZILERI La semana pasada CARETAS fue testigo de excepción en Nueva York de la primera emisión de bonos soberanos peruanos que se realiza en 74 años. A continuación, una crónica al vuelo. EL restaurante ´Palm Too´ está ubicado entre la 9 Av. y la calle 57 de Nueva York. El pequeño y encantador local es famoso en la Gran Manzana por su barra, sus tortillas de cangrejo y sus caricaturas de personajes famosos -y ciertamente habitués del local- a lo largo de sus paredes. La noche del miécoles 6 pasado, el ministro de Economía, Pedro Pablo Kuczynski, acompañado de un pequeño grupo de altos funcionarios del Ministerio de Economía y Finanzas y del Banco Central de Reserva, celebró aquí la exitosa emisión -horas antes- de 1,430 millones de dólares en bonos soberanos en la bolsa de valores de Wall Street. Había sido ciertamente un día singular. No sólo la gélida Nueva York amaneció soleada ese miércoles, sino que el presidente de EE.UU. George W. Bush estuvo en la ciudad para saludar a los policías y bomberos de NYC y asistir a una cena pro fondos -a US$ 25,000 el juego de cubiertos- a favor de la candidatura del Gobernador del Estado, George Pataki. Mientras tanto, el traders room del JP Morgan Chase, ubicado
allá arriba en un rascacielos, amaneció con una banderita
peruana que Susana de la Puente, la gerente general en el Perú
de JP Morgan Chase -uno de los entes emisores- se encargó de colocar
para el día de la Gran Operación.
LA GRAN EMISION El asunto arrancó a las 10 a.m., en cuanto se supo que spread Perú -o riesgo país- para el día era de 4.48 %. Con el precio referencial en la mano, el equipo emisor peruano lanzó a esa hora la oferta de bonos soberanos al mercado. (Sin mayores aspavientos. Bastó con pulsar Enter en las computadora). A partir de entonces, fue sólo cuestión de esperar la llegada de órdenes de compra. A las 3 p.m. se cerró la operación. A esa hora el FED de EE.UU. anunció que el precio del día para el bono de Tesoro norteamericano -una suerte de lingote de oro en el mercado de valores global- era de 4.98 %. La suma de ambos factores determinó la tasa de interés (es decir, el costo) del bono soberano emitido por el gobierno peruano y que deberá cancelar -sin dudas, ni fluctuaciones- en los próximos 10 años: 9.48 %. Muchos son los factores que pudieron haber alterado esa cifra, impulsándola
para arriba, en el convulsionado mundo de hoy. Pero nada espectacular
ocurrió aquel miércoles 6. Según el New York Times,
en Wall Street se realizaron ese día 24 millones de operaciones
con resultados mixtos. Entre ellas las peruanas. La demanda por el primer
paquete de US$ 500 millones en bonos soberanos, triplicó la oferta,
y por los US$ 1,000 millones restantes, la duplicó. Razones para
celebrar.
VAINILLA ICE El argot finaciero llama a este tipo de bonos soberanos plain vanilla -vainilla pura- porque son tan elementales. La tasa de interés que se cobra es fija -es decir, no varía durante 10 años- y eso es todo lo que se paga a lo largo de la década. Al final se amortiza el principal de un sólo cocacho. El mercado prefiere estos títulos que los ilíquidos y complicados bonos Brady. En ese sentido, la tasa de interés de 9.48 % alcanzada para los bonos soberanos peruanos fue una miniganga. Claramente satisfecho durante la cena en el ´Palm Too´, PPK afirmó: -"¡Hemos colocado US$ 1,430 millones por diez años a un sólo dígito!" Brasil, México y Colombia acaban de realizar operaciones similares en Wall Street a tasas superiores al 10 %. Ya se sabe que cuando de millones de dólares se trata, un punto porcentual cuesta un ojo de la cara. Esa es una de las ventajas de la operación ejecutada: el costo de los bonos (es decir, la tasa de interés), no será afectada por la volatilidad del mercado mundial durante los próximos 10 años. La emisión permitió liquidar en menos de 24 horas US$ 330 millones del stock de deuda externa, fijó un benchmark para el país a una tasa preferencial y la congeló por una década. De carambola se levantó US$ 500 millones contantes y sonantes para tapar el déficit fiscal -con lo cual la deuda peruana aumentó en realidad US$ 220 millones. La deuda externa peruana es de US$ 19,000 millones en total. Un 60 %
de la misma cotizada a tasas de interés flotantes y, por
lo tanto, expuestas a lo que el futuro le depare.
El GRAN BOLONDRON Otra cosa es lo que el presente tiene reservado para PPK. El lunes 11 el titular del MEF intentó explicar ante los miembros de las Comisiones de Economía y de Fiscalización del Congreso, los alcances y objetivos de la operación. Desde que el APRA enfiló sus baterías contra la emisión de bonos soberanos semanas atrás, otras voces se han sumado al cargamontón en Lima. Las críticas más punzantes -ante una cariacontecida APRA- provinieron esta semana del congresista Javier Diez Canseco, a quien no le entra en la cabeza el beneficio para el país de canjear bonos Brady -amortizables hasta el año 2017 y 2027- por otros que hay que cancelar al chin chin en el 2012. De hecho, para el Reporte Semanal de Macroconsult, "el balance de la operación ha sido favorable en términos de oportunidad de ejecución y de la imagen del país (...). Sin embargo, ya no lo son tanto cuando se analizan los efectos de la transacción sobre la caja fiscal y el flujo de pagos anuales por servicio de deuda". La diversificación de la cartera crediticia del Estado, una práctica seguida por varias economías vecinas a manera de salvaguarda, es saludada por Macroconsult. Y es que si hoy las tasas de interés de los créditos multilaterales andan por los suelos -muy por debajo de los 9.48 % de los bonos emitidos la semana pasada- nada garantiza que el caño siga abierto o que éstas se disparen en los próximos años. Las `corridas' basadas en las actuales tasas Libor -hoy en 2 %, el punto más bajo de su historia- castigan la emisión del MEF. Pero, recordó PPK ante el Congreso: "¡En 1982 la Libor llegó a 18 %". Aquí ya se entra en el intrincado y especulativo terreno de los mercados de futuros. En el `PalmToo', entre tanto, reinaba el optimismo. Ninguna caricatura del restaurante inmortalizaba a Susana de la Puente, pero una que se le parecía mucho a PPK remataba con una apostilla pertinente: "Cuántas veces tengo que decirte: Vende misterio, no historia".
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