Edición Nº 1710


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    28 de febrero de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Mira los Asesores, Pues

    AY hija, yo que me quería retirar para siempre de la política y mira lo que me pasa. Me llama Mariafé Ferrand, que no la veía hacía horrores de años y, pucha, me invita a almorzar a su playa, Lapa Maka, que es regia porque como es nueva, o sea, le están haciendo unos reglamentos que los de Totoritas a su lado son el colegio Los Reyes Rojos, no sé si me entiendes. Con decirte que están convocando a concurso para contratar jardineros y, o sea, el marido de Mariafé, que es ingeniero químico, pucha, ha inventado un producto regio para cambiarles la pigmentación, que lo pones en el té del desayuno y ni cuenta se dan: a los quince días parecen los primos renacuajos de Brad Pitt, enanos (porque así son) pero rubios como carteros de Illinois, te juro que cuando la gente le pone creatividad a las cosas...

    Bueno, llego donde Mariafé y ahí me doy cuenta de que me estaban esperando con un corralito del tamaño de la cancha de tenis, no sabes, y encima, con un chileno, medio mamelucón él (como suelen ser sus compatriotas) pero, ay cómo te digo, con ese aire de yuppie de noble sentimientos que a mí me hierve la sangre, porque la verdad sea dicha, o sea, una cosa es ser yuppie y otra tener buenos sentimientos; salvo Sue, of course, que tiene las dos cosas y mucho más, cómo te explico.

    Hija, a la hora de haber empezado el maldito almuerzo yo ya lo tenía al chileno de pashmina, y con este calor. Parecía que el hombre no le veía el ojo a la papa desde la época de Allende, porque me hacía unas caídas de pestañas y unas relamidas con la lengua mientras me hablaba del PBI de Malasia y los proyectos de lucha contra la pobreza en Kenya, que al final se me escapó un lapsus y en lugar de preguntarle, o sea, cuál era el segmento de población más expuesto a las enfermedades respiratorias en Malawi, pucha, se me salió: "¿y por qué tienes tan abultada la ropa de baño, ah?" Bueno, imagínate la que se armó, porque dicho sea de paso, pucha, Mariafé y Muñecón son del Opus, y desde ya te voy anunciando que la semana que viene te cuento la verdad sobre mi primo Rafi Rey, aunque te puedo adelantar algo en clave: como decía mi abuela Loveday, "un pelo de la chucha jala más que una carreta de bueyes". Saca tu cuarta y espérate una semanita nomás.

    Muy bien, a eso de las ocho de la noche ya el chileno cantaba "yo vendo unos ojos negros" en inglés de la bomba que se había clavado y claro, Mariafé me llama a un lado y me pide que lo traiga yo en mi auto porque si manejaba así terminaba como el último bagre del costal el pobre. Acepté, pero ya me imaginaba el numerito que se me venía por toda la Panamericana, y te voy diciendo hija, que eso de manejar con un tipo al costado que te mete la mano hasta ponerte un maní en la trompa de Falopio, es más complicado que presidir la Comisión de la Verdad que ha creado Diego en la Cancillería. Lo adoooooooooooro por valiente y macho y remacho.

    En ese plan llegamos a la avenida El Golf y dale el chileno con que me baje a tomar un trago al depa. A mí me vino ese estado coloidal que se me sale con los hombres, hija, que hace que yo me mueva con piloto automático y si me quieren convertir en su santa madre, que sigan nomás pero que no me hablen porque eso sí que me pone de muy mal humor.

    Bueno, agárrate, subo al departamento y mientras el chileno se fue al baño yo me puse de lo más cándida a mirar en su biblioteca y qué crees que me encuentro: ¡con los planos del Pentagonito, de Las Palmas, de La Joya, de la Cuarta Región Militar y hasta de mi consultorio, al lado de una anotación en la que decía "Periodista Clave: sobornar"! ¿Tú te puedes imaginar semejante cosa? Bueno, como la pila del chileno estaba larguísima, seguí mironeando y me doy con un boceto de arquitecto en el que Palacio de Gobierno tiene la bandera de ellos en lugar de la peruana y te juro que ahí sí que me sentí tan patriota que casi llamo a ese congresista que ha propuesto cambiar el Himno Nacional, para componerle gratis una estrofa en la que se diga: "Y el mamerto, y el mamerto, y el mamerto chilenos contrató. Y el mamerto chilenos contrató. Chilenos contrató. Somos libres..." y de ahí todo sigue igual.

    Porque hija, ya te habrás dado cuenta de quién era el chileno ese que mis amigos -bien intencionados, eso sí- me quisieron endilgar. Yo lo único que te digo es que el hombre ahorita debe estar en el hospital militar de su país cantando hasta Las Mañanitas, porque cuando descubrí lo que te cuento, pucha, saqué mi sachete de cáscara sagrada (que es un laxante para budistas, echa pluma) y lo vacié íntegro en su whisky. Pero bueno hija, a cagada, cagada y media, ¿no te parece? Chau, chau. (Rafo León).


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