|
Edición Nº 1717 |
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||
|
|
Pasando De Perfil
EL escándalo por la venta de los aviones Tucano a Angola se hubiera evitado de una sola manera: realizando una licitación transparente. Al respecto, el general Jorge del Carpio, comandante general de la FAP, todavía adeuda algunas respuestas. El pasado 7 de marzo guardó silencio cuando Javier Velásquez Quesquén, presidente de la comisión de fiscalización del Congreso, le preguntó la razón por la que se había pasado por encima de todo el proceso legal. La venta no se aprobó en el gabinete ministerial, como lo estipula la ley. Tampoco se esperó que el material se diera de baja para recibir propuestas de postores. Trade Air, la intermediaria que le vendió los aviones a Angola, presentó su primera oferta el siete de julio del 2000, un mes antes de que se solicitara la baja del material. En carta de Del Carpio dirigida a Velásquez Quesquén el
19 de marzo de este año, se lee: "Con relación a lo solicitado
por esa presidencia de comisión de remitir de especial manera las
cartas de invitación a los postores para la adquisición
de los aviones Tucano, cabe manifestar que en el proceso de venta efectuado
no se han emitido los documentos antes mencionados en razón de
que no se ha efectuado una subasta pública, sino una venta directa...".
Ya es sabido que no fue una venta directa, pues Trade Air es una empresa
intermediaria con direcciones en Islas Vírgenes, Angola y Brasil.
CARETAS tuvo acceso a documentos que comprueban, además, que sí
se enviaron cartas de invitación a los probables postores (ver
fascímil). El 18 de junio del año 2001, cinco meses antes
de que se cerrara el trato con Trade Air, el propio Jorge del Carpio,
entonces comandante de materiales, le dirigió una a William Fieldeing,
representante de la empresa Liberty Air, con dirección en Fort
Lauderdale, Florida. En ella, entre otros materiales, le ofrece seis aviones
Tucano "disponibles para la venta". Liberty había demostrado iniciativa de compra, ya que por lo menos
en dos ocasiones anteriores (12 de febrero del 2001 y 9 de abril del mismo
año) envió misivas a la FAP demostrando interés por
"ocho aviones Tucano". En el oficio del 12 de febrero, Fieldeing no se
refiere a material inutilizable, sino "excedente". Esa es la condición
en la que fueron dados de baja los seis aviones. ¿Si había otras propuestas, por qué no se convocó a una licitación transparente? ¿Por qué Del Carpio negó haber emitido cartas de invitación? Su responsabilidad es doble. Por un lado, aprobó la venta como comandante general del Instituto. Además, no reveló ante el Congreso estos contactos que tuvo él mismo como comandante de materiales, cargo en el que se desempeñó hasta agosto pasado. Ya en noviembre, la Contraloría de la República tenía las miras puestas en esa unidad. CARETAS intentó, sin éxito, contactarse con el general Del Carpio por intermedio de la Dirección de Información de la FAP. La baja de los aviones en buen estado no es una falta en sí misma. En este caso, el material pasó a la categoría de excedente por su no utilización. La trifulca se originó porque no se acató la resolución ministerial 2078-80 AE, del 12 de diciembre de 1980, que norma la clasificación, tratamiento y venta del material no utilizable de la FAP. El procedimiento legalmente vigente es cristalino. Primero, los Tucano debieron ser dados de baja. Luego, se debió esperar el período de 30 días para la promulgación de la resolución ministerial que aprueba la baja en cuestión. Con esas dos condiciones cumplidas, el camino se allanaba para convocar a una licitación. No se siguió ninguno de los pasos, se pasó por alto al gabinete y se firmó un Decreto Supremo que de todos modos no se publicó. Cuando se podía corregir el vuelo con una licitación legal, el motor volvió a fallar. (Enrique Chávez)
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||