Edición Nº 1717


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    ARTICULO

    18 de abril de 2002

    Demolicion Israelí
    La demolición del prestigio de Israel. Eso está logrando la ofensiva blindada desatada por el primer ministro Ariel Sharon y los halcones de su gobierno Likud contra los llamados campos de refugiados palestinos en Cisjordania. Y ahora los escombros que huelen a muerte han horrorizado al mundo.

    Marwan Barghuti detenido el lunes. Dirigente de al-Fatah de Arafat, Sharon (al lado) lo acusa de encabezar las brigadas suicidas al-Aqsa. Sin embargo, desde hace 9 años es Hamas quien generalmente se atribuye esos atentados.

    SI, ya se sabe, fueron esos atroces, insanos atentados suicidas -particularmente el del 17 de marzo en Natanya que mató a 27 civiles israelíes - los que provocaron la ofensiva israelí. Pero ahora, ¿quién termina perdiendo?

    Quizás por primera vez, en sus 54 años de existencia, Israel se enfrenta a una crítica internacional masiva que incluye no sólo a árabes sino a amigos prominentes - a periódicos como el New York Times y a intelectuales como Mario Vargas Llosa (ver nota siguiente).

    Sin embargo, el primer ministro Ariel Sharon, el más halcón de los halcones del partido Likud, ha desoído tanto esas objeciones como el pedido de los Estados Unidos, de las Naciones Unidas y de la Comunidad Europea para detener su radical acción militar.

    Falta una semana, dice, para terminar de desactivar la infraestructura terrorista en Cisjordania.

    Cualquiera de estos días, otro suicida de la organización Hamas, que no sólo no es controlada por la OLP sino que ha llamado traidor a Yasser Arafat, puede desmentirlo.

    Quienes simpatizan con la causa esencial de Israel y la trayectoria asombrosa y heroica de un país cuyo territorio es más pequeño que el departamento de Lima; quienes comprenden que después del holocausto que cobró 6 millones de vidas en la II Guerra Mundial era más importante que nunca encontrar una patria y un refugio para los judíos del mundo; quienes aceptan que la Palestina ancestral era el lugar más obvio; quienes recuerdan la historia del sionismo, el modelo igualitario de los kibutz y la democracia singular de una nación rodeada por dictaduras o monarquías absolutistas; quienes admiran a héroes militares convertidos en luchadores por la paz como el mártir Yitzhak Rabin y Ehud Barak; quienes calculan lo cerca que se estuvo de lograr un acomodo después del reconocimiento mutuo de los acuerdos de Oslo y los progresos que asomaron en el año 2000, no pueden sentir mayor decepción y desaliento ante una espiral de violencia que ha convertido al agredido en un inadmisible y desorbitado agresor.

    Fue, por cierto, el propio Sharon quien desencadenó esta intifada -esta insurrección- cuando en setiembre del 2000 encabezó una delegación de su partido al Haram al-Sharif, el santuario más sagrado de los musulmanes en Jerusalén.

    Campo de refugiados de Yenin en escombros y muertos palestinos en Mablus.

    Sabía perfectamente que ésa era una provocación en una situación delicada y los palestinos de Gaza y Cisjordania reaccionaron atacando con cohetes y armas de fuego a las fuerzas de seguridad israelíes. Y así terminaron los esfuerzos - y el gobierno - de Barak.

    Ahora se libra una guerra que no tiene cuándo acabar y que puede conducir a un conflicto general en el Medio Oriente, y acaso más allá.

    En los campos de refugiados como Yenín y Ramala los palestinos y algunos observadores internacionales hablan de centenares de muertos.

    Estos episodios, los más sangrientos de la actual campaña, se produjeron pocos días después de que el presidente Bush llamara a Israel a retirar sus tropas de las ciudades palestinas ocupadas y han persistido a pesar de las gestiones personales del Secretario de Estado Colin Powell. El que esto ocurra frente a una propuesta del aliado más fiel de Tel Aviv, que es al mismo tiempo el que más ayuda proporciona a éste, indica hasta qué punto ha llegado la intransigencia de Sharon.

    Esta ha encontrado, por otra parte, su principal impulso en las acciones de grupos fundamentalistas palestinos, que han estremecido de horror incluso a quienes simpatizan con la causa de Palestina.

    Hay dos grupos violentistas que proclaman sus métodos y reivindican sus actos. Uno es el Hamas y el otro es el Jihad.

    Secretario de Estado Colin Powell con Ariel Sharon y Arafat en misión casi imposible.

    EXTRAÑA GENESIS

    Hamas es el acrónimo de Harakat-el-Muqawama el-Islamiya o Movimiento de la Resistencia Islámica. Es una rama de los Hermanos Musulmanes, y una poderosa organización que también tiene escuelas y biblioteca coránicas, clubes deportivos y otros centros de influencia popular.

    Pero las matanzas en supermercados o centros de esparcimientos ocurridas en Israel suelen ser obra de Hamas. La fuerza de esta organización se ha agrandado hasta el punto de desafiar a Yasser Arafat, pintarlo como un político endeble y, como se ha dicho, tildado de traidor.

    Ahora, resulta que Arafat está prisionero en su cuartel general, destruido por los tanques israelíes. Sharon ha llegado a ofrecerle una salida, pero sin pasaje de regreso.

    La pregunta que sale al paso es: ¿Y después de Arafat, qué? Un probable sucesor, Marwan Barghuti, acaba de ser detenido por el grupo elite de tropas israelíes.

    Es probable que sus reemplazantes sean aún más violentistas y más vinculados a grupos terroristas del exterior y se preparen para un conflicto más amplio.

    LO QUE DICE LA HISTORIA

    Lo curioso de la tragedia es que tanto los judíos como los árabes tienen igual origen étnico. Hasta es posible que los palestinos sean, en cuanto a "raza", más judíos que los judíos. Un estudio de las Naciones Unidas publicado en 1980 recuerda que en tiempos remotos, Palestina fue poblada por diversos pueblos semitas, el más antiguo de los cuales fue el de los cananeos. La tradición dice que Abraham, antepasado común de judíos y árabes, marchó desde Ur a Canaán.

    Las tribus israelíes llegaron a Palestina tras su cautiverio en Egipto y se unieron en un solo reino, bajo la dirección del Rey David, en el año 1000 antes de Cristo.

    Tras muchas vicisitudes, árabes y judíos se dividieron. A principios de la era cristiana, el emperador Adriano prohibió que los judíos entraran en Jerusalén. De esa época data la dispersión judía por todo el mundo. Desde entonces, no existió un gobierno judío en Palestina.

    Durante siglos, ese territorio estuvo gobernado por árabes y, turcos, Palestina propiamente dicha no tuvo fronteras hasta que el Mandato Británico la delimitó en 1920.

    Claro que los judíos tenían razón de reclamar un suelo donde no los persiguieran, como hacían los zares rusos y otros gobiernos antes de la I Guerra Mundial. Fue un periodista, Theodor Herzl, quien planteó la necesidad de un Estado nacional judío. El creador del sionismo llegó en algún momento a proyectar un hogar judío en Africa Oriental y hasta en la Argentina.

    Sobreviviente de atentado palestino que mató 15 civiles en restaurante en Haifa.

    Los británicos ocuparon la región de Palestina a raíz de la I Guerra Mundial; pero en 1917, Londres apoyó en una carta del Ministro de Relaciones Exteriores Arthur James Lord Balfour la posición sionista de crear allí el estado de Israel.

    Entre las dos guerras mundiales se produjeron oleadas de inmigración judía y en 1929 una asonada arabe dejó centenares de muertos y miles de desaparecidos entre los recién llegados.

    En 1939, las tierras de propiedad de judíos en Palestina sólo cubrían el 5.7% del total. Después, a medida que crecía el anhelo de un hogar judío y al finalizar la guerra con sus terribles secuelas, llegaron cientos de miles de inmigrantes más y empezaron a emplear métodos violentos contra los palestinos y los británicos también.

    Al fin, en 1947, la ONU decidió la creación en Palestina de dos estados: uno árabe, otro judío. Ambos debían obtener la independencia en 1948. Los árabes rechazaron esa resolución.

    El 14 de mayo de 1948 fue proclamado el Estado de Israel. Esto generó un ataque por varios países arabes que rechazaron "la entidad judía" pero estos fueron repelidos.

    Durante años persistieron las escaramuzas fronterizas con Egipto, Siria, Jordania y Líbano, hasta que en 1967 se desencadenó la Guerra de Los Seis Días. En menos de una semana, Israel derrotó a todos sus enemigos y como botín de guerra se quedó con Cisjordania, que pertenecía a Jordania, las alturas del Golán que pertenecían a Siria (y que usaba para bombardear el norte de Israel) y el desierto del Sinaí con Gaza que pertenecían a Egipto.

    Después, el 6 de octubre 1973, -el día del Yon Kippur, la fiesta de guardar más rigurosa de los judíos- Israel soportó un ataque sorpresivo egipcio y sirio (apoyado por otros seis estados árabes y la URSS). Sufrió miles de bajas, pero al reaccionar por poco rodea y destruye al ejército de Sadat al otro lado del Canal de Suez.

    La intervención de tanto EE.UU. como la URSS logró un alto al fuego y luego, en 1978, se produjo un acuerdo histórico. El presidente egipcio Sadat y el primer ministro Begin hicieron las paces en Camp David e Israel fue devolviendo el Sinaí a Egipto.

    Sadat fue asesinado en 1981 por firmar ese acuerdo, ya que todo el fundamentalismo seguía oponiéndose a la existencia misma del Estado de Israel.

    Lucha fratricida por un rincón pequeño. Aun sumando los territorios ocupados, el área de Israel es menor que la del departamento de Lima. A la altura de Natanya su ancho es de Lima a Chaclacayo.

    Pero con el tiempo, los estados árabes y aun el propio Arafat han ido declarando su disposición a reconocer a Israel con tal de que devuelva los territorios aún ocupados después de las guerras (incluyendo una franja de seguridad al sur del Líbano). Y con la ilusión de canjear "tierra por paz", eso es lo que estuvieron negociando y haciendo Rabin y Barak. El primero se retiró de parte de Cisjordania (y después también lo asesinó un fanático judío) y el segundo lo hizo de Líbano y parte de las alturas del Golán.

    Ahora esas son zonas de fricción que pueden desencadenar otra guerra regional.

    GUERRA SIN FIN

    La "infraestructura terrorista" que ha prometido destruir Sharon incluye todo tipo de estructuras. La televisión ha mostrado imágenes de tanques que destruyen casas; helicópteros artillados que demuelen barrios enteros; poblaciones privadas de luz, agua, alimentos.

    Eso no honra al Estado de Israel y no es un remedio adecuado contra el terrorismo.

    Por su parte, Arafat no supo aprovechar las posibilidades que le ofrecieron líderes israelíes como Rabin, Barak y también Shimon Peres, y los terroristas que atacaron deliberadamente a civiles israelíes son en buena parte culpables de que Sharón ocupe el premierato en Israel.

    Una tragedia descomunal asuela, en suma, lo que los cristianos llamamos Tierra Santa. Hasta la Iglesia de la Natividad es parte de la batalla.

     


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