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Edición Nº 1717 |
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Por
FERNANDO VIVAS
LA frustración es una suerte de shock que se estira en cámara lenta, un trauma puesto en escena a diario, ritualmente, ante la pantalla. Muchas malas noticias no cambian y, para colmo, las dan las mismas caras que desenmascaramos, abucheamos y juramos no ver más. Pero la TV sí ha cambiado, aunque no con la rapidez que urgimos, no en el sentido reparador que ansiamos. Ha cambiado dando un giro hacia dentro, mordiéndose el poto con más furia y amargura que nunca, retando con alharaca a su destino judicial, liberándose extemporáneamente del chantaje fujimontesinista y chantajeando a su vez al poder toledista, burlándose de su inestabilidad con golpes efectistas que buscan el gross rating point de mañana pues el futuro de la empresa vale un pepino. En la agonía todo vale. Para la TV todo el Perú es una suerte de Indecopi del espíritu que posterga su quiebra y su condena, que le perdona el perromuerto y la competencia desleal mientras se disimulen con cinismo y sensiblería. La condición de insolvencia está a un paso de la informalidad, y los informales saben sobrevivir en las peores circunstancias. Quienes creyeron que la TV cambiaría radicalmente apenas cambiaran los mandos del país, ¡paciencia! Sus contenidos no están en función de esos golpes de timón, sino de la moral, los gustos, actitudes, manías, emociones, grados de confianza y niveles de indolencia del público. Modificar todo eso toma varias temporadas, casi tantas como la acción de la justicia; y no se consigue sólo con leyes y sentencias sino con educación. La basura es el producto principal de la TV hoy. Detesto el término por simplificador, racista y prejuicioso, pero permite entendernos. Ahora, distingamos la basura. Basura mala es, por ejemplo, Lucy Bacigalupo en "Risas de América", cuando imitando mal a Gisela Valcárcel, le grita "negro cabro" a Martín Farfán, el mismo que en la secuencia vecina de Tula Rodríguez, gatea y recoge con la boca las medias que Chibolín ha tirado al piso. Sobrado entre los incautos, el gordito escupe: "Negro, primera vez que hueles perfume". Pasemos por alto la pécora de Chibolín, el talante callejonero de Bacigalupo y el masoquismo de Farfán, rasgos que los adornan; pero digamos basta a estos prejuicios e intolerancias que como cosa muy natural se difunden y celebran en este show de los Crousillat. El racismo, la homofobia y el espectáculo de la humillación, en este caso ni siquiera redimidos en un afán provocador, merecen nuestro boicot. (Me acabo de enterar que los anunciantes del ANDA le han dado 2 semanas de plazo. A ellos les preocupan más los toqueteos que los prejuicios, a nosotros al revés. No importa. O se moderan o se quedan sin pautas). Basura buena, inocua, es, por ejemplo, César Hildebrandt entrevistando a Jeanet Barboza. El llanto tapó el testimonio, el entrevistador se comió las preguntas obligadas por pura galantería machista. El clisé se apoderó del set: "Jeanet, eres un ser humano" le dijo. Vaya que lo es, con estrategias para pasar piola, salirse por la tangente y someter a su personaje de ficción a una suerte de liposucción sensiblera practicada por el cirujano accidental Hildebrandt. Entrevista basura, pero con alguna información veraz sobre la Barboza y ninguna voluntad de engañarnos con malas artes. Basura mala es ver en "Panorama" a Alex Otiniano amenazar a Carlos Cacho. Agitando en la mano un video con su presunto consumo de drogas pesadas, Otiniano violentó al público, como lo ha hecho Beto Ortiz, con una espectacular apología de la venganza. La pantalla no tiene que ser un escenario de intrigas subalternas ni trampolín a la fama de vedettes como la salvaje Silvana Ojeda que tildó de proxenetas y prostitutas a quienes ni siquiera conocía. Su excusa es antológica: "Es mi opinión". Su tribuna también fue "Panorama", el más ilustre productor de basura mala. Todos producen basura, buena y mala, y algunos la comparten con momentos de incuestionable televisión. Jaime Bayly y Magaly Medina cabecean de las tres. Y también Beto Ortiz, cuyas "Vidas secretas" están bien planteadas y mejor escritas. Hildebrandt recoge basura para seguir en la TV y la recicla hasta hacerla nutritiva. De un tiempo a esta parte, no se le puede entender sin su cuota de bazofia. La TV recoge y produce basura cultural, pero hay que saber hacer los
distingos. Mala basura la que engaña, invade, amenaza y violenta
sin mayor propósito que el efectismo; buena basura la que divierte
sin ofender a nadie aunque sin llegar a nada. Buena televisión
la que deja atrás la basura y nos lleva a nuevos y limpios terrenos.
Escribe LUIS LAMA
Ver televisión al final del día
es una obligación. Sencillamente para mí no existe mejor
somnífero que la monotonía de los noticieros. Antes del
sueño veo un rato a Jaime de Althaus y quizás a Hildebrandt
cuando el cansancio no me vence. De vez en cuando "zapeo" y me encuentro
con Magaly, que para mí resulta un enigma pues no sé si
es una auténtica bruja o una versión pacharaca de la caricatura
de Glen Close. A veces me inclino por el morbo de Beto pero prefería
el ciclo nocturno de Gisela, porque el ombligo de la rubia salía
lindo en una bamba de dos concursos de Antena 3: "Furor" y "¿Quién
dijo miedo?" Películas nunca veo, porque la revista de Cable Mágico
desorienta con deliberada crueldad. Confío que algún día
terminaremos con prepotencias hispanas amparadas en un monopolio incalificable:
Se tiraron a "Locomotion" -que generaba saludable adicción a mi
hijo Diego- pero mucho antes, entre otras arbitrariedades, habían
fumigado al excelente canal de "cine latino" por cuya desaparición
nadie protestó. Ahora ABC, CBS y NBC también se han caído.
¿Aló, Indecopi? En la señal abierta además
suelo ver los programas lumpen del domingo, a pesar de que no soy devoto
de San Nicolás ni de Mónica, la beatita que llora. De la
"Franja" del 7 sólo veo a Ricardo Bedoya condenado a un horario
infernal, pero soluciono el problema de la misma manera que las esporádicas
películas de interés que llego a descubrir, simplemente
grabo para ver a mi propio ritmo y tiempo. Dicen que cada país
tiene la televisión que se merece. Espero que estén equivocados.
La muestra (disculpen) es una mierda, dedicada a llenar nuestra cabeza
con los residuos más excrementicios que cultura alguna haya podido
evacuar. ¿Quién Golpeó a Quién?
Menudo dilema el que plantea Venezuela a quienes
defendemos a toda costa el libre flujo de la información. La prensa
escrita y sobre todo la televisión fue aliada sustancial del golpe
contra Hugo Chávez y asustadiza víctima de su contragolpe.
Fue involuntaria quizá en el caso de sus periodistas que denunciaban
el abuso de poder y ponchaban la demagogia, recurriendo al buen truco
de la pantalla dividida (Chávez babea a la izquierda, el pueblo
culebrea a la derecha); pero fue confabulada tal vez en la figura de sus
dueños que al fin y al cabo vieron la oportunidad de tumbarse un
gobierno que les caía antipático por su patanería
populista y darle una manita al líder empresarial Pedro Carmona.
Los medios no legitiman ni ratifican la democracia, simplemente la practican
y la respetan. Así que Globovisión y compañía
tendrán que bancarse al gorilón, registrando diversos puntos
de vista y resistiendo la tentación de capitular ante él.
Y el Noriega en potencia, tendrá que demostrar al mundo que en
el par de años que le queda, una de sus virtudes tendrá
que ser el atender a lo que se le diga desde los medios.
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