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Edición Nº 1711 |
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¿A Dónde Vamos,
a París? ELIANE Karp visita, con 23 artesanos peruanos, las Galerías Lafayette de París, y Antonio Cisneros se pregunta sobre la pertinencia y aparatosidad de la comitiva: ¿ese es el Perú que queremos mostrar? También la pugna entre la APSAV de Víctor Delfín -presidente de la Comisión Nacional de Cultura- por una supuesta reivindicación de derechos de autor, que ha contado con la oposición de De Szyszlo, Chávez y Polanco, así como del Consejo de la Prensa Peruana. El cese de los programas de rock de las emisoras del Estado y las respectivas quejas de Cornejo, Bustos y aliados. Las manifestaciones contra Buntinx y el Teatro Universitario de San Marcos por la destitución de Walter Zambrano ("tradición") y el nombramiento de Ana Zavala ("vanguardia"). Los ofrecimientos de instalar Casas de la Cultura cuando se cuenta con un INC de presupuesto esmirriado. El incumplimiento de las asignaciones a Conacine para la realización de los concursos decretados por ley (sólo reciben el 15 % del presupuesto estipulado). Entonces la pregunta es válida: ¿culturalmente a dónde vamos? Este es el lema que encabeza una serie de conferencias organizada por
los alumnos de la Escuela Nacional de Bella Artes. El fin, como afirma
Guillermo Quiroz, coordinador del evento, es aprovechar la "primavera
democrática" que vivimos para discutir, conjuntamente, cuál
es el "rol del artista en el Perú". La propuesta es por demás
provocadora si tomamos en cuenta que viene de una institución que,
a través de una toma efectiva, pudo despercudirse -algo tardíamente-
del intervencionismo represor fujimorista. Las mesas, además, contarán
con más de 50 representantes de la cultura nacional y abordarán
temas desde la globalización en el arte hasta reflexiones sobre
plástica contemporánea, pasando por un surtido etcétera.
El abordamiento de esta temática, esencial para De Szyszlo, pasa por poner algunos puntos sobre las íes. En primer lugar, en el Perú sólo se habla de política cultural en un sentido verbal, las prioridades de un gobierno se muestran en el presupuesto y el peruano no ha variado desde Prado hasta ahora. Esto es, lo asignado es ridículo. Sólo cubre para pagar penosamente los sueldos de la burocracia. El entusiasmo suscitado por iniciativas aisladas o discursos altisonantes causan más suspicacia que esperanza. Una sugerencia: separar arte y artesanía, lo otro sería mezclar carreras de caballo con Fórmulas 1, no es que una sea mejor que la otra pero son distintas. Una más: si quieren mostrar una imagen artística del Perú deberían elaborar un Patronato formado por profesionales, artistas y críticos para determinar cómo es que queremos que se nos vea afuera. Para el dramaturgo Alonso Alegría la cosa es simple: el anuncio de las Casas de la Cultura se hacen para no desairar a Delfín ¿Pero el INC dónde queda? Sería terrible que se produjera una dispersión de esfuerzos y dinero con una institucionalidad bicéfala. ¿Lo fundamental?Toledo es un inculto y lo de la Karp es vocacional. Si fuera médica habría un resurgimiento de las postas médicas, pero como es antropóloga tiene esta visión artesanal de lo que es el Perú. Luego, cómo tener una política cultural si es que debiéramos tenerla. Muy simple, se tienen que tomar 5 medidas: 1. Terminar la Biblioteca Nacional. 2. Promulgar la Ley del Libro. 3. Restituir los Premios Nacionales de Cultura (con una dación de US$ 5000 a cada uno). 4. Crear la Universidad Nacional de las Artes. 5. Respetar la ley de presupuesto de Conacine. Todo ya está práctimente hecho, sólo se necesita palanca y voluntad. Las costumbres de polemizar y confrontar resultan higiénicas puestas en práctica luego de mucho tiempo en desuso. Pero no bastan. Incluso un Ministerio de la Cultura sin lineamientos es un edificio carcomido por su propia vacuidad. Las verdaderas medidas esperan. (Jerónimo Pimentel). El Arte de Matar
CARITA y Tirifilo, El crimen del Hotel Comercio, el asesinato del poeta Leonidas Yerovi y de los esposos Miró Quesada. Estos son algunos de los casos que desfilan por este negro recuento de muertes que van desde 1911 hasta 1939. Allí se descubre que luego de la 1a. Guerra Mundial hay un salto cualitativo en los métodos de muerte en el resto del mundo. Porque conforme la tecnología avanza, la criminalidad también se sofistica. Aunque las bandas y metralletas sólo lleguen al Perú en los 70s. También se desestima la idea de que el crimen es resultado de la pobreza, de la ignorancia: los homicidas provienen de los sectores más calificados de la sociedad. Salazar aclara que la página roja es producto del urbanismo y que después de la Segunda Guerra Mundial, donde se da un gran despliegue gráfico del conflicto, el público se acostumbra al horror y se despierta el morbo dormido de nuestra población. Allí nace la página policial. Los seres humanos no hemos tomado plena conciencia de la palabra, porque es la falta de comunicación lo que lleva a la violencia, al crimen, al homicidio. Esa incomunicación se extendió a toda la sociedad y se agudiza luego de las guerras externas. Por eso se puede comparar la secuela de violencia que desataron los veteranos de esas guerras con la que vive la sociedad peruana luego de la interna, del terrorismo. Porque la ideología ha muerto pero el germen de la violencia ya está inoculado. En política se supone que hay crimen bueno y malo. Donde se asumen las muertes como necesarias. Muchos lo asumieron así con las víctimas del grupo Colina. Hay que condenar la muerte venga de donde venga. Cuando el hombre alcance ese nivel entonces llegaremos a cierto nivel de dignidad
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