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Edición Nº 1708 |
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Por
FERNANDO VIVAS
LA impunidad infinita, la sintonía irrevocable, la concha estelar, las ventas al postor más envarado. Tras la maniobra gubernamental frustrada para arrebatar licencias al 4, 5 y 9; se abrió la temporada de la calma chicha. A que se dieron cuenta que las pantallas aludidas joroban poco o nada al poder. El domingo, "Panorama" le hizo kuchi kuchi al ministro Kuczynski para que fuera tranquilo a su cuasiinterpelación del lunes. Hasta coordinaron una llamada de Enrique Iglesias del BID con Mónica Delta, para santificar la operación de los bonos. En verdad, Kuczynski no necesitaba estos lengüetazos cariñosos de los burros, pues sabe defenderse muy bien. (Lo que necesita es que la prensa le haga apuntar en su agenda electrónica que el país tiene brechas que no decrecen, reclamos que sí crecen, urgencias y plazos de muerte). Desde que Bobby Dañino plantó su banderita en Pantel arrancado el 2002, el canalazo se ha propuesto jalar hacia sí al Gabinete que hace pocos meses lo calificó de fujimontesinista. Estos efluvios de condescendencia no son nuevos en el "Panorama". Lo nuevo es que se dan justo cuando el Gobierno estaría interesadísimo en empujar al 5 hacia una operación de venta a un tercero que no nos recuerde el pasado reciente. ¿Pero cómo conciliar a la familia de Schütz, que sí quiere deshacerse del canal de su deshonra, con el socio inamistoso Genaro Delgado Parker, hoy sospechosamente tranquilo pues espera recuperarlo todo? Sólo la Telefónica, dicen algunos, podría llegar a un acuerdo con todas las partes. También `El Comercio', dicen otros. Al mexicano Angel González, propietario de muchos canales en América Latina, se le vio hace poco en una clínica de Miami. A pesar de sus problemas de salud y sus negocios continentales, siempre está al tanto de sus propiedades locales: Canal 9 y una parte de Canal 13. Tiene muy buenos amigos y un gran enemigo, Genaro Delgado Parker, que le impiden olvidarse del Perú. Fóbico a la publicidad y a las fotos, no acepta entrevistas pero sí viaja a atender sus negocios. Me cuentan que en el 2000 hizo una visita palaciega, en plena tormenta de licencias, gestionada por el publicista Jean Pierre Dewerpe y Javier Rachitoff. Este último es amigo del presidente Toledo quien lo colocó por un tiempo en Canal 7, pero ha vuelto a la gerencia comercial del 9 a trabajar más estrechamente para González. Otro amigo del mexicano es Federico Anchorena, gerente del 5, quien estaría encantado de buscar para González una fórmula que le permita hacerse del canal, pero es impensable mientras GDP sea accionista. Lo que sí podemos especular es que en el caso de que GDP volviera al 5, González y sus amigos locales hayan preparado un plan de contingencia: reforzar el 9, cuyo rating con Magaly Medina y "Pedro el Escamoso" se hace respetable, jalando a las estrellas del 5. La insolvencia de América no le impide vender. La familia Mohme de La República sigue en tratos con las Crousillat y con algún otro socio que aporte la liquidez que a ellos no sobra. Antes de tener a punto la nueva legislación de comunicaciones y de despejar dudas y acreencias varias, será difícil que lleguen a un acuerdo. Más expedito es el caso de Canal 11. En marzo, Ricardo Belmont se decidirá entre 4 alternativas. Una es programar él mismo su pantalla pero el Hermanón se sabe algo desfasado para ello. Las otras son reservadas pero conocemos una: el pase parcial de Canal N a la TV abierta. El Comercio quiere meterse en guerras de rating y aquí tiene una frecuencia más modesta que el 4 y el 5 y con las cuentas más claras. De todos modos, hay que ver qué dice la nueva legislación sobre los contratos de programación donde el dueño de la licencia no la vende porque ello no se puede pero en la práctica la cede temporalmente a quien no ha pasado por concurso público. N, salga por donde salga, haría una selección de su paquete para convetirse en una franja abierta. En ésta faltaría, por cierto el "Cursor financiero" de Oscar Berckemeyer, defenestrado porque lejos de hacerle kuchi kuchi a Susana de la Puente, le dedicó tal contracampaña, incluyendo mails a congresistas, que colmó la paciencia de `El Comercio' para soportar presiones. No es que me gusten las tormentas, pero la calma chicha es peor porque esconde tratos a nuestras espaldas. Si hay algo que discutir, mucho por vender, cuentas por saldar y el Gobierno y su primer ministro están metidos en ello, pues queremos que los acuerdos que se harán efectivos en los próximos meses se ventilen de una buena vez en el aire.
Escribe LUIS CHANG REYES
No veo mucho la TV desde hace varios meses, pues el encargo recibido demanda mucha dedicación y el tiempo libre es realmente escaso. Pero fíjense que me he dado cuenta de esto recién al iniciar estas líneas, de lo cual deduzco que no me he perdido gran cosa y que, lamentablemente, el nivel de la programación que se ofrece por señal abierta, aún no mejora sustancialmente en cuanto a calidad y contenidos. Por cierto que los programas periodísticos exigen atención y merecen preferencia. Cuando no me es posible verlos "en directo", me hago un tiempo para ver las versiones condensadas que me hacen llegar desde nuestra Oficina de Prensa. Debo confesar que sin estas prerrogativas de Ministro, no me sería posible estar al tanto de la información de interés nacional que difunde nuestra TV, con la ventaja adicional de que decanto frivolidades y notas intrascendentes o de mal gusto que, desgraciadamente, nunca faltan. En cuanto a la televisión por cable, siempre he abrigado la esperanza de que su mejor contenido y calidad de producción sea un ejemplo a seguir por nuestros canales locales, más aún ahora que el cable en los hogares peruanos se va tornando cada vez más masivo y competitivo. Creo que esta globalización del entretenimiento, de la noticia y de la cultura, ofrecidos por la televisión internacional, a la larga va a ser un poderoso acicate para que nuestros canales criollos se esfuercen en mejorar. Finalmente, abrigo la esperanza de que la nueva Ley de Telecomunicaciones sea un instrumento eficaz para propiciar el respeto a los valores éticos y morales que lamentablemente fueron ignorados por muchas empresas televisivas. Por cierto que sin censura de prensa ni evaluación de contenidos por parte del Gobierno. Pero será importante fomentar que los mismos actores de esta actividad tan importante, puedan ponerse de acuerdo en alguna forma que les permita mantener ese nivel de veracidad, objetividad y decencia, que devolverá a nuestra televisión la credibilidad y el respeto que nunca debió perder. Estoy convencido de que así será.
A las 7 Clavadas Concertar es importante pero puede ser muy aburrido. "7 en punto" corre el riesgo de reducirse al saludo a la bandera si sigue la pauta de su primera edición dominical. Esta vez fueron ilustres dirigentes nacionales -Luis Solari, Javier Diez Canseco, Jorge del Castillo, Antero Flores Aráoz y Fausto Alvarado- quienes vertieron sus conceptos sobre quién debe concertar y para qué, ante un comedido moderador Rafael Roncagliolo. Para la próxima, nuestro Albert Finney nacional (es asombroso el parecido de Rafo con el actor británico) tendrá que plantear temas calientes y azuzar a sus invitados a que pongan los puntos sobre las íes. Público en el set, encuestas en directo, llamadas, preguntas, en fin, hay un arsenal de recursos para que la política se haga show sin desmerecerse. En 1987 el 7, entonces en manos del gobierno aprista, lanzó el programa "Concertando" para debatir temas sectoriales con sus actores. En la mesa moderaba Alberto Fujimori y muy probablemente ahí se le reforzó su anhelo político, a pesar de lo gris y especializado que resultaba el programa. Ahora no sucederá nada parecido porque Roncagliolo es un hombre de transparencia, y porque además se quiere algo menos sectorial y más participativo. Suerte.
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