Edición Nº 1715


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    MAL MENOR
    4 de abril de 2002

    Por JAIME BEDOYA
    Sociedades Solitarias

    SE puede amar a la humanidad, pero detestar a la gente. Quienes incurren en este acto asocial selectivo suelen verse obligados a caminar los caminos de este mundo en poca o nula compañía, mirando de lejos la dicha general tal como si de una fiesta a la que no hubieran sido invitados se tratara. Existen para estos individuos otras alternativas de asomarse a la felicidad, así sea detrás del vidrio. Se trata de una ruta secreta e incomprendida, posiblemente sujeta a burla y tratamiento médico. Mas es honesta y sólida convocatoria entre semejantes que sólo entre ellos se reflejan. Algunos ni siquiera se conocen entre sí, otros no se volverán a ver, y he ahí la fortaleza de la sociedad solitaria: las cosas que no suceden jamás se desvanecen, quedan grabadas en el corazón con una dulce tristeza.1

    * El Barriguismo.- Dos son los axiomas que otrora mantenían unidos a sus practicantes: a) Mi barriga es el centro del universo, b) El universo debe proceder de acuerdo a los designios y necesidades de mi barriga. Ambos se deben a la autoría de Eduardo Poplo, quien en 1957 decidió sistematizar lo que en su caso venía a ser un ejercicio vital de diferenciación personal. Contrario a someter su vida a normas sociales que estimaba vacuas, decidió apelar a la honestidad ventral y convocar a aquellos suficientemente valientes como para seguirlo. Lamentablemente los seguidores trajeron consigo confusión y al finar Poplo (1965) su doctrina se escindió en dos vertientes: el barrigoncismo (que mantenía la barriga del difunto Poplo como objeto de los dos axiomas primordiales), y el barrigocentrismo (que aplica los postulados a la barriga de cada quien). El culto actual a la actividad física, de la mano con las tendencias vigentes de alimentación sana y ligera en grasas, ha devastado el barriguismo como organización. Sigue vivo sólo a meritorios esfuerzos individuales, muchos de ellos inconscientes de su valía más allá del meteorismo experimental.

    * El Club del Pijama.- De esencia universal, el Perú le debe su raigambre a la cadena de establecimientos Oeschle, ya pertenecientes al camposanto empresarial peruano. Era en sus estantes que los precavidos padres de familia podían encontrar amplia variedad de pijamas de franela en una gama de colores tranquilizantes que aseguraban el plácido sueño de sus niños, facilitándoles a ellos las horas necesarias para dedicarlas a los varios gozos del matrimonio, como la televisión en compañía y el baño en tina a voluntad. Inadvertidamente estos adultos premunían a sus pequeños de los mejores y más felices recuerdos de su infancia, lugar seguro al cual volverían ante tribulaciones futuras. Este refugio de franela es al cual acuden los inoculados por la simpatía hacia el C.D.P. Sus miembros pueden ser vistos haciendo compras en pijama sin inmutarse ante impertinentes miradas de evocación ansiolítica. Ellos se reconocen entre sí gracias a la memoria olfativa (la franela se caracteriza por su retención de olores), pero salvo alguna afectuosa sonrisa en silencio es poco común que intercambien pareceres intrascendentes, como el estampado de la franela, comparación de horas de sueño, etc. El Club no es ajeno a los tiempos cambiantes, en virtud de lo cual el buzo -pijama moderno no reconocido, por así decirlo- suplanta a la franela con solvencia. Los miembros del Club del Pijama prefieren evitar el uso de ropa inferior que se interpondría entre la predisposición al sueño y su piel.

    * La Gente que Quiere Ir al Baño Todo el Tiempo.- Su naturaleza no debe ser confundida con la del diarreico común. La Gente que Quiere Ir al Baño Todo el Tiempo celebra la hermandad de la urgencia previa, ese tintineante y placentero alboroto que avisa de la inminencia de una necesidad impostergable. Suelen ser muy comunicativos entre sí, recomendándose técnicas de contención y la ubicación de los servicios higiénicos más agradables de cines y restaurantes locales. Una frente perlada con gotas de sudor frío identifica a los miembros de este colectivo. Son gente extrovertida y servicial, aunque monotemática.

    * El Sanmiguelismo.- Los seguidores de esta corriente sólo quieren estar a solas entre ellos. Buscan refugio entre la multitud, optando por una mimesis fallida de antemano, que la complicidad convierte en oasis. En los populosos centros comerciales del agitado distrito de San Miguel se acurrucan en torno a enjundiosas observaciones sobre el desplazamiento de masas y el cuestionable gusto medio del que son testigos circunstanciales, lo que los convierte en estudiosos amateurs de una disciplina inútil. Tales conocimientos sin futuro ni provecho constituyen el sustento ideal para cultivar una compañía tan frágil como mágica. El cine con pulga acostumbra ser tópico predilecto, no desestimando la posibilidad mitológica de deglutir un sandwich fosforescente en Cococombo, pequeño snack bar de la zona donde se cocina a neón. El Sanmiguelismo es un culto pequeño pero feliz, aunque actualmente se encuentra en crisis debido a sus altos índices de deserción. Esto no necesariamente tiene que ser negativo para el rubro de las sociedades solitarias: La energía no se destruye, se transforma. Quien queda a solas en el Sanmiguelismo automáticamente procede a engrosar, con los honores correspondientes, las filas del Club del Pijama .

    __________
    1
    Interpretación de Flaubert según la miniserie "Dawson Creek" (La protagonista cachetona está enamorada de su profesor de literatura).


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