|
Edición Nº 1717 |
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||
|
|
La Verdad sin Barreras
Entrevista:
EL padre Lanssiers respira con dificultad, pausadamente. Con un movimiento automático hurga en sus bolsillos esperando encontrar un cigarro. Finalmente, se lleva un mondadientes a la boca y lo mordisquea. Desde el 4 de enero, día en que una pulmonía fulminante lo postró "brutalmente" en la cama, ha dejado de fumar. Ahora se recupera pero aún está débil y tiene que cuidarse. Sin embargo, sigue en lo suyo: las cárceles, los abusos contra los presos y esa eterna lucha por la recuperación de la dignidad humana. Esta vez habla sobre la situación de la Comisión de Indultos de la cual es integrante, la Comisión de la Verdad y la crisis de la Iglesia. -Muchos creen que usted tuvo una buena relación con Alberto Fujimori y que por eso, durante su gobierno, los indultos se dieron con mucho más facilidad. -Sería muy audaz si dijera que tuve una relación amistosa con Fujimori. Lo veía de vez en cuando, es verdad, pero siempre a causa de las cárceles y de los abusos que allí se cometían. Yo tenía que protestar. -Se dice que hasta fue su confesor... -Se dicen cosas tan cómicas, por favor. No me veo como confesor de Fujimori. -Se dice también que conoció bien a Santiago Fujimori... -Sí, lo conozco muy bien porque sus hijos han estado en este colegio (La Recoleta). Es una buena persona y creo que parte de los problemas que tuvo Alberto Fujimori ocurrieron porque se deshizo de Santiago. Ahora lo quieren culpar por pedir rebaja para la compra de un avión. El es inocente. Y yo no soy el único que piensa así. -Da la impresión que la Comisión de Indultos está marchando muy lentamente... - Lo que pasa es que no tenemos una secretaría técnica, es decir, un grupo de abogados que prepare los papeles e indague los casos. No tenemos plata. Esperamos que dentro de un mes, con la ayuda económica del gobierno suizo, podamos restituirla. -Respecto a la Comisión de la Verdad, ¿qué piensa usted? -La gran ventaja es que se va a revelar hasta qué punto hubo abusos, crímenes, torturas, etc. y eso contribuirá a que la gente tome conciencia de lo que estamos haciendo. No tenemos derecho a ignorar lo que ha pasado. No podemos cerrar los ojos y taparnos la boca. Además, no se trata sólo de los problemas de los inocentes. Hay problemas conexos. Se piensa que si alguien está preso es por algo. Pues, profundo error. Muchos han sido condenados por cosas mínimas, apenas extravagantes. -Por ejemplo... -Hay a quienes les han dado 10 años por hacer una pinta en estado de borrachera. No es justo. Se tienen que ver las cosas globalmente pero también individualmente. Si uno conoce a la persona, entonces la perspectiva cambia completamente. Uno se puede dar cuenta si es justo o injusto. ¿No es extraordinario y escandaloso que haya, actualmente, personas que han purgado 9 o 10 años y que después hayan sido reconocidas por la comisión ad hoc como inocentes? No puede ser. -Se ha discutido mucho sobre los años que abarcarán las investigaciones de la Comisión de la Verdad y también sobre si debería ocuparse de regímenes democráticos, como los de Belaunde, García.... -Tiene que verse todo desde la época de Belaúnde porque si no fuera así sería injusto. Se trata de saber si se cometieron crímenes o no. ¿Qué nos importa quién fue el gobernante en ese momento? No convirtamos esto en un juego de política partidaria. -Belaunde está muy delicado de salud y el que se estén descubriendo atrocidades cometidas durante su gobierno, le debe saber muy mal... -Es una pena...a su edad. Pero es también lo que se tiene
que pagar cuando uno se lanza a la política. Hay que asumir responsabilidades.
Claro que en la época de Belaúnde las cosas todavía
no estaban muy claras. Belaúnde decía, por ejemplo -y eso
me parece enternecedor- que los subversivos no eran peruanos, que eso
era imposible. En fin, no se trata de Belaúnde, se trata de lo
que sucedió.
-Por otra parte, los apristas han cuestionado a los miembros de la Comisión... -Me disgusta tanto todo lo que está pasando. La política tiene que estar al servicio de la Nación y no al contrario. Cuando se ven las cosas bajo el aspecto de la política partidaria, hay un ángulo que escapa a la visión. A mí me cansa eso de: yo te acuso, tú me acusas, etc. -La Iglesia también puede terminar involucrada, de pronto por callar... -Finalmente todos somos más o menos culpables. Pero hay unos que son mucho más culpables que otros. Hay quienes -yo lo he visto- se han trepado al caballo de batalla de los derechos humanos bien tarde y cuando las papas quemaban se quedaron cuidadosamente con la boca cerrada. -¿Está hablando de sacerdotes? -De todo el mundo. Ahora, sobre la Iglesia, pensamos que ésta sólo la conforman los obispos y eso no es cierto. El clero de base jugó un papel bien importante, quizás no muy visible, en la defensa de los derechos humanos -Al cardenal Cipriani no se le recuerda, precisamente, por sus protestas cuando fue obispo de Ayacucho, al contrario... -Sí, pues. El dice que no dijo esto o hizo lo otro. Yo no sé. Los derechos humanos están en el corazón del cristianismo en un sentido tan claro como el día. Soy capellán de las cárceles. Soy sacerdote y eso me impone el deber, me guste o no, de luchar por la dignidad del hombre. Un día por los rehenes de las cárceles, otro por los presos y quien sabe mañana por los engalonados. No me puedo sustraer a eso. Pretendo ser cristiano y tengo que luchar por la dignidad humana aunque a veces no sea muy divertido pues la Dincote lo persigue a uno por todas partes. Un buen número del clero ha hecho lo mismo en el interior del país. -Pero estamos hablando del cardenal Cipriani... -Cipriani es Cipriani. Yo estoy hablando de una realidad más amplia. -El Papa está anciano y enfermo, ¿usted cree que lo sucederá algún cardenal del Opus Dei? -No tengo la menor idea. Necesitamos un Papa que se asemeje mucho a Juan XXIII. Estamos en un mundo donde debe primar la fraternidad demostrada. Ojalá que el Espíritu Santo se ponga las pilas en este caso. -La Iglesia está en crisis. Escándalos, sacerdotes pedófilos, debates a propósito del celibato... -Existe una crisis, es verdad. La Iglesia, para mí, es un pueblo de pecadores en marcha. ¿Para qué vamos a defender cosas que no son defendibles? Esa sería una apologética de quinta categoría. Lo importante es que seamos capaces de hacer autocrítica. Lo esencial en estos tiempos de crisis -hubo tantos- es buscar el verdadero norte. Yo sé que la Iglesia ha pecado en cierto número de cosas cuando ha debido aprovechar desde su posición, sobre todo los domingos en la prédica, de ocuparse seriamente de lo que llamamos moral cívica. -Lo de la pedofilia y el silencio de la Iglesia va más lejos... -Sí, es un escándalo y las cifras en la diócesis de Boston me parecen pavorosas. No obstante, también nos deben llamar la atención otras cosas. Gente que se muere por falta de medicinas, medicinas que se pudren en la aduana, tribunales que distribuyen penas como si fueran caramelos. Hay cosas que son más universales que otras y que nos hacen mucho daño. -Actualmente hay quienes promueven, acá en el Perú, un estado laico y, quienes piensan que los curas no deben intervenir en política. -Que los curas no deben intervenir en política es una afirmación que no tiene sentido. La política, en el sentido noble de la palabra es ocuparse de la historia de la ciudad, de la polis. A quienes no se preocupaban por su ciudad, los griegos les llamaban idiotas. Esa idea proviene de una especie de anticlericalismo primitivo e infantil. Es un viejo clisé que no debe ser considerado, que no merece reflexión. Le cuento algo: recuerdo muy bien a una chica indultada luego de haber pasado ocho años en prisión. Toma tus cosas, le dijeron, ahora pon tu huella aquí y vete. Luego se abrió la puerta y esa puerta, sicológicamente es terrible. Más allá en la calle corren ómnibus y combis como locos. ¿Se da cuenta de lo que sintió esa chica? ¿Todos esos años para que después le digan, usted es inocente, ponga su dedito aquí y se acabó el asunto? ¿Esa es la maldita política en la cual los curas no deben meterse? Pues yo sí me voy a meter. -¿Usted ha cuestionado su celibato? -A veces, en momentos depresivos. Pero ya no me lo cuestiono. Un poco tarde ¿no?
-¿No tiene tentaciones? -Si usted quiere saber si tengo la tentación de querer patear a un montón de gente, le diré que sí. Si usted quiere saber si tengo tentaciones sexuales pues le diré que no.
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||