|
Edición Nº 1719 |
|
||||||||
|
|
|||||||||
|
|
Por JAIME BEDOYA
LA luz brota del caos: La sincera revelación acerca de los implícitos requerimientos amorosos presidenciales hacia la Tv., han puesto sobre el tapete la esencia misma de las enseñanzas imperecederas de nuestro Señor Jesuscristo. Aleluya. Este legado fundamental, tantas veces trajinado en nombre de la buena intención a lo largo de la disímil aventura humana, no han econtrado más oportuna manifestación que en esta feliz coyuntura democrática1. Recurriendo a una precisa interpretación al respecto forjada a propósito de lo que alguna vez fuera el título de un espacio radial dedicado al género romántico, podría resumirse la enseñanza cristiana de esta ocurrencia política del presidente del Congreso en una frase simple pero irrebatible: Lo que el mundo necesita es Amor. Toledo es parte del mundo. Ergo, Toledo necesita amor. El amor al líder ilumina y educa a las masas, neutralizando el control mental que sobre ellas se ejerce a través de la transmisión de imágenes y sonidos a distancia mediante ondas hertzianas2. El amor al líder supone asumir como monólogo interior los imperativos morales que se desprendan de la sistemática repetición de virtudes y atenuantes que el líder asume como doctrina, ie: a) nací en Cabana b) me fajé contra la dictadura c) vengo a rendir tributo d) el objetivo central de mi gobierno es... (etc.). Poco importa el hartazgo de las gentes acerca del conocimiento a fondo de estos supuestos divulgados desde los tiempos pretéritos de la campaña electoral. El amor al líder es blindado, interpreta los requerimientos reales de la multitud ("trabajo", por ejemplo), como efectos residuales de aquella simbiosis artera llamada fujimontesinismo y que gracias a su malignidad de amplio espectro puede tranquilamente ser responsabilizada de cualquier calamidad presente y futura, incluida el mal clima o pisar caca. Haciendo de la insistencia dogma y del error método, el amor al líder paradójicamente victimiza a la prensa oportunista de mala conciencia, induciendo subliminalmente a la gente a no amar al líder y a ver aquellos programas de televisión donde la falta de vergüenza es el único valor constante. El amor al líder tiene como principal enemigo a la botella descartable de a litro, a la pifia simple o al silbido de estadio, y a la "madurez política" de Alan García. En la historia reciente del amor político peruano sendas páginas se han escrito con los sentimientos despertados por Alan García y Alberto Fujimori. Entre los generados por García sobresale el de su propia egolatría, inversamente proporcional al exito de su gobierno. Fujimori, limitando la ejemplificación a un solo caso, vio su mayestático monumento erigido en vida: 400 kilos de cemento contenidos en una estatua que alguna vez se levantaba en Tanta Occro, Ayacucho, que la caprichosa furia popular derrumbó con la misma excitación ciudadana que supuso su erección. Ante tal desaparición, quede como ejemplo de las sublimes alturas que puede suscitar este afecto subordinado, las siguientes y conmovedoras líneas que debieran ser leídas sin prejuicio de su autoría: Tal como una estrella que despunta, aparece usted ante nuestras asombradas miradas. Ha hecho milagros para iluminar nuestras mentes y, en un mundo escéptico y desesperado, nos ha dado fe. Domina usted a las muchedumbres, lleno de fe y seguro del porvenir, y posee la voluntad de liberar a esas muchedumbres, gracias a su ilimitado amor hacia todos cuantos creen en usted. Por primera vez hemos visto, con los ojos brillantes, a un hombre que les quita la careta a los rostros desfigurados por la codicia, a los rostros de los parlamentarios mediocres y entrometidos... Nos ha dado el catecismo de la nueva fe política, nacida de la desesperación de un mundo sin Dios, de un mundo que se derrumba... Le damos las gracias...3 Si acaso el clamor de sus más ilustres huestes no bastase para convocar la incierta acogida amorosa del pueblo, el presidente Toledo podría recurrir entonces a un sucedáneo, el respeto. Dícese de aquél que se logra a través del liderazgo. A propósito de esto, y si es que algún happy hour no ofrece algo más convincente, el primer mandatario podría hacer lo que una digna minoría de sus gobernados hacemos los sábados por la noche: Quedarse frente al televisor viendo la miniserie Band of Brothers de HBO. Narra la historia de la Easy Company, compañía de paracaidistas voluntarios que saltaron sobre Normandía el Día D protagonizando un episodio de coraje y heroísmo donde la única manera de ejercer el liderazgo era a través del ejemplo. Ganándose en el proceso el respeto, y la nobleza absoluta del amor fraternal. Eso si sus dos docenas de asesores de imagen lo aprueban4. Caso contrario, se va a pasear en yate, llama a su mejor adulador y le pide que le diga algo bonito al oído. Tal como ha hecho en los últimos nueve meses. ________ 2 "televisión". 3 Carta personal de Josef Goebbels a Hitler, circa 1923. Luego la hizo pública y distribuyó como propaganda. 4 Parece que parte del plan de imagen consiste en la inauguración permanente de obras menores en alguna provincia donde quieran pifiarlo mientras él hace promesas imposibles de cumplir y donde probablemente el helicóptero presente fallas al aterrizar y/o despegar. Hay que darle tiempo, de repente funciona.
|
||||||||
|
|
|||||||||