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Edición Nº 1722 |
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Mirando a Villegas
ENTONCES el taxista frenó. Era febrero y el calor invadía el Parque Universitario. Es peligroso bajarse aquí, le dijo el taxista. Estaciónese y espere, respondió. Armando Villegas, empezó a recorrer la calle Sandia, donde había pasado buena parte de su infancia, adolescencia y juventud. La angustia y los recuerdos fueron ganando su pecho mientras caminaba y el silencio reemplazaba al bullicio de antaño. Ubicó su casa. La número 335. Las puertas estaban carcomidas. No se atrevió a tocar. Buscaba al zapatero remendón, la japonesa de la esquina, el chino de la carnicería, la carbonería. No había nadie. La nostalgia lo llevó a un callejón para buscar a su amigo Raúl Alejos. Preguntó si todavía vivía en el Nº 19. No, murió el año pasado, le respondieron. Buscó el cañoncito colonial donde se sentaban a pensar la manera de cambiar sus vidas, pero no lo encontró. Contenía las lágrimas mientras deambulaba como un espectro. Se sentó sobre la vereda. Algunos lo observaban. Nadie se acercaba. Unos pinceles, algo de ropa y mucha esperanza. Eso era lo único
que llevaba Villegas en su maletín, la tarde en que se subió
al autobús de la empresa "Morales Moralitos" rumbo a Colombia.
Había acabado la Escuela de Bellas Artes y se iba en busca de las
oportunidades que sabía Lima no se las daría. Allá,
ganó una beca y volvió a estudiar pintura donde conoció
a la intelectualidad que luego marcaría el paso del pensamiento
colombiano, como los jóvenes Álvaro Mutis, Plinio Apuleyo
Mendoza y García Márquez. Con él lo une el llamado
realismo fantástico, tanto que la Universidad de Korea lo escogió
para realizar una exposición que sea el correlato pictórico
de la obra literaria del escritor colombiano.
A pesar de que lo reconocen bajo ese título, nunca dejó de lado los recuerdos, mitos, leyendas, paisajes, magia y pólvora de las fiestas patronales de su pueblo natal. Durante esos años de infancia lo que más lo marcó fue el pronto descubrimiento de una inmensa soledad, parecida a la que muchos años después sentiría mientras caminaba por su antiguo barrio limeño. Entonces, se refugió en los juguetes que él mismo fabricaba, la naturaleza, las vestimentas, el cielo donde su marcado sentimiento estético siempre descubría figuras humanas, animales e imaginarias. Con los años en Colombia fue nombrado primer director de la Escuela Nacional de Bellas Artes posteriormente ha sido agregado cultural y ministro cultural ad honorem de la embajada del Perú, logrando un espacio privilegiado dentro de la sociedad y el arte colombianos. Incluso el presidente Gaviria le entregó la nacionalidad colombiana sin que él la haya solicitado. -¿Luego de todo lo que ha vivido todavía se siente solo como en su infancia? -No, en Colombia me realicé, me casé, tuve mis hijos, mis nietos, mi obra, mis amigos. Luego de tantos años, he vencido a la soledad. (Juan Carlos Méndez).
El Siempre Premiado LA primera vez fue en el colegio. Su pieza teatral " La huida del Inca", allá por el '52 ganó un premio en concurso de teatro escolar. Luego, viajó a Europa y empezó su natural ascensión literaria al ganar el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral con "La ciudad y los perros" en el '63. Siguieron el Rómulo Gallegos, el Ritz París Hemingway, la orden oficial en la Orden de las Artes y Letras del Ministerio de Cultura de Francia, innumerables Honoris Causa, "El Sol del Perú" en grado de Gran Cruz de diamantes del Estado peruano y ahora acaba de recibir el Nabokov del Pen American Center. Una buena noticia, mientras esperamos la publicación de su nueva novela, "El paraíso en la otra esquina" y el estreno de su más reciente obra de teatro.
Alas de Alois
CONOCIDO como el ángel guardián de la cultura alemana en el Perú, Ilg no sólo gerenció la academia de idioma alemán, que en la actualidad tiene 900 alumnos, sino que fue más allá. Convirtió el Goethe-Institut en un verdadero centro cultural que reunió artistas alemanes, peruanos y a un público cada vez más interesado en ambas culturas. Durante su gestión se expusieron las obras gráficas de Otto Dix, Georg Baselitz y del movimiento Dadá berlinés. Visitaron Lima la fotógrafa Gundula Schulze y la directora de cine Margarethe von Trotta. En teatro se montaron las obras "Fausto" en el Teatro Municipal, "María Estuardo" y "Galileo Galilei" en el Centro Cultural de la U. Católica. Alois Ilg parte hoy jueves a continuar su labor de promotor cultural en Argentina. Esperamos que su sucesor sea tan activo como él y que continúe con la fructífera labor.
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