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Edición Nº 1709 |
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Situación Lacrimogena
ESTA semana, una encuesta nacional de Apoyo que revelaba nuevo bajón del Presidente Toledo pudo ser confrontada con la realidad social en la ciudad y en el campo: el resultado era alarmante para el régimen y para la estabilidad democrática. El choque entre algodoneros de Chincha y la fuerza pública resultó dramático y aleccionador. El punto focal fue el pueblo de San Vicente, a la altura del kilómetro 227 de la Panamericana Sur. Allí, la población empezó a concentrarse en la carretera desde las seis de la mañana del martes. A las nueve, empezó el intercambio de piedras de los campesinos y gases lacrimógenos de la fuerza pública. A medida que la refriega ganaba en violencia, crecía la furia de los algodoneros. Cuando un helicóptero policial empezó a arrojar bombas lacrimógenas y un campesino, Gustavo Palomino, resultó gravemente herido, los gritos de los manifestantes ya no fueron: "¡Toledo mentiroso!", como al principio, sino "¡Toledo asesino!" Palomino fue trasladado al hospital de San Juan; pero CARETAS vio a dos heridos más en la posta médica. Una cuarta víctima fue Fidel Mayta Aguirre, a quien una lacrimógena le dio en plena cara. Hubo mas heridos El reclamo de los algodoneros, como es sabido, es el de un mejor precio para su algodón Tangüis. El Ministerio de Agricultura les había concedido un aumento, pero ellos lo consideran insuficiente. Sostienen que el precio de costo de un quintal es de 120 soles, en tanto que el aumento sólo les asigna 110. Parece haber una falta de difusión y de debate. Hay algodoneros y técnicos que consideran que hay que ir más allá de la coyuntura, y estudiar el problema de la baja productividad de nuestro algodón. Eso se debe, no a la naturaleza, sino a la falta de estudios genéticos y de apoyo técnico. En todo caso, no es con amenazas de represión o frases destempladas que esto se va a aliviar. Hay casos, por lo demás, en que las protestas han sido manipuladas
por sectores interesados. Por ejemplo, la protesta de días atrás
de las madres del Vaso de Leche resultaron injustificadas. No parece haber
habido allí maniobra política.
Otro factor negativo ha sido la violencia extremista de algunos sectores infiltrados en las protestas gremiales. Caso patente ha sido el de los ex trabajadores del Ministerio de Transporte. En otros casos, como en el paro del 7 de febrero en Chimbote, hubo violencia de masas. La turba saqueó un centro comercial, un local de Perú Posible y apedreó varias entidades públicas. Pero quienes hayan visto las escenas recientes de violencia en la Argentina pueden calcular que no hace falta, a veces, ninguna manipulación externa. Hay, en un contexto de crisis, una dinámica de la protesta, una psicología de las masas, que tienen que ser vistas como tales. No para santificarlas, sino para no incurrir en satanizaciones contra éste o aquel partido. Sobre todo, sin pruebas. En los próximos días, se va a requerir una mayor capacidad de análisis y diagnóstico de las autoridades. No se puede olvidar que Construcción Civil prepara una huelga indefinida a partir del 6 de marzo. El anuncio lo hizo el 14 de febrero, el mismo día en que varios centenares de trabajadores de ese sector bloquearon durante cinco horas la carretera Piura-Sullana, en una región donde las encuestas demuestran el más alto grado de desaprobación a Toledo. Cuando cerramos estas líneas, el paro de los transportistas parecía un hecho, a pesar de los esfuerzos del ministro de Transporte, Luis Chang, que una vez más dialogó con el sector involucrado y logró aplazamiento en la mayoría de los gremios rodantes. Pero combis, ómnibus y hasta los mototaxis parecían decididos a producir una parálisis masiva y nacional. Los transportistas rechazan un seguro que, sin embargo, busca proteger la vida de los usuarios. Entretanto, el Presidente Toledo, que ha tenido aciertos como el anuncio de la próxima puesta en marcha del Agrobanco y e la liberación de aranceles para la maquinaria destinada al agro, persiste en desaciertos verbales, a veces traducidos en amenazas represivas. Los malagracias de siempre hacen circular en estos días chistes como éste: "¿Por qué a Toledo le dicen embrague? Porque primero mete la pata y después hace los cambios". O este otro: "¿Sabes por qué le dicen Misión Imposible? Porque cada vez que habla se autodestruye". Y no faltan quienes comparan a nuestro gobernante con la cantante Shakira, que se queja de no saber dónde están los ladrones, los ciegos, los brutos y los sordomudos. Los cuales son, por añadidura, testarudos. A nuestra redacción llegó la voz de una apreciación
que circula en el SIN según la cual, si el malestar y los choques
se intensifican, Toledo puede caer en seis meses. Eso es algo que ningún
demócrata puede desear. Y que debiera hacer pensar a los gobernantes,
para medir pasos y palabras. No se aplaca el fuego con cántaros
de querosene.
Tampoco puede omitirse que la concertación no prospera en un clima de confrontación política. Y que en aquella tienen que entrar también los problemas sociales y los representantes de los gremios, así como de los jóvenes y las mujeres. Un examen atento de la encuesta de Apoyo puede contribuir a una mejor comprensión del momento político peruano. CURVAS PELIGROSAS El descontento a la gestión del Presidente Alejandro Toledo parece haberse extendido a lo largo y ancho del país, según la última encuesta de Apoyo a nivel nacional. Toledo registra un pico de 65 % de desaprobación, y un disminuido 27 % de aprobación. Es más, en el interior del país la desaprobación al mandatario supera en cinco puntos porcentuales a la registrada en Lima. La primera encuesta nacional de Apoyo bajo el régimen de Toledo indica que las curvas de la impopularidad del Presidente atraviesan las cordilleras andinas, merodean la Amazonía y caen en picada en el norte del país. En la región norteña la desaprobación al Presidente tiene su exponente más alto: 71 % y la aprobación desciende a 23 %. Atrás queda el 59 % de aprobación en Lima con que Toledo arrancó en agosto del 2001. Claro que no era un porcentaje muy auspicioso para un mandatario en la luna de miel de los primeros 30 días. Ahora, a seis meses de su mandato, se reduce a menos de la mitad (28 %). Mientras que la desaprobación de entonces (16 %) se ha cuatriplicado (ver cuadro) Hay razones permanentes y coyunturales en el descenso de la popularidad de Toledo, afirma Alfredo Torres de Apoyo. Entre las primeras, "está la frustración que siente la población por el incumplimiento de las promesas, que como candidato y luego como Presidente ha venido ofreciendo excesivamente". Los motivos coyunturales los resume Torres básicamente en los conflictos al interior de Perú Posible y en la poca presencia del Presidente, que se percibe como ausencia de liderazgo. "Lo que más reclaman los sectores D y E es la falta de trabajo, tema que ha sido el eje de toda la campaña de Toledo. A los sectores sociales A,B y C lo que más fastidia es la falta de liderazgo que se aprecia en el mandatario y que se traduce en la demora en la toma de decisiones, los conflictos al interior de Perú Posible, así como las inexactitudes y contradicciones en las que cae el mandatario, en general su estilo de gobierno", señala Torres. Además, agrega, hay un reclamo de la población por la desmontesinización de la política. "La gente quiere que se mire menos al pasado y en cambio se concentre la atención en los problemas económicos y sociales". Ni el sur, otrora bastión toledista, lo salva al Presidente.
Tanto la costa como la sierra de esa región lo jalan con un 70
% de desaprobación y apenas un 20 % de aprobación. Ello
se debería a la poca presencia del mandatario en esas zonas y a
la falta de empleo generalizado. La selva, de alguna manera sigue siendo
la excepción, afirma Torres. Le otorga un 39 % de aprobación
a Toledo, que es bastante respecto a otras regiones. Los pobres más pobres, aquellos que viven, si pueden, con apenas S/. 3.50 diarios, la llamada clase E, lo desaprueba con 68 %, mientras que la aprobación al Presidente se hunde al 20 %. En los sectores A y B, la desaprobación es de 63%, mientras que en el C y D es de 62 % y 59 %, respectivamente. Existe, a su vez, cierto desaliento sobre el futuro. En la misma encuesta de Apoyo, a la pregunta de cómo cree que estará su situación económica familiar dentro de 12 meses, el 31 % responde que peor, mientras el 25 % que igual, y otro 25 % que mejor. Pero, como contrapeso, hay también medidas que son vistas como positivas. Por ejemplo el 80 % de la población aprueba la visita al Perú del Presidente de EE.UU., George W. Bush en marzo. Lo cual, debería ser aprovechado por Toledo, aconseja Torres. Contrariamente medidas como el relanzamiento de Mivivienda, la puesta en marcha del programa "A Trabajar" y el Agrobanco, que son bien vistas por la población no ayudan a frenar el descenso de la popularidad presidencial. Para Torres eso se explica porque aún no se ven los primeros resultados, y la gente siente que no hay mejoría en su economía. La resaca de diez años de gobierno fujimorista ha dejado una secuela de impaciencia entre la población. Y el estilo del Presidente a irse de boca y contradecirse no le hace mucho favor. Se ha dicho que el mismo pobre índice de aprobación que cosecha Toledo precozmente, lo tuvo Alberto Fujimori cuando el Congreso defenestró a los tres magistrados del Tribunal Constitucional, porque declararon inconstitucional la ley de la re-reelección. Eso originó la protesta estudiantil. Pero Fujimori llevaba ya más de seis años en el poder, mientras que Toledo tiene apenas seis meses. Hay un matiz diferenciador, señala Torres, y es el grado de intensidad. "No hay una decepción, un odio a Toledo. Nadie quiere sacarlo. Como sí lo hubo en el caso de Fujimori, cuando registraba los más bajos índices de popularidad. La desaprobación a Toledo es de baja intensidad, colinda más bien con el desencanto y por lo tanto es más fácil de revertir", afirma. Pero aclara: no debemos pensar que es posible una gran recuperación de Toledo. "Hay que hacerse la idea de que va a ser un Presidente con un bajo nivel de aprobación".
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