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Edición Nº 1709 |
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Coca en las Alturas
Esta imagen satelital (2001) demuestra la capacidad de destrucción ecológica que tiene la producción ilegal de coca, apreciada en las manchas rojas. El parque natural de Tingo María ha visto mermar sus límites de 18 mil hectáreas en 1965 a las 4,777 de la actualidad. Arriba a la derecha de la imagen, la ciudad de Tingo María. Derecha, a quemar todo lo que se pueda: James Mack, subsecretario adjunto de la Oficina estadounidense de Asuntos Internacionales de Narcóticos pasó por Lima para medir el aceite de las políticas antidrogas conjuntas y, aunque dejó en claro que la visita del presidente Bush no está narcotizada, adelantó los ofrecimientos de su jefe en esa materia. Mack minimizó los informes que involucran a las FARC en territorio peruano ("no tenemos ninguna información llegada de canales internos") y descartó de plano la construcción de una base militar en territorio peruano.. LA embajada de Estados Unidos en Lima tiene un gran objetivo de aquí al 23 de marzo: que la visita de George W. Bush no esté bajo el signo narcótico. Para el efecto, la agenda ya se perfila con fuerte inclinación al respaldo a la transición democrática y la extensión del ATPA, el tratado de preferencias arancelarias. Sin embargo, la tercera gran área concentra las expectativas sobre temas relacionados al terrorismo y al narcotráfico, dos palabras que hoy más que nunca son sinónimos en inglés. Las nuevas ventajas que se obtengan del ATPA pueden abrir el mercado agrícola peruano a las fronteras norteamericanas. Y esa es una de las formas más prácticas de combatir la coca en tiempos de lo que parece ser un nuevo auge (CARETAS 1704). Según James Mack, subsecretario adjunto de la Oficina de Asuntos
Internacionales de Narcóticos, "la extensión del ATPA es
un punto muy importante para Bush, él espera un resultado positivo
antes de su llegada a Lima". Se apresura en zanjar el tema de la supuesta
base militar que la administración Bush querría en el Perú.
"Sobre ello, cero. No tenemos el más mínimo interés".
La triplicación de la ayuda norteamericana en ayuda antidrogas (lo que equivale a US$156 millones que serán invertidos en nuestro país) será dividida, aproximadamente, en dos mitades similares para la interdicción de droga y en programas de desarrollo social. Esto último "no es únicamente sustitución de cultivos -dice Mack-, sino los elementos necesarios para una economía lícita. Hemos notado que el desarrollo ha sido alcanzado más por el lado de la infraestructura y no tanto por la preocupación de cultivos alternativos. Los campesinos han escogido los productos más lucrativos luego de tener disponible ese vínculo con el mercado". La salida entonces debería estar en las carreteras, no necesariamente en los productos estrella. Sobre todo si se toma en cuenta que hoy en día el único de éstos parece ser la hoja de coca, por los bajos precios de lo demás. Hasta allí todo parece muy de acuerdo con lo planteado por Ricardo Vega Llona, jefe de Contradrogas en el Perú. Las diferencias están en otros números. Vega Llona ha expuesto públicamente sus sospechas sobre la manipulación de cifras de hectareaje de coca que se emitían durante el régimen de Fujimori. Aunque no comenta ésas, Mack es enfático cuando dice que sus propios cálculos "no son manipulados y están basados en una muestra científica de fotos satelitales respaldadas por visitas en tierra de personas que comprueban que lo que se ve desde el avión ocurre en el suelo. Son la misma gente y lo hacen año tras año. De 129 mil hectáreas a principios de la década se ha bajado a 34 mil". El jefe de Contradrogas afirma que el número real debe estar cercano a las 60 mil. Esto lleva directamente al tema de los vuelos de interdicción suspendidos luego de que se derribara una avioneta con misioneros norteamericanos en abril del año pasado. Aunque ya se anunció su próxima reanudación, lo que crea todavía más expectativas la repotenciación de los aviones A-37B y los helicópteros UH1H. En el caso de cada uno de los segundos, hoy en día impedidos de alcanzar alturas difíciles, se invertirá hasta US$3 millones para darles un nuevo motor, cambiarle la transmisión y brindarles un 50% más de potencia. "Por fuera parecerá un helicóptero antiguo pero por dentro serán un nuevo animal", asegura Mack. El Perú cuenta con 23 aviones A-37B -el número más alto en América Latina- y según fuentes de la FAP "su versatilidad y rapidez como plataforma de interceptación lo hace irreemplazable en la lucha" contra las drogas. Porque si alguna dinámica se puede aliar a la del narcotráfico, ésa es la subversiva. Para ser tan explícitos como Mack, "van juntos como labios y dientes". (Enrique Chávez)
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