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Edición Nº 1712 |
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Cuando se Llega al Borde Lo
que no Se puede Perdonar Al cierre de esta edición, la Defensoría del Pueblo realiza intensas gestiones para ponerle fin a la huelga. Sea cual fuere el resultado, de aquí depende el futuro de los subversivos en prisión. Además del llamado camarada `Gonzalo', participan alrededor de 700 reos en el país. Un 85% de ellos es senderista, el resto emerretista. Los presos por terrorismo que no se plegaron a la huelga son aproximadamente 1,600. Si bien el Sendero Luminoso de los penales no tiene la fuerza de antes, éste no es un fenómeno digno de ignorarse. En las celdas de la Base Naval -ocupadas por Guzmán, Oscar Ramírez, Elena Iparraguirre y los emerretistas Víctor Polay, Miguel Rincón y Peter Cárdenas- se asegura que regresarán a la huelga cada vez que se busque presionar. La Defensoría, representada por el defensor adjunto para asuntos carcelarios Wilfredo Pedraza, se ha basado en no negociar ningún punto en medio de presión. Para convencer a los subversivos de esto, corrieron largas horas de discusiones. Carlos Tapia, integrante de la Comisión de la Verdad le confirmó a CARETAS que "no vamos a asistir a entrevistarlos mientras estén en huelga... Pero lo que nunca debe aceptarse, -agregó a título personal- es que se le dé curso político a la guerra. La reconciliación se hace sobre la base del imperio de la justicia. De lo contrario, sería lo mismo que hizo Fujimori en 1995, cuando le dio amnistía al grupo Colina. Los terroristas no han pedido perdón por masacrar en Lucanamarca, por matar a líderes populares como María Elena Moyano. Este no es el abrazo entre Montesinos y Guzmán. Como si ellos hubieran participado y nosotros fuéramos espectadores del partido Alianza-Cienciano". La Iglesia, por intermedio del presidente de la Comisión Episcopal,
obispo Luis Bambarén, mostró su preocupación. Esta
semana, Monseñor envió una carta en la que invocó
a la sensatez y urgió a los subversivos para que desistan. El ministro
de Justicia, Fernando Olivera, sentó desde un principio la posición
del gobierno: no ceder un milímetro. La renuencia del Ejecutivo y el interés clave de la Iglesia traen a la memoria el caso irlandés de 1981. La primera ministra británica, Margaret Tatcher, afrontó la huelga de un grupo de prisioneros de la cárcel de Maze, cercana a Belfast, que reclamaban mejorías carcelarias y recuperación de estatus político como miembros del IRA. Tatcher descartó la negociación y afirmó que ellos podían "estar jugando su última carta". Así fue. El líder del grupo, Bobby Sands (27), fue el primero en morir el 5 de mayo, luego de 66 días sin probar bocado. Cada uno de los que sucumbían era reemplazado por otro. A Sands lo siguieron nueve a la tumba. El que menos resistió fue Martin Hurson, con 46 días y en medio de una agonía en la que no pudo recibir siquiera agua. Kieran Doherty llegó a 73 días. Todos tenían menos de 30 años. EL LARGO BRAZO Para negociar, Sands y compañía contaban solamente con sus propias vidas. Guzmán pretende mostrar una carta adicional en lo que llama la "solución política a las consecuencias derivadas de la guerra": demandas que contemplan el cierre de la Base Naval, Yanamayo y nuevos juicios. Además, afirman que si el Estado negocia a nivel político con ellos, podría ser interlocutor ante los que persisten en la lucha armada. Aunque sin información contundente, hay sectores de prensa que insisten en el posible reagrupamiento de SL. Durante la huelga, Guzmán ha negado el famoso "rebrote" que aparece intermitentemente en los titulares. Dice que a pesar de no tener ningún contacto con la disidencia senderista, es él quien está en capacidad de hacerla ceder. Pero el tan mentado aislamiento puede no ser tal. En la edición 1709 de CARETAS, se publicaron cartas que él envió a los representantes de SL en los penales, lo que demuestra capacidad de comunicación. Y aún así, de ser sincera la propuesta de Guzmán,
¿por qué Gabriel Macario Ala, Artemio, supuesto cabecilla
de los remanentes, habría de cumplir con la voluntad de su jefe?
Es conocida la ascendencia que Guzmán tiene sobre los senderistas.
Los terroristas de las distintas cárceles del país reciben
las noticias del líder como si se tratara de envíos postales
divinos. Pero eso no bastó para que Oscar Ramírez, Feliciano,
abandonara sus acciones ante el llamado de Guzmán. Aunque actualmente
le guarde respeto, se reserva el derecho de discrepar. Como otros que
sí están libres. Los seguidores de Artemio, en este caso, están concentrados en el Huallaga y la cuenca del río Ene, lo que los liga intrínsecamente con el narcotráfico. Esa es una razón económica para ignorar los cantos de una "solución política". El Ejecutivo, por su parte, tiene limitada su estrategia a negar cualquier negociación con los terroristas. La Defensoría ha cuestionado la utilización de ciertos penales. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha hecho lo propio con la ley antiterrorista que sigue vigente. Todo está dentro de los reclamos de los subversivos. HUELGA DE SANGRE Con estas huelgas, Guzmán utiliza lo que antes despreció como "antirrevolucionario". Esa incongruencia se añade a la firma, en 1993, del "acuerdo de paz" con Alberto Fujimori, cuando el año anterior los documentos senderistas tildaban de "genocida" a ese ex Presidente. El más grande traspié fue iniciar su lucha armada en 1980,
ignorando procesos como los de la reforma agraria. Económicamente
desastrosa, hoy se reconoce que sí logró un grado de integración
social. Para Tapia, "Sendero necesitaba antagonismo por el tema de la
propiedad de la tierra. Este ya no existía, entonces Guzman acuñó
la frase el Estado es terrateniente y desató una locura
fundamentalista". La "guerra popular" de los campesinos contra el Estado
se convirtió en una lucha entre humildes. Esa pesadilla le resta
derecho de negociación a los senderistas.
En 1987 se registraron asesinatos de ronderos ayacuchanos como Magno Cárdenas, degollado por un niño de nueve años. Menores aún eran raptados para ser adoctrinados como correos de los terroristas. Los testimonios de campesinos arrepentidos, del tenor de los de Emilio Sánchez se multiplicaban: "Yo he matado obligado en Yerbabuena, me obligaron a matar a 8, los ahorqué". Durante las carnicerías que perpetraban, los senderistas no dudaban en acabar con las vidas de bebés de tres meses (Canayre, 1989). Antes que el terrorismo tomara a las ciudades con bombas y asesinatos selectivos, caían por igual ingenieros agrarios, ingenieros japoneses, campesinos inocentes y autoridades locales. Toda expresión cultural y de organización social era borrada del mapa. Tabula rasa, que nunca contempló la negociación política que hoy reclaman tan ardorosamente, que tuvo como consecuencia once mil acciones de sabotaje y cinco mil acciones de guerra. Tres mil asesinatos fueron directamente realizados por senderistas y se les atribuye la responsabilidad de varios miles de muertes más (fuente, Comando Conjunto FF.AA.). CARETAS supo que Guzmán sueña con la reivindicación histórica. Como algunos japoneses que luego de varios años se negaban a aceptar su derrota en la II Guerra Mundial, a `Gonzalo' le es difícil digerir que los grandes temas de la sociedad peruana actual sean la situación económica y el desempleo, no la guerra. No llega a entender por qué no hay grandes movilizaciones a su favor, por qué sectores de la sociedad civil o estamentos públicos no le muestran simpatía. Para encontrar las respuestas, le bastaría con escrutar su conciencia. (Enrique Chávez)
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