Edición Nº 1715


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    4 de abril de 2002
    Por AUGUSTO ELMORE

    "Si desea, puede dejar su mensaje en la casilla de voz": ¡Pues no deseo!, le contesto, pero ni me responde, y lo que es peor, ni me escucha. Y no deseo porque últimamente está siendo imposible comunicarse directamente con las personas, ya que sólo queda la casilla de voz, la maldita. Sí, ya sé que es una forma moderna de comunicarse, y que la casilla de voz te remite a la persona casi siempre. Ca-si siempre. Pero extraño la época en la que alguien te contestaba: Aló, ¡hola, eres tú!, o ¡Es usted!, o el humanísimo ¿Con quién quiere hablar? Y lo peor es que cuando, ahora, uno quiere comunicarse con alguien en una empresa más o menos grande, tiene que elegir entonces entre marcar el 1, para atención al cliente; 2, para facturación; 3, para consultas sobre servicios; 4 para hacerte perder el tiempo; 5 para finalizar y por último tienes que esperar que haya una operadora disponible que te conteste y te comunique con la persona con la que hacía cinco minutos tratabas de comunicarte, no está y te diga (la máquina maldita): La extensión con la que usted quiere comunicarse no está disponible, vuelva a intentarlo. Si sigue así la cosa las palomas mensajeras serán mucho más rápidas. ¡Todo se debe, sin duda, a la electrónica y la (entre comillas, claro) "comunicación moderna"! ¿O será la descomunicación en progreso? ¿O el progreso de la descomunicación?

    Leo en un diario: Fujimori será declarado reo contumaz. ¡Cómo!: ¡¿Otro reo contumaz?! ¿No bastó con el primero? Parece que se siguen los pasos. Hermanos gemelos diría. Como Los hermanos Corso.

    Había visto plazas y monumentos dedicados a Grau, a la Madre, a algún Niño Héroe, a San Juan de los Palotes y hasta al Rotary Internacional, pero cuál sería mi sorpresa el otro día al encontrarme, camino a Ancón, con una plaza y un monumento en honor de Repsol, la compañía petrolera de origen español. Está ubicada en un sitio estratégico, en la confluencia de las avenidas Elmer Faucett con Néstor Gambetta, y es una gran plaza, un óvalo mucho mayor que el Ovalo de Pardo y Av. Arequipa y que el mismísimo Ovalo Gutiérrez. En medio de él, una estela enorme, un monumento, no por sobrio menos decidor, dedicado a Repsol, el nuevo símbolo patrio nacional, empresa a la que el municipio no sé si del Callao o de Ventanilla rinde así patriótico culto, que viene a ser al dinero, claro. Porque para ciertas personas o autoridades, el dinero es digno de culto y veneración. (Como que muchas de ellas se lo llevan para adorarlo en casa).

    Y lo mejor de todo es que el césped y los dos miserables árboles que allí han sido plantados acompañando al crematístico monumento, son de una pobreza de dar pena. Le falta cuidado y riego. Lo único que sí se mantiene muy bien es el obelisco que dice Repsol. Como dicen los españoles: ¡joder!

    Yo me pongo a pensar si en una encrucijada de caminos en España podrán poner alguna vez un monumento lítico a Petroperú. Habría que pedir reciprocidad.

    Otra cosa que notamos por el área es la extracción o tala que el municipio del Callao -que por lo contrario mantiene en muy buen estado las bermas de la Av. Elmer Faucett- ha cometido en un parque ubicado en un triángulo de terreno existente en la intersección de las avenidas Faucett y La Marina, en donde el espíritu generoso, emprendedor y ecológico de la señora Mariana Pollak sembró un pequeño bosque hace unos cuantos años. Allí se hizo tierra arrasada y se extrajeron, o talaron, todos los árboles que con tanto trabajo sembró la dama mencionada. Ahora han puesto césped allí, como si éste pudiese reemplazar las copas oxigenantes de los árboles. ¡Qué bárbaros Atilas!

    Estoy empezando a pensar que hay que prohibir las elecciones municipales, y que los alcaldes deben ser elegidos a dedo, como antes. Porque la mayoría de los de ahora hace tierra arrasada con lo que les cae en manos. Como se quiere hacer ahora en Miraflores con sus dos parques principales. ¡Que elijan a dedo a los alcaldes, y que se haga responsable a quien los eligió! Bastaría entonces cortar una sola cabeza para que las cosas cambien.

    ¿Cuántos árboles puede usted contar en el Ovalo Gutiérrez, de Miraflores, que tiene un estacionamiento en su subsuelo? Allí mas bien podría levantarse un monumento a Cementos Portland, su símbolo. Mismo Repsol.

    Respecto a la descentralización ordenada por una ley hecha a la ligera por el Congreso, los peruanos deberíamos aprender un poco de la Argentina, cuyo déficit y cuya gigantesca deuda se han producido principalmente en las provincias, en donde los caciques lugareños hicieron de las suyas. Si las provincias descentralizadas peruanas van a ser capaces de solicitar y obtener préstamos a sola solicitud, rápidamente iremos a la quiebra del Estado, como en Argentina. Por de pronto hay ya una buena cantidad de provincianos que tienen puesto seguro desde el saque. Aunque todavía no sepan qué van a hacer.

    La maléfica campaña emprendida por el Apra contra la Comisión de la Verdad aparentemente sigue los deseos de los fujimoristas acérrimos, que siempre vieron con malos ojos a la Comisión que estudia los crímenes cometidos en la década fantástica, como se atreven a llamarla. Pero como los crímenes vienen desde antes, el Apra busca ahora desprestigiar su labor, uniéndose una vez más al fujimorismo al que hicieron llegar al poder. Felizmente la pulquérrima figura de Salomón Lerner Febres y de quienes lo acompañan en el difícil encargo, sobrevivirá a los interesados ataques. ¿Como a Virginia Woolf, quién le teme a la Verdad?


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