Edición Nº 1722


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    ARTICULO

    23 de mayo de 2002

    Calatos Pero Con Rating
    La clase media en desesperada búsqueda de trabajo. Mil oficios rompe el rating con 40 puntos.

    A nivel Perú urbano, según el Ministerio de Trabajo y Promoción Social, en el tercer trimestre del 2001 había 1'776,233 jóvenes ocupados generalmente en oficios menores y mal remunerados; y 264,715 desempleados. En los estratos bajos la tasa de desempleo juvenil de 12.9 % se eleva al 53.7 %. Jóvenes buscando chamba, este es uno de los ganchos por los que `Mil oficios', un programa pícaro y no morboso al estilo de la tele basura, se ha convertido en top del rating con un promedio de 35 puntos diarios.

    Escribe GASTON AGURTO

    EN el año 2000 el productor Efraín Aguilar quería realizar la continuación de la teleserie `Taxista Ra-Ra', que no obstante su buen rating había salido del aire por falta de presupuesto y porque no impactó a todos los estratos ni saltó a las primeras planas. Dicho libreto, basado en las peripecias del taxista Ramón Ramírez (Adolfo Chuiman), había sido escrito y registrado en Indecopi por la actriz y guionista Mabel Duclós, lo que significaba para Aguilar algunos impedimentos de libertad de acción. La solución a este impasse la dio Ernesto Schütz, que entonces era el mandamás de Panamericana Televisión. Fue él quien le propuso a Aguilar dejar el empleo único del taxista para dar vida a un nuevo personaje que estuviera enfrascado en la sempiterna y fantástica búsqueda de los mil y un cachuelos para subsistir. Más o menos algo parecido a lo que hacía Schütz cuando iba a recursearse al SIN.

    Todavía no habían aparecido los vladivideos cuando Gigio Aranda, elegido como el guionista de la teleserie, fue presentado a Schütz, quien le sugirió -¡oh ironía!- hacer hincapié en los valores y la tenacidad del personaje. El guión debía basarse en el actor Adolfo Chuiman (quien siguiendo una cábala de Aguilar debía llamarse con ere, Renato Reyes); y en la escenografía del coliseo Amauta debía incluirse tres locaciones -bodega, taller de mecánica y peluquería- para que los anunciantes instalaran afiches publicitarios y productos durante las emisiones de la teleserie al mejor estilo de Augusto Ferrando.

    En mil oficios todos buscan trabajo. Vanesa Jerí, César Ritter y Sandra Arana, eran desempleados y subempleados hasta antes de integrarse al elenco. Der.:César Ritter, Giselle Collao, Michael Finseth, Magdiel Ugaz y Papá Chuiman.

    EL MUNDO DE GIGIO

    Durante sus años de estudiante en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, Gigio Aranda fue integrante de Los Leopoldos, un grupo de talentosos estudiantes, al que también pertenecía el actor Leonardo Torres, que una vez egresados incursionaron en la televisión con ganas de hacer muchas cosas pero por sobre todo comedia. Primero hicieron el guión de Casado con mi Hermano y Fandango. Luego cada uno se fue por su lado mientras que Aranda continuó escribiendo libretos para Panamericana.

    En el caso de Mil oficios inventó los personajes de un barrio de clase media donde todos andan pateando latas, recurseándose o protagonizando pequeñas y grandes historias paralelas, con dramas y conflictos siempre encarados con actitud sanota y desprejuiciada nada usual en nuestra tele. Y así fueron apareciendo Lalo (César Ritter), el chico monse del barrio que nunca consigue lo que quiere, salvo algunos trabajos eventuales como retratista ambulante, vendedor de cursos de inglés y payaso de fiestas infantiles. Ritter, de 22 años, con su look de flaco desgarbado y tímido, es sin duda el actor más popular del elenco y todo un fenómeno publicitario. Luego de estudiar fugazmente en la Universidad de Lima, participó en algunos talleres para luego irse como mochilero a España, donde por cuatro meses se recurseó como mimo en calles y estaciones de metro. Ya en Lima consiguió un papel en `Escándalo', donde hizo de mudo hasta el final de la telenovela, en que dice su único y concluyente parlamento: "F-f-fin".

    Otros personajes son: Memo (Michael Finseth), el chico engreído por papa misio Renato Reyes, con responsabilidad cero salvo eventuales chambas: disfrazarse de cojinova para publicitar una cebichería y hacer de `bronze boy' en la playa. Kike (Lucho Cáceres), el `macho' del barrio y uno de los únicos con oficio estable, mecánico de taller. Las Chicas Terremoto (Sandra Arana y Vanesa Jerí), degustadoras, animadoras de fiestas infantiles y modelos fracasadas. Estos jóvenes, con sus historias, terminaron desplazando a los personajes adultos liderados por Papá Chuiman y Aurora Aranda, pero abrieron espacio para sabrosos caracteres intermedios como el que interpreta el Vikingo Christian Thorsen enamorado de la gordita Mónica Torres; el peluquero gay Mario León y la zafada Doris Beltrán, interpretada por Laly Goyzueta, entre varios otros.

    Las Chicas Terremoto Vanesa Jerí y Sandra Arana estudiaron Administración Hotelera y Turística, se de dicaron a los mil y un oficios en la realidad y, finalmente, se convirtieron en actrices frescas, espontáneas y populares.

    "Le debo a El Chavo del 8 la idea de la vecindad -dice Gigio Aranda- aquel lugar donde, así se amen o se odien, las personas se relacionan entre sí a fuerza de cercanía física. A la telenovela Nino le debo el énfasis en `las cosas simples de la vida', es decir optar por una telenovela sin muertes ni traiciones, pero sí con gente de barrio de ricas historias. Y finalmente a Quino, el creador de Mafalda, le debo el humor de la palabra y de lo cotidiano. Cada personaje es un mundo y cada personaje ve el mundo de una manera diferente", explica Arana.

    La idea de capturar al televidente peruano con el tema del desempleo funcionó a tal punto que hoy `Mil oficios', que el 11 de junio cumple un año en el aire con más de 200 capítulos (lo normal es de 120 a 150), se mantenga con un promedio diario de 35 puntos y con picos de hasta 40 puntos de rating.

    ¿POR QUÉ FUNCIONA?

    "A la pregunta ¿de qué clase social eres?, sobreviene generalmente la respuesta: de la clase media. Pero esta autodefinición, más que de un hecho verificable viene de una aspiración -dice el sociólogo Sandro Venturo-. `Mil oficios' representa esa esperanza mesocrática y esa ingeniosa tenacidad del peruano por integrarse a la vida social y laboral para no quedar excluido".

    Después de todo, según el Ministerio de Trabajo y Promoción Social, el Perú tiene una fuerza laboral de 12 millones de personas, de las cuales 6'000,000 están subempleadas y 1'200,000 desempleadas. Todas ellas, además, se encuentran haciendo malabares dentro de un hacinado mercado laboral que crece en más de 3% al año, lo que equivale a decir que cada año hay 360,000 personas que por primera vez requieren un nuevo puesto de trabajo. Son personas que como Lalo, Memo o las Chicas Terremoto salen a buscar chamba con mayor o menor fortuna, según los empleos que le consiga Gigio.

    Precisamente, otro sociólogo experto en juventudes, Federico Tong, agrega que la identificación con los personajes también se debe a la cada vez más precaria situación laboral de la juventud, caracterizada por la incertidumbre, la inestabilidad y la falta de seguridad social. "Los jóvenes son explotados laboralmente, cada vez trabajan más tiempo y ganan menos. Si no tuvieran un soporte familiar no podrían mantenerse solos", dice Tong.

    Gigio Aranda, el guionista que se basó en El Chavo del 8, en la telenovela Nino, las cosas simples de la vida, y en el humor de Quino. Derecha: Efraín Aguilar, el director, en plena chamba.

    Sin embargo en la teleserie, finalmente triunfan el ingenio y la capacidad de adaptación. Es elocuente el capítulo de la inauguración del Banco Continental, entidad que dicho sea de paso instaló la réplica de un local suyo en el Amauta, con aire acondicionado y todo, como promoción indirecta. A la organizadora del evento le fallan las anfitrionas, por lo que tiene que contratar informalmente a las Chicas Terremoto para salvar la situación. Con una sorprendente capacidad de adaptación, propia de los animales de la selva de cemento, las Terremoto terminan ejerciendo el cachuelo como las mejores. Los personajes de `Mil oficios' siempre están batallando; el premio ficticio al sólo hecho de intentarlo es no pasar penurias ni escasez.

    El caso de Vanesa Jerí, de 21 años, es ilustrativo de que muchas veces la realidad no supera a la ficción, sino que es idéntica. Vanesa estudió y terminó la carrera de Administración Hotelera y Turística en el Instituto San Martín. Terminando sus estudios empezó a trabajar como anfitriona en la empresa de limpieza de automóviles Car Clean. Después se convirtió en la asistente de un médico oculista en la compañía Oftalmosalud. Pasó luego a ser secretaria del gerente general de la Universidad Norbert Wiener. Estando desempleada durante seis meses, decidió mandar su currículum a Panamericana, donde requerían personal para realizar labores administrativas. "De alguna manera se traspapelaron los papeles" -dice Vanesa- porque terminé haciendo cola para el casting de la teleserie `Mil oficios', junto con actores profesionales". Ella, que nunca había estudiado actuación, encontró así su verdadero oficio. (Con reportes de Lorena Salmón).


    Mil Recursos
    Sólo en la ficción patear latas puede conducir al éxito.

    SE han ponchado varios motivos para explicar el boom de los "Mil oficios": que la feliz fusión de la telenovela y la comedia de situación, que la gracia del cast juvenil prodigado en estas páginas, que la utopía de un barrio limeño donde las diferencias de clases, razas y patrones estéticos no pesan gran cosa.

    Pero antes de sumar los factores, hay que destacar al más dramático: el des(sub)subempleo. Ese es el eje de la frustración telenovelesca y el motor de los enredos cómicos. Los amigos Lalo y Memo, las Terremoto, el gallito mecánico Kike, su mamá bodeguera y prácticamente todos los secundarios, lo sufren y lo gozan. En principio el único des(sub)empleado era Renato Reyes, el Rey del Recurseo y reciclado Papá Chuiman, pero ante la falta de sintonía de esa línea que parecía anclada en la sosa "Taxista rá, rá", los mil oficios pasaron a ser, con más versatilidad y carisma, los de los chicos.

    No se espere una reflexión socialmente preocupada, mucho menos culposa, sobre la falta de empleo y el subdesarrollo nacional. La teleserie de Canal 5 es fantásticamente conservadora y si juega con pequeños conflictos es para apostar por la armonía. El barrio prefabricado del Coliseo Amauta donde Betito Aguilar corre y gesticula como director, está al margen de catástrofes y pesadillas colectivas.

    La posta laboral o la más tajante secuencia contrato/chamba de emergencia/fiasco/ despido/pateo de latas, es el resorte perfecto para una telenovela de aliento serial que tiene que buscar aventuras distintivas cada capítulo o par de ellos. Que Betito Aguilar y el libretista Gigio Aranda vean pintoresco el subempleo puede resentir a algunos, pero ya vimos que ese es el quid y el gusto de la serie.

    Patear latas no es melodramático ni divertido, pero si se reduce esa fase existencial al mínimo para pasar a la aventura vital del subempleo, entonces la carencia se convierte en expectativa, la novedad atrasa y contrasuelea a la rutina. El rating trepa y vale la pena ver TV nacional. (Fernando Vivas).

     

     


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