Edición Nº 1715


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    4 de abril de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    No Soy Nada Sin Ella

    AY hija, no sabes, casi la mato a la Jessikah's Jesseniah's por cambiarme el orden de las cosas, pucha, aprovechando que yo estaba en NY pasando la Holly Week. Mira, o sea, yo regresé el domingo en la mañana extenuada y me tiré en la cama sin mirar nada, ¿ya? Cuando horas más tarde me despierto, pucha, y como siempre hago, o sea, busco mi imagen en un espejo veneciano que me regaló Cholón Ugaz y que lo he puesto frente a mi cama porque si no me chequeo todas las mañanas, o sea, corro el riesgo de perder mi identidad, ¿ya? Y bueno, qué crees, levanto la cabeza, me miro en el espejo ...¡y me encuentro con Martucha, ag, vestida de rojo, el ojo torcido y la boca más de tramboyo que nunca! ¿Qué había pasado? Bien fácil, la Jessi, pobre, me había puesto el televisor frente a la cama, o sea, como hacen ellos -ellos, pues- que son súper mediáticos de tanta pobreza crítica, yo sé que tú me entiendes.

    Hija, pegué tal grito (¡Aplaca Señor tu ira, tu justicia y tu rigor, por tu Santísima Madre, misericordia Señooooooor!), que el portero del edificio llamó a los bomberos y felizmente ese día no había agua en San Isidro, si no imagínate. Pero bueno, qué quieres que te diga, o sea, me bastó verla a la Martucha, ag, para darme cuenta en una síntesis minimalista regia, pucha, lo mal que he estado sin ella durante los últimos meses. O sea, ahí entendí la esterilidad de mi creatividad, mis dolores de cabeza, mi mal humor con Diego, mi sed de absoluto y mi ragre de vivre, no sabes. Me di cuenta, hija, de que sin Martucha yo soy algo así como Balzac sin Bovary, Yourcenar sin Adriano, Mario sin Varguitas o Baudelaire sin flores del mal, no puedes imaginarte.

    Te voy a decir una verdad que sólo se la he contado a Saúl unas tres mil veces durante mi análisis, ¿ya?: yo soy una morbosa absoluta, no sabes. O sea, no he resuelto esa fase anal en la que los infantes juegan con sus excretas, ¿ya? Me leo la prensa chicha todos los días, escucho Agua Bella en el radio del auto (pero eso sí, cuando voy con Maripí pongo CDs de Stockhausen), muero por el cau cau y me tiraría a Risco, no sé si me entiendes. Por ahí, hija, es que me explico mi apego por Martucha, ag, que dicho sea de paso, o sea, me han contado que cuando la estaban operando en Houston (¡con mis impuestos!), pucha, el médico casi se desmaya porque nunca en su larga vida profesional había escuchado a un tumor gritando "¡sáquenme de aquí que soy benigno!", qué lindo, ¿no?

    Bueno hija, desde ese día ya me fregué porque ando grabando todas las entrevistas que le hacen a Martucha, ag, por la televisión, recorto y guardo lo que aparece sobre ella en los periódicos y, muérete, o sea, hasta me he disfrazado de Mónica Chang para ir a verla al Congreso, aunque sea desde el área de prensa. Y de tanto mirarla te voy contando que, pucha, o sea, para empezar, se me ha subido por lo menos treinta kilos, parece un container la pobre. Aunque no, container no, porque se la ve de lo más humanizada en su actual relanzamiento, cómo te explico. En realidad, pucha, o sea, parece una Irene Papas de tragedia peruana en pleno llanto cósmico por la maldad de los Hados de Los Olivos. Me ha sacado para el diario un ventarrón de víctima de las circunstancias que te lo juro que me da una pena horrible, tanto que he estado a punto de llamar a mi primo Javier Diez Canseco a pedirle que please, o sea, no vuelva a contarle los meses de embarazo con los que la pobre se casó, a cualquiera le pasa, ¿no crees?

    Ahora, te digo, morbosidades aparte, pucha, sí me parece una barbaridad que el cholo Estrada la quiera sacar del Congreso, creo que es de una falta de compasión ho-rri-ble. Porque fíjate, o sea, la Gamboa y la Salgado son recurseras y ya agarraron chamba de inmediato. Me han contado que la primera hace el casting de un web site regio pensado para promover la imagen de la mujer peruana, que se llama chibolitas.com; y en cuanto a la Salgado, qué quieres que te diga, o sea, ni bien la zumbaron del curul, pucha, se puso el uniforme celeste ESSALUD, colgó cartel en la ventana de su casa de SE APLICAN INYECTABLES y no hay poto en el barrio que se le haya escapado. Pero la pobre Martucha, ag, ¿qué? ¿No han pensado en ella, desalmados? ¿No se han imaginado a la bebe cambiada de colegio, ahora en el Cruz de Chalpón, recordando anegada en llanto cómo se codeaba con las niñas Van Ginghoven y Graña en San Silvestre? ¿Qué quieres, Estrada, bajar la PEA, agudizar las contradicciones? Qué horror, viva Martucha, ag. (Rafo León).


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