Edición Nº 1708


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    14 de febrero de 2002
    Por AUGUSTO ELMORE

    YO lo pensé antes, pero la caricatura de un diario nacional me ganó en decirlo: De las ocurridas en las últimas semanas, no sé cuales avalanchas han sido peores: las de la Carretera Central kilómetros antes de Chosica (y también en todo el Perú), o las de candidatos a cargos directivos en Perú Posible. Las dos tienen la característica de ser devastadoras para el gobierno. Y en ambas ha llovido sobre mojado.

    A veces uno recibe elogios inesperados, y nada deseados, como el del plagio del conocido escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, que ha titulado "Lugar Común" a la columna que escribe en el New York Times y también, por lo menos, en El Universal de Caracas, que es igual, igualitito diría para identificar adecuadamente mi origen limeño, al nombre de esta página que escribo en CARETAS desde hace por lo menos veinte años. Estoy consultando a mis abogados si procede una acción al respecto. Pero de repente me dicen que es un honor el que se me ha hecho.

    Un lector escribe desde los Estados Unidos oponiéndose a mi comentario acerca de la falta de moral del gobierno norteamericano evidenciada en el infame trato dado a los prisioneros talibán que fueron conducidos a Guantánamo. Pero mi interlocutor toma el rábano por las hojas porque dice que no hay tal falta de moral, ya que la moral de Bush está muy alta. Yo no me refería, por cierto, a ninguna falta de ánimo, sino al aspecto ético que es ir contra los principios humanísticos dictados por los fundadores de Norteamérica, al tratar a los prisioneros en forma reñida con las Convenciones de Ginebra y con los derechos humanos, que todos, hasta los militares norteamericanos, debemos respetar.

    Con moral yo me refería al adjetivo que es descrito en el diccionario como perteneciente o relativo a la forma y modos de la vida pública en relación, ojo, a las categorías del bien y del mal, o al conjunto de costumbres y normas de conducta que regulan la vida pública y privada.

    Creo que los norteamericanos no deberían envanecerse por la victoria lograda en Afganistán, porque la maldad de los talibán parece haberse contagiado a sus dirigentes, que han llegado al extremo de distribuir en todo el mundo las fotografías, agraviantes a la condición humana, de los talibán presos en Guantánamo, sin siquiera percatarse de la gravedad de lo que muestran. Lo lamento, de verdad.

    Esas fotos, en verdad, son una radiografía moral de quienes las produjeron. Y, aclaro por si acaso para que no haya malentendidos, que no me refiero a quienes apretaron el disparador de la cámara fotográfica, sino a quienes concibieron ese trato vejatorio a los vencidos. Es la distancia que separa la civilización de la barbarie la que parece haberse acortado.

    El presidente de Colombia, Andrés Pastrana, merece ser canonizado, porque en verdad está demostrando tener una paciencia de santo para continuar en diálogo "de paz" con una guerrilla que continúa todos los días cometiendo atentados terroristas y asesinando a militares, policías y civiles. Las FARC han llegado a la osadía de exigirle que ponga fin al Plan Colombia contra drogas, lo que revela la clara identidad que tiene esa fuerza guerrillera con el narcotráfico. Pero Pastrana sigue conversando. San Andrés Pastrana, digo.

    Donde las dan las toman: Hugo Chávez, el histriónico Presidente venezolano, que recién nomás celebró a todo trapo y autobombo un aniversario más del levantamiento militar que capitaneó, acaba de probar una cucharada doble de su propia medicina: El coronel de la Fuerza Aérea venezolana Pedro Soto y el capitán Pedro Flores le movieron el piso con las declaraciones que hicieron pidiéndole su renuncia a la primera magistratura de su país antes de que destroce del todo a Venezuela.

    Voy en auto por Monterrico y leo el nombre de una calle: Las Frambuesas, antes La Moreras. ¿A quién se le habrá ocurrido un cambio tan trascendental? Tutti-frutti, digamos. Si al menos le hubiesen puesto Fresa y chocolate…

    Barranco tiene un problema. Un grave problema: necesita cambiar de vecinos; por lo menos ésos que, cosa increíble, se oponen a la construcción del Museo de Arte Contemporáneo, proyecto que es quizá una de las cosas mejores que le puede llegar a suceder al distrito. La verdad es que me he pasado un buen tiempo tratando de ponerme en la cabeza de aquellos que tienen la peregrina idea de defender el mamotreto que sobrevive en la llamada Laguna de Barranco, oponiéndose al levantamiento del local de IAC, que sólo traerá prestigio y ventajas a Barranco. Quizá pretendan mantener el viejo edificio para hacer allí otra fiesta de carnavales de travestis, como la que hizo famosa a la Laguna hace muchos años.

    Dos extraordinarios, magníficos y emotivos instrumentos culturales acaban de ser puestos a la luz. Se trata de los CD (compact disc) dedicados a revivir y perennizar la voz y la ternura de José María Arguedas, en los que se reproducen las canciones vernaculares que interpretara, con vibrante timbre. Los CDs han sido producidos, uno por el Centro de Estudios, Investigación y Difusión de la Música Latinoamericana de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y el otro por la Escuela Nacional Superior de Folclore "José María Arguedas". Ambas instituciones han hecho este aporte invalorable a nuestra cultura y a nuestro sentimiento. ¡Gracias en nombre de la cultura peruana!


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