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Edición Nº 1710 |
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Compay Segundo
Escribe JAIME BEDOYA LA arquitectura fantasma frente al malecón de La Habana se descascara con armoniosa languidez mientras Buicks, Cadillacs, Chevrolets y Mercurys previos al '59 pasean una majestuosidad ahora castigada en su reencarnación como taxis. Cruel hermosura la de la pobreza. La propia se refleja en el movimiento de mujeres, muy jóvenes, muy guapas, deambulando tropicalmente alrededor de la simpatía impostada de los porteros de hotel. La pobreza ajena reside en alquilarlas por un jabón o 50 dólares, moneda no oficial que hace y deshace. La ciudad sufre pero aguanta, y en ese aguante -además de la revolución, sus logros y sus fracasos- tienen que ver el gozo y el orgullo de una dignidad educada, que consiste en oír la sabrosa música que supone ser cubano. Esta veta de indentidad pura fue la que Ry Cooder redescubrió para el mundo en su Buena Vista Social Club. Cooder sacó del olvido a una generación senil y prodigiosa, entre la cual identificó a uno de ellos como the source, "el portador de un conocimiento secreto de la esencia de la música que sólo he visto en cuatro personas". Una de ellas, Louis Armstrong. Esta otra, cubana, era Compay Segundo. Buena Vista demostró que la música sigue siendo la única verdad absoluta. La politica es una broma. La muerte, que tiemble al recogernos. Música es lo que brota de las calles de La Habana Vieja, y de cada tres canciones que suenan una es Chan Chan, opus magna de Compay , leyenda viva de la nación cubana a quien la mayoría tiene por inubicable. Salvo cuando da un concierto, en que todos llegan a donde él esté. Durante la colonia española se declaró en Siboney, Santiago
de Cuba, que todo niño no bautizado sería un hereje. Esto
produjo una serie de bautizos en masa. Siendo poca la población
en algunas localidades se dio el caso en que una persona era padrino simultáneo
de varios niños, acabando casi todas las familias relacionadas
por el vínculo eclesiástico. Hola compay, hola comay. Máximo
Francisco Repilado Muñoz nació en Siboney en 1907, y desde
entonces se le llamó como a todos sus paisanos. Aparte de músico
Compay ha sido pintor, peluquero, y torcedor de puros durante 18 años
en la fábrica Hupman. El agregado en el apodo vino cuando hacía
la segunda voz en el dúo Los Compadres: Había un
Compay Primo y un Compay Segundo. Como tal ha firmado más de 100
canciones, incluido un bolero -La Pluma- por encargo de la firma Paper
Mate en 1947, una guaracha dedicada a un toro que lo inspiró en
Madrid, y su mayor éxito, el Chan Chan.
Chan Chan y Juanica eran dos personajes de una canción del mil ochocientos con la que se aprendía a tocar el tres, en la que ambos cernian arena a orillas del mar. Repilado tomó a los personajes y desarrolló el resto de la historia. Con esta canción llegó invitado al Vaticano en el 2000. Casualmente, sutileza vaticana, se celebraba ahí el Día del Enfermo. El Papa preguntó qué edad tenía Compay, y al enterarse que era varios años mayor que él sugirió que mejor subiera a verlo por el ascensor. Qué bueno que un cubano haya venido a verme, le dijo el Papa. No podía ser de otra manera, usted es el corazón de la humanidad, le respondió. Luego tocó para los miles de enfermos en camas, sillas de ruedas y muletas reunidos en la Plaza San Pedro. Los cojos bailaban. Bajo la túnica, un pie papal seguía el ritmo a escondidas. Compay lo vio. Un taxi vuela rumbo al Hotel Nacional. Dos periodistas van atrasados. Compay Segundo espera en un bar privado del último piso del hotel con el Montecristo aún sin encender. Trata de recordar el título de una canción peruana. Recuerda la música, completa, de memoria, pero no el nombre. Tiene 95 años y en un par de días vuela a Los Angeles donde ha sido nominado a un Grammy. El dice que va a recogelo. No quiere dar, o no sabe precisar, su secreto para tantos y tan buenos años. Una pista, lo que come: carne de cordero. Carne que da vida. La vejez, ese naufragio, decía De Gaulle. Para Compay parece un plácido crucero en primera clase, puro en mano. Bálbalo, como él diría. HABLA, COMPAY -¿Cómo me hice? Yo nací en Siboney, hijo de Francisco Panchín Repilado, ferroviario. Cuando acabó la Primera Guerra Mundial se acabó el tren también, y nos fuimos a vivir a Santiago de Cuba. Mi abuela, Ma Regina, que me quería mucho, decía: él no se va hasta que yo me muera. Yo le prendía los puros desde los 5 años. El día que murió yo ni me enteré. ¿Por qué tanta gente, para qué las velas?, preguntaba. Al otro día vi que se la cargaban. Es que se va a una fiesta y para que no camine se la llevan, me dijeron. Tenía 8 años y no sabía nada de la muerte. Hoy tengo 95 y ya algo sé. En Santiago de Cuba había una calle -San Agustín y Santa Rita- donde iban los grandes trovadores los sábados para dar serenatas. El primer guitarrista que oí fue a Sindo Garay, lo mejor de Santiago de Cuba. Ahí aprendi yo.
-¿De oído? -De oído. Oí tocar a Eugenio, a Rigoberto, que
le decían Maduro, a Ramón di Lu, a Quintín Sánchez.
Esos son bárbaros. Bárbaros cantantes. Aprendí a
tocar el tres con mi hermano que era tresero. Pero el tres invierte las
notas, la aguda es alta y la alta aguda. Eso no me gustaba y ahí
hice una creación, soy el único que la toca en el mundo,
el Armónico de Compay Segundo. Sólo uno le llamaba por otro
nombre, Miguel Matamoros. Cuando él quería que no tocara
clarinete decía lleva la trilina, Pancho. -¿Cómo es el armónico? -Tiene siete cuerdas, una pareja repetida en el medio, para que cante. Su afinación es distinta a la guitarra y al tres. Todo muy parecido, pero distinto. ¿Conoces de guitarra? Si conoces, entenderás. Así se afina el Armónico de Compay Segundo: Mi
si sol re la mi, ésa es la guiterra. Ahora, -Una vez que aprendió de oído... -Me hice el profesorado en música. Estudié la música clásica. Me hice clarinete de la banda muncipal de Santiago de Cuba, dirigida por Enrique Bueno. En 1929 ganamos un concurso y vinimos a tocar a La Habana para inaugurar el Capitolio y la carretera central. Tenía unos 18 años. Nuestra banda había ganado el primer premio de las bandas tocando Oberón, ópera romántica de Weber. -Su memoria es impecable... -Ah no, eso lo tengo muy bien. A mí no me gusta mucho el médico, nunca fui. Ahora me llevan para ponerme en onda. El secreto es tener los conocimientos y tener la vivencia. Ahí la creación sale. Ahora saqué una canción, muy linda. Muy científica. Linda y científica. -¿Como es eso? No hagas el amor, compay/cuando estés borracho/porque las culpas de los mayores/la pagarán los muchachos ¡¿No es científico eso?!: No se puede hacer un hijo borracho. Porque te puede salir borracho. Te sale borracho. He tenido experiencia en eso, cuatro amigos que conozco y tenían problemas de eso ya tienen hijos en lo mismo. Entonces yo digo: Cuando te vayas a
acostar/no pases trabajo/ella se acuesta para arriba/y tu te acuestas
pa bajo/Tener un hijo es tu deber/sin más testigos, compay, que
tu mujer/Me gusta el boniato, la yuca y la calabaza/si me la ponen tres
veces, compay, me voy de la casa
-¿Por qué el mundo recién lo ha conocido a los 90 años, Compay? -Yo nomás había salido a México en 1938. No había salido más. Yo fui quien hizo el dúo Los Compadres. De ahí me salí pero llegué a Santo Domingo por su fama, como en el '54. En México hice dos películas. Pasé seis meses y medio trabajando en la XCW y en un cabaré. Regresé a Cuba e hice otra película, Cuba canta y baila. Hice tres películas. -Cuatro, ¿con Buena Vista Social Club? -Cuando vino Ry Cooder a La Habana le dijeron quiero conocer a los valores. Me presentaron. Hice tres números: En el tronco del árbol una niña. Enorgullecido estoy de ser divina. Y Chan Chan: ése es mío. Ese disco ha recorrido el mundo. Ahora me han citado para el Grammy. ¿Dónde lo tengo que ir a buscar? A Los Angeles, California, por mi último disco, Las flores de la Vida. -¿Interpreta música de otros géneros? -Toco música de Brasil. De México, de los Estados Unidos, del Caribe. La que no tengo es del Perú, ¿cuál es la canción esa del puente y la alameda? ¿Esa es del Perú? ¡Esa canción a mí me gusta! Yo me aprendo todas las canciones y las meto en mi grupo, dándoles lo cubano. Yo cojo al oído todo. Aunque los aviones ya me tienen medio sordo. Los vuelos me tienen loco. Ese viaje que me metí de Japón a Cuba, eso es largo, como doce horas compay. ¡RRRRRRR!, no hay quién resista eso. -¿Cómo imagina usted Cuba en el futuro? -Yo he vivido toda la época desde 1907, he visto pasar 7 presidentes. Puedo confesarlo sinceramente, sin hipocresías ni guataquerías, porque yo no le meto guataque a nadie. El que vale, vale. No he visto presidente en Cuba como Fidel Castro. Se ha ocupado de lo niños. Se ha ocupado del respeto a su país. Ha cuidado mucho su tradición, sus héroes. Quiere que su pueblo sea culto, y lo está demostrando. -¿Qué fue de la novia, Compay? -Ya me separé hace seis meses. Estoy veudo. -Insisto, Compay. ¿El secreto? -No hay. Lo mío es sólo música de campo, pero bien hecha. Pero por si acaso, come cordero.
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