Edición Nº 1709


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    ARTICULO

    21 de febrero de 2002

    ...y Escalas de POBREZA
    El Perú es uno de los 8 países más pobres y desiguales de América Latina. ¿Cómo mejorar el bienestar de los peruanos? Lo que las NN.UU. propone.

    Nació en Argentina pero tiene nacionalidad sueca. Enrique Ganuza, jefe economista para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), estuvo la semana pasada en Lima cumpliendo una intensa agenda en la que se entrevistó con el presidente Alejandro Toledo y un conjunto de organizaciones públicas y privadas ligadas al tema de la pobreza. Objetivo: apoyar al país en la elaboración de una verdadera Estrategia Nacional de Lucha contra la Pobreza y la Desigualdad. En la siguiente entrevista, Ganuza explica cuáles son los peldaños políticos y sociales que habría que remontar para tocar el cielo.

    Enrique Ganuza del PNUD: el bienestar se conquista con políticas económicas, no paliativos.

    Entrevista MARCO ZILERI

    USTED se entrevistó con el presidente Alejandro Toledo la semana pasada sobre la necesidad de implementar una Estrategia Nacional de Reducción de la Pobreza y la Desigualdad. ¿Cuál fue su impresión?

    -Muy buena. Conversamos unos 45 minutos. El Presidente me expresó que quiere hacer del tema de la reducción de la pobreza y la desigualdad el eje central de su gobierno.

    -¿Pero acaso se está inventando la pólvora? El país tiene una gran cantidad de programas de lucha contra la pobreza y la desigualdad en marcha desde hace años.

    -Hay un montón de países con un montón de proyectos, pero hasta diciembre de 1997 -y no hace dos siglos- formalmente no había ningún país en el mundo que tuviera una Estrategia Nacional de Reducción de Pobreza, y mucho menos, concertada. A partir de 1998 el asunto cambia, cuando los siete países más ricos del mundo (G 7) deciden condonar la deuda externa de 47 países calificados como "pobres altamente endeudados", de manera concertada con las fuerzas políticas y sociales de su país. La condición es que elaboren una estrategia nacional y que el resultado sea presentado al BM y el FMI. El único de los cuatro países latinoamericanos incluidos en el esquema -Honduras, Nicaragua, Guyana y Bolivia- que ha culminado el proceso ha sido Bolivia.

    -¿Cuál es la diferencia una estrategia nacional de reducción de la pobreza versus la gama de proyectos existentes?

    -En hacer de las políticas de reducción de la pobreza y la desigualdad el centro de la política económica. Los análisis comparativos de 17 países para el período 1980-1997, en el que se registraron 49 casos de cambio en la política económica, concluyen que en un 92 % de éstos la relación entre cambios en la política económica y cambios fuertes en la pobreza y la desigualdad es muy clara.

    -¿No son los paliativos, los comedores populares, los programas de trabajo temporal..?

    -La política económica.

    -¿El crecimiento del PBI y punto?

    -No, política económica no es sólo el crecimiento del PBI. Política económica es crecimiento pero también redistribución de la riqueza. Un país es pobre porque tiene pocos recursos y/o porque los recursos que tiene están mal distribuidos. Por lo general, en los países hay una combinación de las dos cosas.

    En los '90 la brecha siguió creciendo en el Perú. Der.: Conversó 45 minutos con Toledo.

    -¿Acaso la promesa del `chorreo' no suele terminar en un magro `goteo'?

    -No es cierto. Lo que está demostrado es que las políticas económicas -buenas y malas- producen enormes fluctuaciones de la pobreza en períodos relativamente cortos de ocho a quince meses. Por ejemplo, en Brasil, con el Plan Real, se logró reducir la pobreza en 5 % entre 1994 y 1997. En Ecuador, por el contrario, el número de pobres aumentó en 600,000 personas durante la gran crisis económica de 1999. En Argentina el número de pobres también aumentó 10 % en la década de 1990.

    -¿Y el Perú -con un 50 % de la población por debajo de la línea de pobreza- cómo califica?

    -El Perú es uno de los ocho países más desiguales y pobres del continente según el Coeficiente Gini y otras cifras preliminares.

    -La economía mundial experimentó a mediados de la década última un crecimiento sustancial. ¿Cómo impacto en AL?

    -En América Latina hubo una explosión de la pobreza entre la década de 1980 y 1990. En términos absolutos el número de pobres creció de 70 a 80 millones a 130 millones. En la década de 1990, la curva se achata -y entre 1993 y 1998 hay incluso una reducción en el ritmo del crecimiento. Aún así, a fines de la década de 1990 en Latinoamérica hay 100 millones más de pobres que a principios de los '80.

    -¿Pero, estamos en el camino correcto?

    -Hay que tomarlo con pinzas. Creo que hubo un sobreoptimismo de la comunidad internacional, basado en los crecimientos en muchos países hasta 1997, de pensar que ya todo estaba solucionado. Personalmente, sin embargo, percibo síntomas en varios países de que entre el 2000 y el 2001 los indicadores de mejora se han frenado considerablemente -si acaso no se están revirtiendo.

    -Salgamos entonces al balcón pero, ¿qué anunciamos?

    -No se trata de salir al balcón y anunciar, sino de llegar a acuerdos sobre qué hacer con los grupos sociales. Hay que iniciar un proceso de diálogo y consenso en torno a políticas conducentes a la disminución de la pobreza y la desigualdad en sectores amplios de la sociedad. Y eso seguramente implicará un proceso largo de discusión y consulta.

    -¿El someter las decisiones económicas a una mesa de diálogo no corre el riesgo de entrampar las soluciones?

    -Al momento de formular un programa económico es importante fijarse en los detalles de política de empleo, de salarios relativos, y de lo que llamarnos "situaciones de riesgo": el riesgo de quedar desempleado, de enfermarse o de jubilarse sin tener acceso a una jubilación. Y después que se hizo todo eso, no queda más remedio que seguir rascándose la cabeza, porque las soluciones varían de país a país. No hay recetas generales.

    A fines de 1990 en AL hubo un millón de pobres más que a principios de 1980.

    -¿Cuál es la experiencia con las mesas de diálogo en las que usted ha participado?

    -Primero, es mucho más difícil concertar durante periodos de crisis que durante etapas de crecimiento. Lamentablemente todos se acuerdan de concertar cuando las papas queman. Segundo, normalmente todos los participantes llegan a la mesa con un diagnóstico fabuloso, tienen un largo paquete de medidas que hacer. Pero cuando se les pregunta: ¿Qué gestos o sacrificios está usted o el sector social que representa dispuesto a hacer?, o no dicen nada, o quedan con los ojos desorbitados, o dicen algún enunciado general y poco concreto.

    -¿Y entonces?

    -Venimos de una serie de años en los que se llamaba a la concertación para determinar si se llegaba a un acuerdo con el FMI, si el déficit fiscal iba ser x puntos negativos del PBI o si se iba a cortar el gasto social. Se trató de lograr apoyo para la implementación de medidas estrictamente de ajuste fiscal y muy coyunturales.

    -O con afan clientelista.

    -Exactamente. Así es muy difícil lograr la participación de las fuerzas políticas. No deja de ser cierto que hay países donde el problema de la distribución de la riqueza y en definir quiénes son los ganadores y los perdedores es realmente muy agudo, y eso hace que sea muy difícil llegar a consensos. En cambio si se convoca a un diálogo abierto y transparente para llegar a un acuerdo destinado a reducir la pobreza y la desigualdad, nadie quiere estar al margen.

    -¿Cuáles son los parámetros para elaborar una estrategia nacional de reducción de la pobreza y la desigualdad?

    -Hay que llegar a acuerdos políticos sobre cosas esenciales. Por ejemplo, que los países tengan un sistema adecuado para manejar las llamadas situaciones de riesgo. Esos temas deben salir de la coyuntura política. Reformar ese tipo de sistemas por lo general lleva muchos años, normalmente más de lo que dura un período electivo.

    -¿El hecho que la industria cada día sea menos intensiva en mano de obra debido al desarrollo tecnológico representa un reto adicional para reducir los niveles de pobreza y desigualdad?

    -El mecanismo de transmisión de los efectos de la política económica en los niveles de bienestar, por lo general, es en efecto el mercado de trabajo: la entrada o salida del mismo, si se trata de un hombre o una mujer, si cambia de sector económico en el que se está laborando, si cambia el nivel salarial, si cambia el nivel de educación o capacidad técnica como trabajador. Hay muchas otras cosas, pero eso determina un 80 % del nivel de ingreso de la población.

    -En qué basa su optimismo en que se puedan llegar a acuerdos políticos de mediano y largo plazo.

    -Aquí hay países que por conseguir un préstamo de algunos millones de dólares aceptan condicionamientos de la fuente donante para que se ponga todo patas para arriba en doce meses. Los procesos de transformación grandes, implican períodos largos. Los casos más conocidos de sociedades de bienestar -Canadá, Holanda y los países escandinavos- cuyos avances se basaron en largos procesos de acuerdos y concertaciones sociales y grandes fortalecimientos institucionales. Por ejemplo, a principios del Siglo XX, Suecia era un país pobrísimo: 2 millones de suecos emigraron a EE.UU. por falta de empleo y oportunidades. A partir de la década de 1930 iniciaron un proceso de concertación social entre el Estado, empleadores y sindicatos. Fue el inicio del Estado Bienestar.

    -Imagino que en la ronda de consultas que realizó la semana pasada hizo la pregunta de rigor: ¿Qué gestos está Ud. dispuesto a hacer?

    -No me entrevisté con sectores sociales. Mi pregunta fundamental, si la podemos simplificar, fue: ¿Está Ud. realmente dispuesto a apoyar una política nacional de reducción de pobreza, hacerlo transparentemente y concertadamente con sectores amplios de la sociedad? Y creo que la respuesta es que sí hay interés, por lo menos, en probar.

    Hasta Las Patas
    En términos sociales, el Perú retrocedió con la aplicación de la liberalización. Pero no pasó lo mismo en otros países.

    UNA de las más recientes y completas investigaciones sobre el efecto de la liberalización comercial y de los flujos de capitales en América Latina en la década de los noventas, concluye que en el Perú contribuyó a aumentar la pobreza y la desigualdad social, así como también sucedió en Argentina, Colombia y Uruguay. El estudio realizado por Enrique Ganuza, Ricardo Paes de Barros, Lance Taylor y Rob Vos, publicado en diciembre del 2000, contrastó los resultados obtenidos de 17 países del continente, y las conclusiones son más que complejas. Si los efectos de la liberalización en los cuatro países mencionados agudizaron aún más las diferencias sociales, en Brasil, Chile, El Salvador, Guatemala, Jamaica, Panamá y Paraguay, en cambio, se registró mejoras en los niveles de pobreza y desigualdad.

    "Una vez más se confirma que la misma política económica, aplicada en países distintos, o en períodos distintos de tiempo, produce resultados distintos sobre la pobreza y la desigualdad", concluyen ecuménicamente los autores. "Simplemente no existen modelos ni recetas generalizables de país a país". Advierten, eso sí, que "en el periodo posterior a la liberalización ninguno de los países analizados pareciera haber encontrado un patrón de crecimiento sostenible".

    Los países con mejores resultados parecieran haber combinado lo siguiente: a) evitar que existiera simultáneamente la apreciación del tipo de cambio y las altas tasas de interés en el mercado nacional; b) mantener un sistema bien orientado de incentivos a la exportación, tanto a nivel nacional como parte de acuerdos de integración regionales o subregionales; c) evitar caídas bruscas de los salarios reales; d) mantener un sistema de control de capital y regulación prudencial a fin de suavizar consecuencias negativas de movimientos bruscos de capital. Por cierto, Carlos Boloña, no merece ni un pie de página.

     

     


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