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Edición Nº 1713 |
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Por
FERNANDO VIVAS
¡El Canal 4! Para los espectadores es justicia; para el gobierno, un golpe político contra un canal que se le salió de la horma en la que prometió estar durante la campaña del 2001. Los embargos que el procurador Luis Vargas Valdivia pide se decreten para el 4, se pueden leer así: "estos zamarros fujimontesinistas se salvaron de que les quitemos las licencias por la vía administrativa; ahora los cagaremos por la vía judicial". Cabeza fría, señores. América se ha armado con César Hildebrandt y con Nicolás Lúcar y su historia del cholocóptero. El zumbido de sus hélices no deja dormir a Toledo, pero zumbaría mucho más si se convierte el caso judicial de los delincuentes Crousillat en una vendetta. Que caiga la ley sobre los dueños y sobre los corruptos que les permitieron fugarse. Si el canal debe responder por ellos pues con el canal delinquieron, que así sea, pero cautelando la libertad de expresión de sus programas periodísticos y los derechos de los acreedores que, por cierto, están protegidos por Indecopi y en espera de que se instale la junta de acreedores que tendrá que decir lo suyo respecto al destino de América. El objetivo del proceso contra la corrupción no es proveer al Estado de cámaras, trasmisores y sets televisivos; sino asegurar que en el Perú no cunda la impunidad. ¡La ley de radio y TV! El proyecto cocinado en la comisión de Natale Amprimo está pronto a discutirse en el pleno del Congreso. Conversé sobre él con el ex defensor del pueblo Jorge Santistevan, y coincido en sus críticas fundamentales: La declaración de principios fundamentales (defensa del orden jurídico democrático, preservación de la libertad de información, fomento a la educación, respeto a la dignidad humana), de ninguna manera debe estar vinculada a la posibilidad de sancionar con multas y hasta retiro de licencias a quienes, según juicio subjetivo de la autoridad, los hayan violado sistemáticamente. También resulta antojadizo regular el principio de "libertad de acceso" a cualquier "persona natural o jurídica que cumpla con las condiciones exigidas para ello", sobre todo cuando el derecho a la rectificación ya está consagrado en la legislación. Hay que cerrar estas puertas abiertas a la censura y a la imposición política. Al CONARTE (Consejo Nacional de Radio y TV), compuesto de 5 miembros y ninguno de ellos del gobierno, lo que se oye bonito, le falta un representante de los medios y le sobra un delegado del Colegio de Abogados. La publicidad estatal debe ser más transparente, la publicidad electoral no debiera ser gratuita sino que el Estado pague por ella y cuando entre las causales para no dar ni renovar licencia se menciona a delitos con penas mayores de 4 años, debiera incluirse específicamente a casos de tráfico de influencias. Ojalá, la discusión que sigue pula la ley. ¡El rock es cultura! Por Resolución Directoral No. 170 firmada por la directora del INC, Leonor Cisneros, declárase "de interés cultural al rock como una manifestación cultural de expresión universal, que forma parte de la diversidad cultural del Perú" ¿Y la salsa, el jazz, la tecnocumbia, el bolero, la nueva trova, el festejo, qué? Por responder a tontas y a locas a una campaña snob que denunciaba la cancelación de espacios rockeros en Canal 7 y Radio Nacional sin considerar la calidad de éstos, el INC, sin debate de por medio sobre qué merece destacarse como patrimonio cultural o no, ha evacuado esta resolución deliciosamente tonta. Para colmo, ni siquiera se habla del rock peruano sino del rock en general, como si el INC, en lugar de promover la producción local, tuviera que ratificar el valor cultural de manifestaciones universales. Pírrico triunfo para los rockeros, para sus apolíticas ondas subtes, para su espíritu de capilla, para su iconoclastia de fanzine, esta inclusión simbólica entre las huestes del gobierno. Es como para bailar pogo contra la pared. Declárese, más bien, de interés antropológico, el comportamiento de la directora del INC que cree que con su rúbrica puede decretar el interés cultural de un género musical. Usted no está para legitimar nada, doctora Cisneros, pues no se le conoce predicamento en ningún campo de la cultura popular; sino para coordinar las acciones y políticas de protección y preservación del patrimonio monumental y de promoción y difusión de nuestras manifestaciones culturales. Esa es su chamba y la verdad es que tenemos poca noticia de ella. ¡Melcochita también es cultura!
Escribe DRUSILA ZILERI
Es difícil hacer un análisis
de la TV peruana en general después de haber vivido y trabajado
en este medio por más de 10 años en el extranjero. Sin embargo,
en las tres semanas que he estado viviendo nuevamente en el Perú,
me he dedicado a observar con detenimiento los programas "informativos",
ya sean noticieros o programas periodísticos, fundamentalmente
los dominicales. He podido llegar a algunas conclusiones en base a las
diferencias que hay entre la TV peruana y la ofrecida a los denominados
"hispanos" en los Estados Unidos. Es un hecho que mientras que en los
últimos 5 años, diría yo, el enfoque de la TV dirigida
a los latinoamericanos en el país del norte, se acerca cada día
más al entretenimiento, por no decir al embrutecimiento, en el
Perú, por lo contrario, los informativos del acontecer actual abundan,
buenos o malos. El peruano quiere saber qué pasa, de eso depende
su vida, el problema es que se lo crea todo. Para los que nos gusta el
periodismo, el Perú es una mina de oro. La competencia es grande,
pero por principios hay que saber manejarla. La desinformación
masiva, por unos cuantos puntos de "rating" resulta sumamente dañina
para el país. Si, por otra parte, comparamos nuestros programas
periodísticos, incluyendo los noticieros peruanos, con los norteamericanos
orientados al mercado "gringo", hay una gran diferencia fundamentalmente
en forma, más que en contenido. El ritmo de la televisión
peruana es mucho más lento, al parecer lo lento y pausado implica
seriedad. Sin embargo, a mi entender, es bueno señalar que la agilidad
de un programa no tiene por qué quitarle seriedad. Sería
bueno agilizar la TV, para dar más información en menos
tiempo, al menos que el tema amerite lo contrario. Talento en el Perú
hay, y mucho. Desafortunadamente el que está en demanda para su
exportación, no es necesariamente el que beneficia la imagen del
Perú y la de los peruanos... (¿"Laura" les suena familiar?) La última del Presidente
De la guerra de Toledo vs. la TV, que es en
realidad una bronca entre el Presidente y su holograma, se puede anticipar
una conclusión que el mandatario tiene la facultad de tomar o dejar:
despresidencializarse, o sea borrarse de una pantalla que no debe controlar
y que tampoco puede hacerlo. Si dejara de buscarla con insistencia podría
dedicar más tiempo y energía a las decisiones de gobierno.
Si en lugar de ponchar los dislates presidenciales las cámaras
hurgaran con más ahínco en las acciones de Estado, podríamos
vernos más en claro. Pero el presidente no es reactivo en el mejor
de los sentidos sino en el peor, es terco en su zigzagueo y así
lo vimos el martes muy temprano en Villa El Salvador, responder a Canal
4 y la ola opositora que embarga a buena parte de la prensa con un mensaje
imperativo: construyan, no dividan al país, pidió, hagan
como Verónica Linares de Canal 5. El mérito de Linares fue
reportar a los discapacitados del asentamiento humano Nueva Era y ponerlos
en la agenda populista del mismo presidente que un día antes había
dicho, engoladísimo, "no vamos a caer en el populismo". Aparte
que ignoró que el diario Ojo ya había cubierto el tema y
que la mención al 5 era parte de sus juegos de pantalla, queda
nuevamente expuesta la dificultad del Presidente por entender el trabajo
de la prensa.
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