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Edición Nº 1708 |
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EXCLUSIVO
EL israelí Tzvi Sudit Wasermann (75), magnate dedicado a la venta de armas, no es un personaje desconocido para CARETAS. En 1997 apareció en la carátula de la edición 1468 como el protagonista de una investigación sobre el aprovisionamiento de armas a nuestras Fuerzas Armadas y también a las de Ecuador. Algo cambiado -más gordo, con menos pelo y barba crecida- lo encontramos el jueves 31 de enero al mediodía, en el tercer piso de Palacio de Justicia. Era la primera vez que acudía para declarar ante el vocal instructor, José Luis Lecaros, a cargo de los procesos contra Alberto Fujimori, por el escándalo de los US$ 15 millones de indemnización que el ex mandatario le entregó a Vladimiro Montesinos, 24 horas antes que su asesor volara a Panamá. ¿Qué tiene que ver en todo esto el israelí Sudit? Ocurre que Montesinos, en declaraciones a las autoridades judiciales ha señalado que él y Fujimori acordaron que los US$ 15 millones irían a una cuenta en un banco suizo, como un fondo de contingencia para la campaña electoral en el 2006. Según la versión de Montesinos, el dinero fue entregado a sus socios Sudit y James Stone la misma noche del 22 de setiembre en que recibió los billetes de manos de Fujimori durante el aquelarre en Palacio de Gobierno, donde también participaron los ex ministros Carlos Boloña, Carlos Bergamino y Víctor Aritomi, cuñado de Fujimori y entonces embajador de Perú en Japón. El trato era que Sudit y Stone depositarían el dinero en una cuenta suiza. Durante las dos horas que permaneció con Lecaros, Sudit negó la versión de Montesinos. Reconoció que efectivamente Montesinos lo había convocado a él y a Stone al SIN en la fecha señalada y le propuso a Stone que le abriera una cuenta en Suiza a su nombre. Pero éste, según Sudit, no aceptó. Stone, también comerciante de armas, sigue prófugo, pero tiene orden de captura internacional. Sudit en cambio, junto a sus compatriotas Rony Lerner e Ilan Weil, decidió acogerse a la ley de colaboración eficaz en febrero del año pasado, luego que el juez anticorrupción, Saúl Peña ordenara su captura internacional. El 19 de enero de este año Sudit arribó a Lima, escoltado por agentes de la INTERPOL, en un vuelo procedente de Israel con escala técnica en Buenos Aires. Se entregaban a la justicia peruana. Si Sudit asegura no haber colocado la indemnización de Montesinos
en un banco suizo, de hecho está bastante familiarizado con las
finanzas en Suiza. Actualmente se encuentran congeladas en ese país
cuentas suyas por US$ 7'726,000. Pero, antes de dejar el cargo de procurador
Ad-hoc, José Ugaz, dijo sobre Sudit, y sus socios Lerner y Weil,
que con la colaboración de los tres se lograría recuperar
US$ 70 millones. El verdadero beneficiario de estas cuentas, según
la Fiscalía de la Nación, es Montesinos, lo que indicaría
que Sudit y sus socios serían además testaferros del `Doc'.
EL ISRAELI QUE SABE DEMASIADO Hombre enorme y robusto, el comerciante de armas se resistió al principio a ser fotografiado, pero después cedió. Conocíamos de su enemistad con la publicidad. Y es que la figura de Sudit no se agota en el asunto de los US$ 15 millones. Se trata de un personaje clave en la red de corrupción de Montesinos, específicamente en las millonarias operaciones de compras de armas. Se sabe que desde la época del gobierno militar Sudit empezó a vender armas al Perú. Ahora el abanico de productos relacionados con la defensa que ofrece, incluye desde aviones a reacción hasta equipos de transmisiones y sistemas de la guerra electrónica. Pero sin duda, lo que vendió al Perú, no fue lo mejor de su oferta. Su vinculación con nuestro país es añosa: en la década del '60 se casó con una peruana y se afincó aquí. Pero a partir de 1992 habría dejado de radicar en Lima, aunque volvía esporádicamente. Precisamente estaba en nuestra capital cuando Montesinos se embarcó en el velero Karisma, rumbo a la isla de Coco y voló de ahí a Venezuela. Lo que hace pensar aún más en los estrechos vínculos que los unía. Fue la última vez que se vieron y, al parecer, sus relaciones se interrumpieron. Pero, según el abogado de Sudit, Eduardo Iberico, Montesinos desde Venezuela habría intentado extorsionar a su cliente para conseguir dinero. Desde que arribó a Lima, Sudit está contando todo sobre el escandaloso proceso de ventas de armas que le permitió a Montesinos y otros generales del Ejército, entre ellos el ex comandante general de las FF.AA., Nicolás de Bari Hermoza Ríos, ganar millonarias comisiones. De la documentación escrita sobre contratos de venta, Sudit ha pasado a las declaraciones fijadas en actas judiciales por el juez Peña. "Al acogerse a la ley de colaboración eficaz, Sudit se ha autoincriminado y está aportando todas las pruebas sobre las operaciones de venta de armas al Perú, y comisiones que coordinó con Montesinos y el general Hermoza, además facilitará la repatriación del dinero depositado en cuentas suizas, que fueron producto de dichas comisiones", señala Eduardo Iberico, el abogado de Sudit. Fue a través de éste y otros abogados que Sudit entró en negociaciones de la colaboración eficaz con la Procuraduría a inicios del año pasado. Sudit sólo acepta su responsabilidad por haber concedido comisiones irregulares correspondientes a las operaciones de compra de armamento. En el caso de Fujimori, asegura, no tuvo otra participación que la que declaró. Montesinos, dice Iberico, en realidad estaría intentando implicar a su cliente en este caso en venganza por su decisión de acogerse a la ley de colaboración eficaz y contarlo todo. Actualmente Sudit se encuentra con arresto domiciliario, según
su abogado, en una casa alquilada, cuya dirección no quiso precisar.
LOS MiG-29 A Sudit se le considera, junto a Stone, como los principales proveedores de material bélico de las Fuerzas Armadas peruanas. Sudit está vinculado con la venta irregular de tres aviones MiG-29 a la FAP, comprados a Rusia en 1996. Para este caso, Montesinos usó a su socio Stone quien en representación del Gobierno peruano viajó a Moscú para negociar la operación. Las aeronaves sobrevaluadas costaron la bicoca de US$ 126 millones, y significó para Montesinos y su organización una "comisión" de US$ 48 millones. Pero en total, Sudit, Stone y Weil, vendieron armamento por US$ 247 millones. También participó a través de su empresa Sutex S.A., en sociedad con Stone y Weil, en la venta de 335 vehículos de transporte multipropósito, además de vehículos portatropas y vehículos antimotines, y de repuestos, por más de US$ 27 millones. De acuerdo a las investigaciones que realizó la ex comisión Waisman, entre 1990 y el 2000 se gastaron US$ 992 millones en la compra de armamento, la mayor parte con fondos provenientes de la privatización. El dinero empleado para la adquisición del material bélico fue pagado al contado y autorizado mediante Decretos de Urgencia secretos. Esto facilitó los manejos irregulares: se pasaban por alto las evaluaciones técnicas y las comparaciones de precios, con las consecuentes "coimas" millonarias tanto para Montesinos y sus allegados, como para los agentes vendedores. En los próximos días el juez Peña deberá decidir si se aprueba el convenio de colaboración eficaz, con los consiguientes beneficios para Sudit. Recién allí se sabrá cuán cierta y eficaz ha resultado la información proporcionada por Sudit en cuanto al proceso de compra de armamento, modalidad de contratos, implicados en las ilegales operaciones, las comisiones cobradas por Montesinos, así como las cuentas donde se depositó el dinero mal habido. Se trata del primer convenio que vincula directamente con un delito de magnitud a Montesinos: tráfico de armas. De aprobarse el convenio, el proceso que se le sigue a éste por dicho cargo podría pasar, más pronto de lo previsto inicialmente, a una etapa decisiva tomando la delantera respecto a los otros 71 procesos en su contra. Pero, además de este proceso se desprenden otros delitos que se le imputan a Montesinos como enriquecimiento ilícito y peculado. De hecho, la mayor parte de los depósitos en las cuentas de Montesinos identificadas en Suiza provienen de las irregulares comisiones que cobró en las operaciones de compra de armas, por lo general sobrevaluadas y con dinero de los fondos de la privatización (Sonia Sullón B.)
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