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Edición Nº 1719 |
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La Diplomacia del GAS
Escribe CESAR LEVANO EL próximo lunes se reanudan las negociaciones entre Bolivia y Chile respecto al puerto por el cual puede salir el gas de Tarija, Bolivia, rumbo a América del Norte. Es un tema en el que entran no sólo perspectivas económicas, sino también proyectos geopolíticos de Chile y sentimientos reivindicatorios del pueblo boliviano respecto a costas que le pertenecieron. Bolivia sabe que en la mesa de negociaciones se juega buena parte de su destino y quizá su existencia como realidad aparte. Esa misma actitud se reflejó, sin duda, en las ultrasecretas conversaciones con el Perú, que se realizaron en un solo día, el jueves 25 de abril, en Lima. El comunicado de prensa conjunto, emitido al final de la reunión, indica que la cita fue ante todo de carácter preliminar e informativo. Las delegaciones acordaron reunirse próximamente a fin de "continuar las auspiciosas conversaciones bilaterales sobre este importante tema". Es evidente que no estamos en vísperas de un acuerdo, sino en etapa de intensa exploración. Respecto a esto, dice el comunicado: "Durante las conversaciones, la delegación boliviana expuso los diversos componentes del proyecto de gas boliviano tanto sobre los diversos aspectos técnicos, logísticos y empresariales, como los diversos factores de carácter político y jurídico que concurren en el proceso de toma de decisión del Gobierno de Bolivia respecto al desarrollo del proyecto y la elección del puerto para el gas boliviano." En otras palabras, no es cuestión sólo económica. Las sombras de la historia se proyectan sobre ese texto suscrito por los cancilleres Diego García Sayán, del Perú, y Gustavo Fernández, de Bolivia. En las conversaciones participaron, además de los ministros mencionados, Pedro Pablo Kuczynski, ministro de Economía del Perú, y Jaime Quijandría, ministro de Energía y Minas. La delegación de Bolivia estuvo presidida por el canciller Gustavo Fernández e integrada por el ministro de Desarrollo Económico, Carlos Kempff, así como por otros altos funcionarios de ese país. Un distinguido diplomático peruano, que pidió reserva de su nombre, explicó: "Para Bolivia, lo único importante es la salida al mar. El sentimiento patriótico boliviano busca una reivindicación que sólo Chile le puede dar, si es que quiere dársela. La llave no es económica, sino sentimental". Claro que también hay consideraciones económicas, sobre
todo de Chile. El norte chileno, que sería influido por el proyecto,
es una región de desiertos y de cobre. Allí está
Chuquicamata, la mayor mina de veta abierta del mundo, situada en región
que antes fue de Bolivia. CHILE: UN NORTE ESTATISTA Para muchos puede ser sorpresa el saber que el cobre de la Región Antofagasta, II Región de Chile, es estatal. Allí están la gigantesca Chuquicamata y otros asientos cupríferos que representan el 57% de la producción de cobre chileno. En Chile, son de la estatal Corporación del Cobre (CODELCO), que Pinochet no privatizó (y que destina el 16% de su ingreso bruto a gastos militares). La central geotérmica de Tatío también es del Estado. Y lo será el futuro puerto de Mejillones. Pero el norte chileno tiene problemas de agua. Tanto, que hasta hoy aprovecha, por ejemplo, sin derecho y gratuitamente, las aguas de Silala. Bolivia precisa que esas aguas provienen de un manantial situado en su territorio, y no de un río, como sostiene Chile. Las aguas de Silala se filtrarán en las negociaciones chileno-bolivianas que empiezan el lunes. El líquido elemento jugará también en el tablero de Santiago por otra razón. La licuefacción del gas boliviano requerirá ingentes cantidades de agua, recurso que no abunda en la región Antofagasta. Hay en Chile ahora una disputa sobre cuál es el mejor puerto chileno para la salida del gas boliviano. Iquique y Mejillones se disputan la palma. La verdad es que Mejillones, Antofagasta, es hoy sólo una caleta. Pero una caleta para la cual se trabaja desde hace años un proyecto de megapuerto. En todo caso, ambas localidades están más lejos de México y California que cualquier punto del litoral peruano próximo a Bolivia. En la balanza boliviana gravitan ahora esas y otras consideraciones. Por ejemplo, el ofrecimiento peruano de otorgar "las más amplias facilidades de tránsito, portuarias, industriales y de orden tributario, laboral y administrativo para el establecimiento de una Zona Económica Especial para el tendido del gasoducto, la construcción y operación de la planta de licuefacción y el terminal marítimo en la costa peruana." Esos y otros ofrecimientos han sido acogidos con interés por la parte boliviana, expresa el comunicado suscrito en el Perú. La siguiente jugada corresponde a Chile.
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