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Edición Nº 1718 |
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Las Dudas de La Paz En horas de inquietud continental, Bolivia y el Perú negocian respecto a un posible puerto de salida para un ingente caudal de gas boliviano. Se trata de un tesoro que puede cambiar la vida del país con el que nos unen tantos lazos históricos y culturales, y, de paso, contribuir al desarrollo integral de una vasta región de las dos naciones. Pero Chile tiene sus propios planes y ofrece a Bolivia hasta una costa en préstamo, a cambio de un enclave que le daría acceso a la Amazonía. Escribe CESAR LEVANO EL gran dilema de Bolivia sobre la salida al mar para su inmenso potencial gasífero es sólo uno de los grandes asuntos en la agitada agenda del continente. Ese problema, que puede ser decisivo para el futuro del Perú, Bolivia, Chile y aun Argentina y hasta Brasil en las próximas décadas, está enmarcado en un contexto dramático. En el escenario destaca la fractura latinoamericana provocada por la decisión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, de exhortar a Cuba a aceptar el envío de un observador sobre la situación de esos derechos en la isla. Uruguay, que encabezó la iniciativa en un grupo latinoamericano, ha roto relaciones con Cuba, debido a una descarga verbal de Fidel Castro contra su Presidente, Jorge Batlle. En ese enredado panorama se plantea el problema del gas boliviano. El gobierno de la Paz tiene apenas tres semanas para elegir por qué puerto del Perú o de Chile decide sacar su gas. MENTIRAS E INCOGNITAS La prensa nacional y también algunos políticos han incurrido en errores y malinformaciones respecto al tema. se ha querido decir que Bolivia tiene que elegir entre Ilo, en el Perú, o Mejillones, en Chile. No es exacto. En realidad, ningún puerto chileno o peruano actual sirve para el caso. El gas es materia volátil y su salida no puede darse cerca de un puerto o zona poblada, y menos si se trata de volúmenes gigantescos. Requiere puertos de dedicación exclusiva. Estos puertos o puntos de arriba deberán ser construidos. También se ha dicho, en Chile pero asimismo en el Perú, y por altas autoridades, que Chile juega con ventaja porque sus puertos están más cerca de Margarita, Tarija, donde yacen los 48 mil trillones de metros cúbicos de gas boliviano. Esa ventaja en cuanto a distancia del yacimiento al mar existe, en efecto, pero no es decisiva. Y, al final de cuentas, no es económica. Hay otra distancia que sí va a pesar: es la que media entre cualquier puerto chileno y el punto de llegada en México. La idea es que el gas boliviano sea licuefactado en la costa y trasladado en esa condición en enormes barcos cisternas a un punto en México, antes de ser enviado al gran mercado, California. Pues bien: la distancia entre cualquier punto del norte de Chile y México es inevitablemente mayor que la que existe entre cualquier punto del sur del Perú y México. Eso significa 1,440 kilómetros más en el caso de un envío desde Chile. El jueves 18, El Diario de Bolivia publicó unas declaraciones del técnico boliviano Víctor Hugo Sáinz Ossio, residente en Fort-Collins-Colorado, Estados Unidos. El especialista señala ese factor geográfico poco observado y agrega que "todos los técnicos que trabajan en la industria de transporte de fluidos saben que es más caro mantener y operar barcos tanque que tubería y bombas". O sea que hay dos factores en contra de la apuesta de Chile: lejanía
respecto a México y alto costo del flete marítimo.
VENTAJAS DEL PERU El lunes último, Antonio Cueto, presidente de Perúpetro, afirmó que ni Matarani ni Ilo son adecuados para el gas boliviano, debido a que los buques cisternas son de 147 mil toneladas y necesitan gran calado. Menos mal que agregó que desde Ilo hacia el sur hay "varios sitios donde hay calado suficiente". Entre Tacna, Moquegua y Arequipa hay, en realidad, más de una docena de lugares con mar de más de veinte metros de profundidad, siendo así que la exigencia para los barcos gigantes de la industria es de dieciséis metros. Una ventaja notable para un ducto a través del Perú es que una cosa es tenderlo a través de la cordillera y otra hacerlo recorrer a través del altiplano. En este segundo caso, que es el que se da en el Perú, el descenso es leve. La cordillera chileno-boliviana tiene altitudes de 3,500 a 5,500 metros sobre el nivel del mar. El paso a Ilo tiene altura promedio de 1,850 metros en el altiplano y hay un punto en que llega a 4,300, pero con rutas de acceso. Por otra parte, cuanto más cercano al polo sur, el mar y los vientos asumen condiciones más duras. No es allí tan pacífico el océano. La propuesta de Chile busca, como es lógico, el desarrollo de Chile más que el de Bolivia, país con el que no tiene relaciones diplomáticas. Téngase presente que entre Tarija, Bolivia, e Iquique, Chile, no hay ninguna ciudad de veinte mil habitantes. O sea que, por allí, el beneficio es netamente para Chile. Entre Tarija e Ilo, en cambio, están Potosí, Sucre, Laz y Cochabamba, en Bolivia. Y, en el lado peruano, Moquegua e Ilo. El área de influencia y desarrollo basada en el gas juega en favor de Bolivia en este caso. Pero hay más. Bolivia y el Perú tienen que ser socios en un plan integral de desarrollo paralelo. Por ejemplo, como han señalado las autoridades peruanas, el gas de Camisea puede resultar, más que un competidor, un socio mutuamente fructífero. En el plazo mediano y largo, los depósitos de Bolivia tienen para más años. Pero no hay que olvidar que el recurso es agotable, y que en el ínterin lo más importante es construir industrias durables. No hay que olvidar que el gas natural se puede convertir en diesel, fertilizantes, plásticos y hasta municiones. GEOPOLITICA Y CAPITAL El norte de Chile tiene problemas de energía y agua. El país sufre una fuerte dependencia del gas argentino. Como recordó El Mercurio de Santiago el domingo 21, en un artículo de Mauricio Carvallo despectivo respecto del Perú, Bolivia "busca entrar a México y a EE.UU. con un volumen de 60 millones de metros cúbicos diarios (Argentina le vende a Chile 22 millones por día)". ¿Qué pasa en la economía chilena si hay una huelga prolongada de los trabajadores del gas argentino? Chile no da puntada sin nudo. Especialistas chilenos han llegado a plantear que puede conceder en comodato (préstamo) a Bolivia, por 99 años, 80 kilómetros de territorio que incluyan los puertos de Taruja, Cobija y Mejillones. A cambio, Chile recibiría un enclave en Puerto Suárez, cerca de la frontera con Brasil y con ello una proyección amazonica. Algunos bolivianos se consuelan diciendo que esto reconoce a su país "cualidad marítima". No es, en todo caso, una cualidad soberana. El propio articulista de El Mercurio ofrece un dato inexcusable: "Aunque es un negocio privado, el presidente Quiroga se ha hecho cargo porque la selección del mejor puerto es también política. Sus contrapartes son los mandatarios Ricardo Lagos y Alejandro Toledo, del Perú." El capital para la enorme empresa es, por cierto privado. Se trata de un consorcio, Liquid Natural Gas (LNG), formado por Repsol-YPF e integrado por British Gas y British Petroleum. El negocio requiere $ 5,000 millones de inversión, y, como YPF no está precisamente boyante, los empresarios buscan asociarse a un grupo francés. Pero éste exige encabezar el consorcio. En todo caso, los plazos apuran. Sempra Energy, firma estadounidense dedicada a la distribución energética, ha firmado con LNG un contrato preliminar. Pero exige que para el 20 de mayo esté elegido el puerto en que desembocará el gas boliviano. Esa es sin duda una poderosa razón para que representantes de LNG estén presentes en las negociaciones que este jueves y viernes se realizan en Lima, y que la próxima semana se efectuarán en Santiago de Chile. Serán días cargados de suspenso. Se sabe que los técnicos y los diplomáticos del Perú se han preparado debidamente, y esperan llegar a buen puerto. Tampoco las expectativas son gaseosas
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