Edición Nº 1708


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    14 de febrero de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pucha, Cuidados Intensivos

    AY te puedes morir, el otro día me picó un muy muy en Totoritas por mirar a Sue entrando al agua con una copa de champán en la mano, no sabes. "¿Qué estará festejando?", me pregunté, cuando en eso siento en el pie como si la Pinchi Pinchi le hubiera dado un beso en el cachete a Dulcinea Ríos, cómo te explico. Empecé a gritar de tal forma, que entre Maripí, Sue, Anabelí, Rosella y Pocotón me envolvieron en tres toallas, me dieron cuatro Zolft con vodka y me trajeron a la clínica San Pablo, mientras en el camino le dictaba a Maripí mi testamento y a Diego no le dejo ni la sortija de perlas (¡cultivadas!) de morondanga que me regaló la primera vez, seré cojuda.

    Bueno, me internan por emergencia y yo lo único que quería era decirle al mundo que fue hermoso mientras duró, hija, que no me arrepentía de nada pero se apareció un medicucho de lo más prosaico a decirme, "te ha rozado un muy muy, flaquita, tómate un Mejoral y te llevo a tu casa". "A su casa llevarás a la concha de tu madre porque lo que es yo, pucha, si no me operan en este instante y con Demerol a la vena, los demando por traumatismo encéfalo-craneano y de clínica van a terminar convertidos en posta médica de pueblo joven".

    Y entonces me operaron, no sabes lo que fue. La intervención debe haber durado unas seis horas, y después me llevaron a Cuidados Intensivos y claro, con lo que le pasó a Margarita de Edimburgo podrás imaginarte cómo me sentía en el camino. Pero bueno, en Cuidados me inyectaron más Demerol y me quedé seca. Hija cuando me despierto lo primero que escucho es una voz de falsete modelo Cuatro Suyos, que decía: "Entretengo la posibilidad que la dama que descansa a mi costado me coloque el papagayo". Yo pensé que ya me había muerto del todo y que empezaba a pagar mi turning point en el Purgatorio, cuando me levanto para ver quién hablaba de esa manera a mi lado y me encuentro, hija, a Pachi bien a la pijama del Seguro Social (esas celestes rayadas con guinda que huelen a berrinche), con la pierna doblada y una manguera de suero entrándole por el bracito. Casi me muero de nuevo, cómo te explico.

    Cuando estaba tratando de deslindar en qué vida andaba, pucha, qué crees. Entra una enfermera horrible, hija, pero con cara conocida, va de frente donde Pachi y le dice, "tiene usted que ponerse de ladito porque le voy a introducir un supositorio de glicerina" ¿Supositorio? Pamplinas, ¡era la Meche Cabanillas que le quería zampar al pobre Pachi un taco de nitroglicerina por donde ya sabes! Pero como yo creo que hay que apoyar la democracia a cualquier precio, grité, "Pachi, no te dejes, te quieren matar", y claro, la bruja salió disparada dejando en el camino la cofia de enfermera y un zapato blanco.

    Me estaba agradeciendo Pachi ("he venido para congraciarme..."), cuando entra una barchilona, gorda y patizamba, vestida de celeste con una hipodérmica del tamaño de un balón de gas. Con una voz arequipeñísima le dijo al paciente, "dice el doctor que se tiene que poner su inyección del mediodía". Hija, algo me hizo sospechar que las cosas no estaban del todo claras y con el pie operado le levanto el uniforme a la barchilona y me encuentro con un par de huevos peludos del tamaño de dos granadillas: "¡Este es Montesinos!", grité, y la barchi salió cueteada como si hubiera visto al fantasma de la democracia face to face.

    Pucha, no sabes. En el tiempo que pasé en Cuidados Intensivos he visto desfilar a Alan vestido de anfitriona con ramo de flores ("Se lo envían del Club de Madres Pilar Nores de García"), que por supuesto venían con abejas asesinas. A Bedoya de Vivanco, que se apareció de enfermero auxiliar pero el muy zampatortas se había olvidado de sacarse el fotocheck con su nombre que le habían dado en la puerta. He visto al maridete de Martucha ag (porque ella se quedó en Houston, la muy pendeja), pucha, con uniforme de barrendero y escoba en mano (le quedaba regio), barriendo los esparadrapos del piso, con un cuchillo en el bolsillo que si no lo detecto, o sea, ahora Pachi sería anticucho de alpaca, no sabes. Pero lo peor fue cuando al final de la tarde se aparece un médico sospechosísimo a examinarle la rodilla a Pachi y yo le digo "Pachi, no te dejes tocar, ese es Espichán"; y claro, era el traumatólogo Temístocles Espichán, hermano mellizo del gordo cara de sachavaca que ocupó una curul y se tiró mis impuestos.

    En fin, hija, lo que te cuento sirva para que de una buena vez te des cuenta de que cholo, feo y todo, pucha, o sea, ellos se eligieron entre ellos y qué le vamos a hacer, y en cuanto a mi pie, ay no sé, me sigue picando horrible pero creo que es la cólera que me da cada vez que me acuerdo de la sortijucha de Diego. Chau, chau. (Rafo León).


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