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Edición Nº 1708 |
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Desde las Ruinas
Entrevista JERONIMO PIMENTEL MARTIN Caparrós nació en 1957 en Buenos Aires, se desempeñó como periodista en el diario Noticias, ha hecho a su vez prensa radial y televisiva, y dentro de ellas, se ha desempeñado en el periodismo taurino, gastronómico, deportivo, policial, cultural y político. Se licenció en historia en París, ha escrito, entre otras, las novelas No velas a tus Muertos, El Tercer Cuerpo, Dios Mío y La Historia. Mide 1.90 m., es hincha de Boca y afirma que la única persona frente a la cual se saca el sombrero es Diego Armando Maradona. -Tendemos a achacar la culpa del fracaso de las democracias latinoamericanas a las clases dirigentes o a los militares. -Solía pasar que los militares intervenían por cuenta de las clases dirigentes cuando las democracias eran incapaces de mantener el carril que ellos necesitaban. En los últimos 15 años en Argentina esas clases descubrieron que podían mantener el control por vía democrática. No creo que la democracia sea para las clases dirigentes latinoamericanas un bien en sí. Es, cuando lo es, un medio para mantener su control sobre los países que dirigen. -Para usted el fracaso tiene que ver más con una confrontación de clases que con las deficiencias propias del sistema. -Lo que se juega es el poder, y quienes lo tienen usan los medios que les parecen más adecuados para protegerlo. A la clase dirigente argentina a veces la sospecho punk y a veces hippie. Hicieron trampas financieras para incrementar su patrimonio sin que redundara en ningún beneficio para su país. -¿Tiene que ver con una falta de identidad? -Es muy difícil dar una respuesta precisa para eso. Yo sospecho que tiene que ver con su origen: una clase rentista que tenía miles de hectáreas en la pampa y que único que tenía que hacer era esperar que la vaca encontrase el toro correcto. Y eso quedó como forma mental de esa clase. -En su novela La Historia recrea toda la vida de una cultura que sería el origen no habido de los argentinos. -La Historia es una propuesta de un origen definido y también es una manera de tomarnos el pelo. La novela cuenta un mito de origen argentino de una gran civilización indígena que nunca existió, y de cómo esa civilización había sido muy importante en el origen de todas las ideas de la modernidad, de la revolución francesa, por lo cual terminábamos entendiendo que de la Argentina había salido la cultura moderna occidental. La falta de un origen fuerte me parece muy atractiva. -La Historia es además un guiño a Tlon Uqbar Orbis Tertius. -Hice estúpidamente lo que Borges muy inteligentemente nunca hizo. Él en 10 páginas postuló la posibilidad de una civilización de la que dio 4 o 5 datos. Yo me tomé 1000 y conté cada detalle. Pero iba a que Borges hubiera sido imposible en un país con una cultura homogénea fuerte. Borges puede usar referencias francesas, inglesas, orientales, etc. porque no tiene que responder a ningún origen cultural claro. Es como la síntesis de lo que podría haber sido la cultura argentina. -¿Se siente heredero de esa libertad? -Trato de ejercerla todo lo posible. -A mucha gente le parece pedante escribir una novela de mil páginas. -Estoy de acuerdo si cambias la palabra pedante por ambiciosa. La Historia es un proyecto por el cual pagué un precio alto: trabajar 10 años. Por eso tal vez no sea pedantería. Pero me parece que es importante en un momento en el que la literatura se planteaba como una especie de gesto liviano que no pone en cuestión al lector. -Lo que lo hace un lunar en la producción argentina literaria contemporánea. -O quizás un tatuaje. Me acuerdo de una discusión sobre eso con Fuentes y Bryce... -Pero usted se siente más cercano a ellos que a Rodrigo Fresán. -No, porque justamente no aceptaba que para no ser como ellos mi generación tuviera que abandonar la ambición y encerrarse en obras menores que no mostraran sus garras. El hecho de que tengamos que oponernos a la generación siguiente no debería privarnos de la estúpida tentación de hacer mundos nosotros también. Es una tontería, sabemos que no lo conseguimos. Pero saber que uno no consigue algo no debería ser una razón para dejar de hacerlo.
Plástica Utopía APELANDO a imágenes cotidianas y mediáticas como cuerpos y rostros de modelos, escenas de películas, grupos de música criolla, vladivideos, dibujos animados y ekekos; a recios rojos, azules y amarillos y a frases directas y casi imperativas, Aldo Miyagui presenta Arte=vida, vida= política, política= ética. Aquí los referentes y su combinación dejan en claro el propósito de establecer una clara relación entre la producción artística y la realidad social: allí están patentes los juegos de poder de una civilización occidental que basa su progreso en la competencia, la fama, el dinero. Por ello, la propuesta estética concreta más que sentimientos o emociones una ideológica definida que pretende ser transformadora de la sociedad. Entonces, una eterna pregunta se vuelve a instalar: ¿puede el arte cambiar la realidad? Clásica Venganza
ESTA es la historia de Jasón y los argonautas quienes van en busca del vellocino de oro y logran rescatarlo gracias a las virtudes mágicas de su esposa Medea. Hombre agradecido, Jasón la deja y se casa con Glauca, hija del rey de Corinto. Entonces se inicia la venganza: Medea mata a la nueva esposa, a su padre y a los hijos que había procreado con Jasón. A él lo castiga con la vida, convertida ahora en un páramo. Esa es la anécdota de la obra de Eurípides que Anouilh recogió, sólo que en la versión limeña la peculiaridad estriba en que es una propuesta a contra reloj: se inicia con el final de la historia y termina con el comienzo. Para ello, el director Bruno Ortiz, ha tenido que crear nuevas escenas y un desenlace que no permitiría que la historia se inicie. El cambio se debe a que si se acepta que Medea salga librada de los crímenes cometidos, entonces se está validando la violencia y el terror. Por eso se plantea un discurso donde la muerte no es aceptada. Así, van a contar la historia negándola, con 14 actores- bailarines en escena que tendrán una acción definida y un texto. Además, en términos escénicos, la obra se desarrollará en un primer plano a nivel del piso, otro en el escenario propiamente dicho y en un tercero al fondo de éste. Los tres en constante interrelación. En suma, es la venganza como excusa para plantaer una propuesta, un espectaculo que sin duda dará que hablar. (JCM).
GROTESCO AMOR
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