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Edición Nº 1710 |
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Denuncias Toman Cuerpo
Entre el Yaitó y la Tortura ALBERTO Fujimori alzó un machete -no lee usted mal- y dijo "ahora vas a ver". ¿Intentaba acaso partir en dos la cabeza de su esposa Susana Higuchi? Los alaridos de ésta alertaron a algunas colaboradoras de la Fundación por los Niños del Perú, que en ese momento rondaban la cocina del Palacio de Gobierno. Cuando ellas irrumpieron, el ex Presidente disimuló su "cara de diablo" y dirigió el arma hacia la barra de mantequilla que tenía cerca. Orondo, untó su pan. Era 1993. Versiones como ésa, salidas de la boca de Higuchi, suelen ser calificadas como delirantes. En otra afirma que en ese mismo año Fujimori intentó envenenarla con Parathion, utilizando el aire acondicionado. -¿Por qué Fujimori la amenazó con un machete? -Vaya a preguntarle usted al Japón. Desde allí, su ex esposo ha contestado las denuncias con la torcida sonrisa irónica que lo caracteriza. Esta historia comenzó con un divorcio público detonado por la voz de alerta que dio Higuchi sobre el mal uso de donaciones de ropa usada provenientes del Japón. Era marzo de 1992, faltaba poco para el autogolpe y la relación marital se agrietó al punto de no retorno. Con el tiempo, el incidente de la ropa usada quedó como un jocoso pie de página en el libro fujimorista de la corrupción. A las acusaciones de la congresista Higuchi se añade hoy un personaje
que dice haberla visto en condiciones humillantes en calabozos. Esa mujer,
la torturada ex agente del Servicio de Inteligencia del Ejército
(SIE), Leonor La Rosa, señaló además el nombre de
una segunda testigo que, como CARETAS lo comprobó, continúa
prestando servicio en el Ejército. EN LA CANDELA La Rosa señaló a la suboficial Hilda Sixta Hidalgo Candela como la persona que presenció junto a ella a Susana Higuchi, desnuda e inconsciente, en los calabozos del SIE. De otra mujer sólo recuerda el apelativo, "Chico". Esto habría ocurrido entre los años 1995 y 1996. Actualmente, Hidalgo Candela vive en un populoso sector del distrito de Chorrillos y CARETAS llegó hasta allí para conocer su versión de los hechos. Un hombre, que dijo llamarse Juan Hidalgo y se presentó como el hermano de Hilda, le dijo al redactor Luis Felipe Gamarra que estaban "decidiendo a qué medio se le entrega la primicia". A medida que se volvía a intentar con la insistencia propia del oficio, el hombre pasó a decir que era el padre de Hilda y se mostró cada vez más fastidiado -sacó documentos con los que acreditaba una enfermedad- y agresivo, al punto que redactor y reportero gráfico debieron retirarse del lugar. Una actitud en parte comprensible, tomando en cuenta que Hilda Hidalgo sigue en actividad (actualmente es suboficial, auxiliar en Inteligencia). Elementos así han hecho que la congresista Anel Townsend, presidenta de una de las principales Comisiones Investigadoras del Congreso, esté entre quienes se tomaron muy en serio las denuncias de Higuchi. El martes 26 pasó con ella dos sesiones, una de tres horas y la segunda de cuatro. "Queremos completar la información de lo reconocido por la agente La Rosa en el SIE", dijo Townsend. "Estamos reconstruyendo todas las operaciones de tortura por las que podrían ser responsables Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos". ¿Cuál es la secuencia? Luego del escándalo de la ropa donada, los hostigamientos contra Higuchi, afirma ella, arreciaron. Ya "en 1990, estando en la residencia de Palacio -se queja- me tiraban cosas desde el segundo piso, como grabadoras y otros objetos que podían hasta matarme... Desde ese año se produjo una lucha para sacarme, empujada por toda la familia de él". Dos años después del supuesto incidente del machete, los
Fujimori empezaron los trámites del divorcio. Luego, el Jurado
Nacional de Elecciones, presidido por Ricardo Nugent, declaró improcedente
la inscripción de su lista Armonía-Frempol para el Congreso.
Inició una huelga de hambre que sólo se suspendió
cuando, pesando poco más de 40 kilos, debió ingresar de
emergencia a la clínica San Lucas.
Poco después del autogolpe del 5 de abril de 1992, habría ocurrido la peor tortura de la que Higuchi dice haber sido víctima: "Un fin de semana entre abril y mayo de 1992, ocho personas me sacaron con mucha violencia del departamento que nos fue asignado en el segundo piso de uno de los edificios del SIE. Me sacaron con los ojos vendados, me encapucharon, me metieron en una camioneta 4x4 y me llevaron a no sé dónde. Me torturaron con golpes hasta que caí inconsciente. Me inyectaron algo para que me quedara totalmente dormida. Allí me aplicaron electroschock, porque cuando vi hablar a Demetrio Peñaherrera, me preguntaba a mí misma: ¿me habrán hecho lo mismo? Yo, como `Vaticano', quedé con lagunas mentales, no hilaba bien las oraciones, no sabía lo que hablaba. No reconocí a nadie. Pero sé que todos tenían porte militar. No sé cuántos días pasaron, pero me ponen la misma ropa con la que me encontraron. Aparentemente estaba desnuda, tambaleante. Me sacaron de ese lugar y me dejaron por la parte posterior al departamento asignado al Pentagonito". Efectivamente, a mediados del año pasado, Higuchi denunció haber residido cuatro meses en el SIE, ante la subcomisión del Congreso que investigaba el autogolpe. Versiones como la del periodista Gustavo Gorriti -confinado allí luego del 5 de abril- y la de la propia La Rosa confirman que antes hubo celdas en esas instalaciones. La comisión presidida por Townsend no las encontró en sus visitas posteriores, pero debe recordarse que mientras el gobierno de Fujimori naufragaba a finales del año 2000, la cúpula del SIN se trasladó de emergencia al SIE. Es conocido que en ese lugar se desmanteló todo lo posible en una política de tierra arrasada. ¿Se trata del mismo caso ubicado por La Rosa entre 1995 y 1996?
Llama la atención que en 1992 la ex Primera Dama no solía
guardar para sus adentros lo que sucedía a su alrededor, mientras
que tres o cuatro años después ya había pasado por
experiencias frustrantes como la supresión de su candidatura y
la posterior huelga de hambre. ¿Por qué entonces callar
las torturas en 1992?, le preguntó CARETAS. Su respuesta fue cortante.
"Por mis hijos". CONFLICTOS FAMILIARES La confusión de las fechas, fuerte interrogante sobre la denuncia, puede tener alguna explicación. Para el psiquiatra y psicoanalista Saúl Peña, "no sabemos a qué tipo de tortura puede haber estado expuesta la señora Higuchi. Aunque estamos limitados a especular, hay una serie de conflictos derivados de la situación frente a los hijos". Higuchi dice no recordar incidentes de tortura entre 1995 y 1996. "En ese tiempo estaba casi siempre inconsciente". Consultado, Peña remarca que "todos tenemos aspectos felices que deseamos recordar y otros tristes o traumáticos que preferimos olvidar. Mientras la supresión es inconsciente, la represión es consciente". El especialista advierte "manifestaciones que hacen suponer que ha sido realmente torturada, ya sea psicológica o físicamente. Basta ver la conducta de su ex marido, ella estuvo impedida realmente de salir de Palacio, estaba presa en su propia casa". La última tortura que habría padecido Higuchi fue en el Hospital Arzobispo Loayza, luego de ingresar por supuesto envenenamiento. En ese entonces (4 de junio del 2000), ya era congresista. Allí, dice, un médico que no era el que la atendía la amarró a la cama y junto a otras ocho personas le aplicó descargas eléctricas, la golpeó e inyectó. Con todo dicho, Townsend, termina de afinar los detalles del informe que su comisión presentará sobre el caso Higuchi. Al cierre de esta edición, se terminaban de redactar las denuncias que pueden afectar a Fujimori. Su ex esposa, mientras tanto, le ofrecía a esta revista la que dijo ser su última entrevista sobre el tema. "Mi hija Keiko me ha dicho que ya no declare", nos comentó. "Iba contando las torturas una a una -tanto las físicas como las psicológicas- y le aseguro que fueron más de 500". Por encima de probables extravagancias, estamos frente a situaciones puntuales que no parecen haber ocurrido dentro de la cabeza de la agraviada, sino al interior de celdas reales (Sonia Sullón, Enrique Chávez).
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