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Edición Nº 1709 |
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Por
FERNANDO VIVAS
JEANET Barboza es una estrella del apuro. No el de ella, pues esperó más de 10 años desde su primer casting para que la tomen en serio. Pero sí el de gerentes atribulados como Federico Anchorena, productores agónicos como Guille y un canal en trompo que quiere apostar a todo mientras se juega sus descuentos. Es flaca pero con suficientes accidentes naturales como para encajar en la categoría popular de "lomo". Lomo hablado, hay que reconocer, pues su verborragia es tan incontenible como la de Gisela (más adelante, la comparación de rigor). Lomo que los carniceros del 5 han descuartizado sin consideración: filetes al amanecer, a la medianoche y en el prime-time sabatino. "Muévete con Jeanet" (1998,6 a.m), "Las movidas de los sábados" (1999,8pm), "Noche a noche" (2000, 12pm). La movieron y empujaron tanto que en "La alegría del mediodía", -la chica todavía tiene 27- se tapa pudorosamente el lomo pero deja ver el hueso. Para decirlo sin rodeos: el programa se concibió tan hasta el culo que sus concursos son auspiciados por papel higiénico Comfort y pañales Babysec. Todo lo que en "Mil oficios" se hace con frescura, cálculo de buen cubero y reciclaje exitoso; aquí se hace al champú. Los modelos son impostados, la escenografía ramplona, flojean los enfoques temáticos, el concurso de talentos tiene el patetismo que Ferrando o su heredero Ronco Gámez remataban en graciosa batidera, pero Jeanet no puede hacerlo porque le falta chispa. Y no la necesitaría si el 5 le produjera un programa a su medida en lugar de aventarla a la pampa para que las hormigas la levanten en peso y la metan a su hoyo. Su único apoyo es del cómico Alfredo Benavides que mete chistes pero sin acogerse a ninguna fórmula química que anime y ordene el programa como por ejemplo la de Cacho con la Borlini o la de Mónica Zevallos con Ricky Tosso. A Jeanet hay que exhibirla con gracia, cubrirle los relieves y descubrirle las oquedades (en vez de embutirla en el hipócrita encaje negro del día de su debut), hay que rodearla de invitados chispeantes que contrasten su falta de humor, y no confrontarla con desconocidos a los que no sabe qué decir. Hay que enseñarle a reemplazar los insoportables "¡qué lindo! ¡qué maravilloso! ¡increíble! ¡cuánto talento!" por cualquier otro lugar común. Jeanet no merece este descenso al miserable reino de las señitos. Estas quieren una nueva esclava para manosear sus vestidos, arrancarle zalamerías, rajarla mientras fingen mistificarla. Y si se pone pesada decirle "mira mamita, hasta aquí nomás te dejamos trepar". Mucho cuidado Jeanet con mirar feo a una desmuelada, pues recibirás de respuesta justísimas dentelladas. Casi sucede eso con Gisela, pero ésta se las sabía todas porque empezó discretamente en la noche, le acomodaron el mediodía a su naciente fama y mientras prodigaba su vida y milagros a las señitos, preparaba su plan de fuga hacia la noche. Gisela actúa y baila, compone en escena, juega; Jeanet anima, o sea, habla y se mueve con suficiente desprejuicio como para haber tenido un talkshow nocturno, pero no pasó nada. Con la primera no hubo tanto apuro y le dieron varias temporadas de gracia. Se le construyeron programas a su medida -¡escucha Jeanet!- y fue muy difícil convencerla de hacer lo que no quería. Con el tiempo, Gisela aprendió a barajar conceptos, textos y actitudes sin que nadie se lo diga. Jeanet, desde su debut en 1995 en la caravana de "El mañanero" de la mano de su productor sentimental Nilver Huarac (padre de su niña y corresponsable de otra bomba, July Pinedo) , creyó que su futuro estaba en modelar y promover el mestizaje musical de costa y sierra, dando así un satisfactorio rizo a su vida que había empezado en el caserío cajamarquino de Sillangate. Datos seminales que ella no ha sabido explotar ni trascender. A diferencia de Gisela, estrella hecha por sí misma, Jeanet parece esperar las ocurrencias de los demás. Salvo la fundación de su spa Ellas, en sociedad con dos estilistas, no ha sabido construir una historia con su propia vida, no ha sabido ligarse a otras figuras cimeras o en ciernes creando feudos estelares, postulando a tronos, interviniendo -aunque sea mal- en temas de coyuntura. No ataca, se defiende y se lame las heridas en un espectáculo sensual y enternecedor pero de rango menor que los arrebatos de una estrella furiosa y melodramática. Le corresponde la bronca estelar con Gisela, pero ésta se sobró y le respondió a través de su maquillador Cacho. Aparte de su madre, joven señora que atrae algo de prensa cuando consume los canjes de su hija, Jeanet carece de un entorno de secundarios funcionales, famosos invitados y otros referentes indispensables para construir una sólida estrella -si es eso lo que busca- a partir de una chica guapa e intelectualmente llana. No se trata de que Jeanet iguale a Gisela, ni hablar, sino, que se zafe del señitismo y supere ese retrógrado estilo zalamero que hoy se empeña en copiar. Pero, quién sabe, sí hace acopio de sus mejores ideas propias y se dan los golpes de suerte, tengamos una nueva estrella.
Escribe ANA MARIA YAñEZ
No veo televisión de señal abierta.
Cuando he hecho el intento, sólo he encontrado programas de entretenimiento
pacharacos o llenos de estereotipos racistas y sexistas. Los programas
políticos tienen conductores de los que se sabe demasiado: son
ex montesinistas dizque arrepentidos o son figurettis de la democracia.
Los noticieros son sesgados o uno los ve así por la experiencia
pasada. En general, los canales de TV de señal abierta padecen
de un síndrome común: credibilidad cero. Son canales abiertos
pero paradójicamente encerrados en sí mismos. Viven pisándose
la cola: se entrevistan entre ellos, lloran entre ellos, se ampayan entre
ellos, se insultan entre ellos, se enamoran entre ellos, se pelean entre
ellos y se amistan entre ellos. Debe ser la primera experiencia televisiva
mundial en que la televisión vive gracias a la televisión
y en donde los principales protagonistas son los propios canales y conductores
de televisión ¡Horrible oye! Por cable, veo todos los días
"La Hora N" zapeando con el programa de entrevistas de Rosa María
Palacios. Los domingos espero con ilusión "Rueda de Prensa": sus
conductores no sólo son personas decentes e inteligentes sino además
con mucho humor (negro). Es el mejor programa político de la televisión.
Para el entretenimiento me refugio en películas de Cinemax, HBO,
Movie City o el canal francés, y en los documentales de The History
Channel, Discovery Health, Animal Planet o Infinito. Para la chismografía
hollywoodense, People and Arts y E Enterteinment. El Histrión Velásquez
Carlos Velásquez se paseó exageradamente
por la historia del teatro y la televisión. Animó, desde
los 60, el Grupo Histrión junto a su hermano Mario "Achicoria"
Velásquez y su cuñada Delfina Paredes, lo que lo hace tío
de Mario, Ricardo y Gabriela Velásquez. Todo un clan, más
modesto y risueño que el Ureta-Travesí pero no menos atareado.
Carlos se desató en los dos extremos, drama destemplado y farsa
gruesa, pero su hiperhistrionismo aconsejaba la comedia costumbrista y
a ella se dedicó con más ahínco. Desde "La bodega
de la esquina" (1961) hasta sus últimas temporadas en el elenco
mortecino de JB en Canal 2 donde compuso a un descosido Ekeko. Mejor estuvo
cuando le tocó dirigir "Risas y salsa" hacia 1982 y 10 después,
cuando Michel Gómez y Eduardo Adrianzén lo enrolaron de
secundario farsesco en los más gruesos y a veces divertidos pasajes
de sus miniseries. En "Regresa" capitaneó la Peña Fernández,
en obvia alusión a Ferrando, a quien imitó estentóreo,
untoso, frotándose las manos en espera del metal. Más exagerado,
si cabe, estuvo como el Marticorena de "La Perricholi", ayayero del virrey,
desafiando su mal cardiaco con tanta clave alta, fundiendo en el sainete
costumbrista todo lo que había aprendido en la impenitente TV cómica.
Nuestras condolencias a su familia.
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