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Edición Nº 1723 |
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Por
FERNANDO VIVAS
GUSTAVO "Chicho" Mohme, dueño de La República, está con comprensible stress mediático. Hace un año que quiere conquistar América Canal 4 y ha tenido que esperar pacientemente que el Indecopi declare su insolvencia, se borren las Crousillat del mapa y los acreedores negocien con la programación bajo la manga. Cualquier otro atajo o apuro político sellaría el trato con un mal olor que no merecemos los televidentes ni la memoria de Papá Mohme. Le pregunté al propio Mohme hijo, en breve diálogo, por el estado de las cosas. "Ya tengo contratos firmados con el acreedor Banco Wiese y en estos días se están registrando en el Indecopi". Son varios millones de dólares, ¿los tienes?, ¿hay otro socio? "Son alrededor de 17 millones, la Compañía Impresora Peruana (dueña de La República) factura más que eso al año". ¿Salomón Lerner Ghittis tiene que ver en todo esto, he oído que estaría por convertirse en accionista de La República si no lo es ya? "En primer lugar, para acabar con rumores, COFIDE (banca pública que dirige Lerner) no tiene nada que ver en esto. Pero si se necesita un apalancamiento financiero mayor, Salomón ha dicho que puede intervenir en lo personal". También hablamos de periodistas. Le dijiste a Hildebrandt que no tenías ninguna afinidad editorial con Nicolás Lúcar ¿Y con Pablo Cateriano, jefe de prensa del canal? "Tampoco tengo afinidad editorial con él". ¿En qué quedó la idea de un comité de notables? "Está en pie, ahí puede estar gente como Jorge Santistevan. Eso sí, yo no voy a estar". ¿Y Mirko Lauer? "Ojalá esté". Volviendo a las finanzas, ¿la compra de la acreencia del Wiese es en efectivo? "No, con un crédito". ¿Del propio Wiese? "Sí". Me permito una ironía y un distingo. Los Crousillat también llegaron al 4 con un préstamo de la misma empresa que se los vendía, Televisa. El distingo. Chicho Mohme no es ni de lejos un Pepe Crousillat. Es un empeñoso empresario que conoce de las distancias entre el negocio y la libertad de prensa. Aunque el cierre de su diario Hoy dirigido por Maritza Espinoza, tras mes y medio de circulación con portadas frecuentemente incómodas al gobierno, periódico fresco, que tuvo algunas buenas exclusivas a pesar de su modestia de recursos, hace pensar en que se le confundieron las distancias. Lo niega: "Nunca intervine en su conducción, se cerró porque quisimos competir en el mercado de la prensa de 50 céntimos y no tuvimos los resultados comerciales esperados". El giro del 4 a favor de Mohme no se va a completar sin el amén de Televisa. Ha conversado con los mexicanos pero aún no hay acuerdos definitivos. Por otro lado, los consultores comandados por Jaime Crosby tienen sus propios problemas y uno de ellos, me acabo de enterar, son negociaciones con Nicolás Lúcar respecto a la permanencia de "La revista dominical". Entre la expectativa del gobierno por liberarse del controvertido bigote, el contrato dorado que le hicieron sus cuñadas, el tino de los acreedores para decidir sin presiones y el rating opositor de un programa al que no faltan impecables primicias, menudo lío el que se puede armar. Ojalá se capee sin que el televidente pague pato.v Que el canal más comprometido con el crimen mediático de la década pasada pueda cambiar de dueño y que éste provenga de la prensa escrita que le dio batalla, es una buena noticia, mejor que arrebatarle la licencia y lanzarle interventores judiciales. Si el cambio se hace en regla, sin palancas políticas (¡cuidado con Lerner y su suma de intereses!) y sin comprometer el futuro de la línea periodística, pues suerte a Gustavo Mohme. Feo incidente el que protagonizó la reportera de "Panorama" Patricia Melgarejo forcejeando con los guachimanes de la Villa Militar, mientras su chofer arremetía contra la tranquera y su desprevenida colega Yorka Poémape pagaba los platos rotos. El propio "Panorama" ha reconocido su cuota de responsabilidad. Pero lo peor es que por un par de días los responsables periodísticos del canal decidieron invocar el espíritu de cuerpo para tapar el desaguisado. El espíritu de cuerpo debe materializarse en otros casos, en la defensa de los principios, en prevención de la censura, en la denuncia de la corrupción. Ojalá aprendan.
Escribe JIMENA DE LA QUINTANA
Hace mucho que la democracia se centró
en los medios; el discurso político se ha adaptado al formato de
los medios masivos sobre todo al de la televisión. El seguimiento
de la mayor parte de acontecimientos políticos de un país
se hace a través de ella y por eso tiene una considerable influencia
en la formación de la opinión pública, todos lo sabemos.
Fujimori y Montesinos pagaron millones de dólares a corruptos broadcasters
para silenciar y manipular los medios: "teledirigieron" a la población.
La señal abierta atravesó una crisis de credibilidad que
aún no supera. Hay mucho por limpiar en esta televisión
que acumuló tantos años de basura. El zapping debe castigar
a quienes todavía no les creemos (algunos nunca más lo haremos)
y por eso no dudo en deslizar mis dedos por el control remoto reemplazando
a algunos periodistas y canales por otros que prefiero. El cable me sigue
tentando: Canal N, Antena Informativa, CNN y para relajar tensiones prefiero
acompañarme de Sony (me encantan las sitcoms), HBO, Discovery y
Fox. Ojalá podamos volver a recorrer el espectro electromagnético
peruano sin sentirnos agredidos, sin sentirnos decepcionados. Adiós a Paredes
Un cocktail explosivo acabó el domingo
26 con la vida de Horacio Paredes (49 años), en una suerte de soledad
acompañada en un hotel limeño. Llevaba varias temporadas
fuera del éter y de las tablas, dos instancias que él miraba
con un respeto y una ceremonia que se me ocurren en las antípodas
del cinismo actual. Quizá por eso no lograba su rentré a
la pantalla desde que condujo el magazín farandulero y noticioso
"A propósito" (Canal 13,1991). Antes fue la producción de
una temporada de Gisela en Canal 5 y, como bien se recuerda., la conducción
del insustancial pero ágil "Magazín" en 1981 al lado de
Silvia Maccera y tomando la posta de Pablo de Madalengoitia. Paredes no
tenía el vuelo ni la prosapia de Pablo pero sí funcionaba
como maestro de ceremonias hablantín y con especial cuidado por
escenografías y luces que lo traía del teatro, actividad
a la que dedicó más tiempo y energías que a la TV,
importando y exportando puestas en escena. Era un culturoso antes que
el término cobrara pleno sentido y exigencia. La cultura era en
su "Magazín" la extensión solemne de la farándula
y por eso se le podía ver charlando de naderías con Vargas
Llosa, presentando rimbombante una muestra de Guayasamín o besando
la mano del Papa. Que descanse en paz.
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