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Edición Nº 1725 |
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La Coca de los Divinos
Niños Escribe LA leyenda del narcotráfico escrita entre México y Perú data de varios años. Importantes bandas como Los Camellos y Los Norteños probaron el tequila y se aprovecharon de la laxitud de la ley antinarcóticos del país azteca. El último gran embarque con destino a México se frustró el 5 de enero de este año. Gracias al apoyo de la aduana de Arequipa, se incautaron seis toneladas de alcaloide de cocaína y fueron capturados 13 individuos. Hasta el 7 de junio, fue el más importante operativo del año. Ese día, el sol apacible de las tres de la tarde hacía de Huamanga una ciudad somnolienta. En Lima, la derrota argentina aún pesaba sobre las ojeras de los muchos noctámbulos que ceden al mundial. Nada presagiaba el silencioso trabajo de inteligencia que duró cinco meses y que ese día, a las 3:40 de la tarde, llegaría a su fin. Durante un sincronizado golpe en Trujillo, Chimbote y Lima, 32 sujetos fueron detenidos y 1,750 kilos de cocaína incautados. En EE.UU., la droga está valorizada en US$ 60'000,000. EL AGENTE SECRETO Desde el primer gran operativo a inicios del año, la Dinandro puso el ojo en el valle del Ene y Apurímac. Se estableció que la manera de desbaratar este tipo de bandas era al estilo de la gringa Drug Enforcement Administration (DEA): la infiltración de un agente y el trabajo de un cerebral equipo de inteligencia que supervigilara paso a paso sus actividades. El elegido fue un PNP de Huamanga, según nuestra fuente, de "tez cobriza y actitud mañosa", propia del policía de provincia. Instruido durante un mes en las artes del encubrimiento, este efectivo se comprometió a vivir aislado hasta el desenlace de la operación. Le dieron una directiva nada tranquilizadora: "si pasa algo, caballero no más". Con la autorización de los fiscales antidroga se inició
el "procedimiento especial". Durante éste, el agente vivió
en la inhóspita selva del Ene. Dentro de la banda, tenía
como labor supervisar el transporte de insumos y acopio de la droga. Se
movió entre Huamanga, Chimbote y Lima. No podía comunicarse
por radio y tampoco llamar por teléfono. El contacto con los elementos
de inteligencia se produjo en las plazas públicas, a la hora que
ellos se lustraban los zapatos. El infiltrado, sentado al costado, desplegaba
un periódico con una hoja que llevaba un mensaje escrito. El otro
agente de la Dinandro le contestaba con el mismo sistema. Estas conversaciones
no duraban más de cinco minutos y se llevaron a cabo durante varios
meses. Baños de restaurantes y tardes de cine fueron también
sus escenarios. Según el coronel a cargo de la operación, el agente estuvo a punto de "agachar la cabeza" pero el inminente final le hizo levantarla en los momentos más difíciles. "No podía ver a su familia. Su trabajo fue muy arriesgado", comentó nuestra fuente. DIVINOS NIÑOS Según la Dinandro se trataría del primer intento de esta banda. "Así operan estos nuevos cárteles mexicanos en el Perú. Mandan gente por unos meses, procesan la droga, dan el gran golpe y se van", dijo el coronel. El contacto en Colombia sería "Don Sebastián", importante narco que maneja buena parte del negocio desde que cayeron los grandes capos de ese país. Aún no se ha identificado su nombre, porque ahora los alias se llevan hasta las últimas consecuencias. Los miembros de la propia organización no llegan a enterarse de la identidad del dueño de la droga. Pero la Fiscalía maneja dos nombres. "Don Sebastián" subcontrató a Marco Antonio Cano Gonzales, colombiano, (a) "Canoso" y Lizardo Montalegre, guatemalteco, (a) "Pelado" para la producción, acopio y transporte de la droga. El primero en Lima y el segundo en Ayacucho, se encargaron del acopio en las inmediaciones de Sivia y el transporte a la caleta Los Alamos, en Chimbote. En Trujillo, el colombiano Nelson Mauricio era el representante de la empresa fantasma Divino Niño Jesús. Un nombre que le apuntaba a la buena fortuna, ya que en Colombia el culto al Divino Niño es tan grande como el del Señor de los Milagros acá. Según nuestra fuente, una mala operación motivó el cambio de Mauricio por Miguel Angel Morales Morales, mejicano, (a) "Malamud", como el responsable del traslado de la cocaína. Este último, el más importante miembro del cártel de Tijuana en el Perú, le compró la droga a "Don Sebastián". Llegó cuatro días antes del operativo y pensaba regresar en barco a México con la mercancía. La bolichera Santa Fe alojaría los paquetes de clohridrato disimulados entre pescado y se trasladaría a una embarcación mayor en altamar, más allá de las doscientas millas. La producción de los 1,750 kilos fue posible gracias a cuatro
pequeños laboratorios en donde la coca se transformó en
PBC y el mayor ubicado en el caserío de Santa Rosa, distrito de
Lochegua, provincia de San Francisco, Ayacucho, en el que se refinó
en cocaína. Este último se detectó el sábado
8 en un vuelo de helicóptero que se retrasó dos horas debido
al mal tiempo. El laboratorio tenía 500 metros cuadrados y guardaba
una importante cantidad de insumos para la elaboración de cocaína.
OPERACION TEQUILA El operativo simultáneo de capturas se dio desde las 3:40 de la tarde del viernes 7 de junio hasta las 2:00 de la tarde del día siguiente. El único herido fue un oficial de la Dirandro que fue mordido en el brazo por el colombiano Mauricio. El coronel a cargo del operativo comentó que, exceptuando el caníbal gesto, no trataban con delincuentes comunes y por eso no se necesitó hacer un solo disparo. "Canoso" sólo atinó a decir "me cagaron el negocio. Perdí 32 millones". Además de la droga y el camión cisterna en el que se ocultó, en el depósito de Nuevo Chimbote se decomisaron dos autos, una repetidora con panel solar y US$ 50,000. Las investigaciones de la Fiscalía Antidrogas arrojaron como implicados a Teodoro Tello y Joel Urquizo, dueños de la empresa Arqusa. Esta se ocupó de proporcionar en grandes cantidades insumos susceptibles a fiscalización. Entre los nuevos detenidos figura un mayor de la aviación EP y un teniente EP. En los próximos días se espera llegar a los 36 capturados y se presume entre ellos altos mandos. Entre los últimos detenidos figuran policías huamanguinos que colaboraron con el traslado de la droga. Según Dinandro, en el año 2001 se incautaron 2,895 kilos de cocaína pura, 6,125 kilos de PBC y 40,651 kilos de marihuana en 11,184 operaciones. En lo que va del año se han efectuado 2,160 operaciones pero las cantidades superan las del año pasado, cuando aún faltan seis meses más para terminar el presente. Se ha incautado 2,500 kilos de cocaína, 6,663 kilos de PBC y 45,459 kilos de marihuana. Se desprende de estas cifras que la producción de droga se ha incrementado sustancialmente. El golpe chimbotano confirma que el Perú ya no se limita a cultivar la hoja, lo que dificulta la labor de interdicción y el seguimiento de las rutas. Para la Fiscalía de la Nación la novedad de estos nuevos cárteles es que tanto el cultivo, la producción de la droga y el acopio de la misma, se hacen en un mismo centro, es decir, en la tupida selva del Ene. Allí continuará nuestro agente durante treinta días más, tiempo en el que se mantendrá clandestino. Luego volverá a la apacible Huamanga, con una historia que contar a sus nietos.
Los Tijuana Brothers
LAS autoridades mexicanas cantaron victoria en marzo pasado cuando, sin que se disparase un tiro, cayó el capo Benjamín Arellano Félix. El cártel de Tijuana, el último de la saga de organizaciones "clásicas" de narcotraficantes -verticales y de capos omnipresentes- parecía haber quedado descabezado. Más aún si su hermano Ramón, reconocido como el número 2, había caído abatido en febrero. Pero una organización que operaba en 15 estados mexicanos y lograba ingresar 500 toneladas de cocaína anuales en Estados Unidos no se disgrega con mucha facilidad. Es demasiado amplio el mercado que Tijuana tiene a su disposición. En 1996, fue capturado Juan García Abrego, líder del cártel del Golfo. Luego de la estrambótica muerte de Amado Carrillo Fuentes en un quirófano ("El Señor de los Cielos"), el cártel de Juárez se atomizó. En sus buenos tiempos, llegó a mover US$ 25 mil millones. Así, los contactos de Tijuana se expandieron a mafias colombianas, italianas, rusas, los Yakuza de Japón y las triadas chinas. El poder judicial colombiano conecta a este cártel con las Farc y en el Perú se investigan sus vínculos con Vladimiro Montesinos y el desaparecido cártel de Lima. Con socios tan diligentes el negocio familiar no podía ser abandonado. Desde Ciudad de México, el periodista Abel Barajas del diario Reforma le dijo a CARETAS que "ésta es una familia de once hermanos. Entre los probables sucesores están Eduardo y Carlos. Se dice que una de las hermanas, Enedina, maneja el lavado de dinero. Es un grupo muy grande y muy complejo. Falta que caiga gente muy pesada que no es de la familia, como Manuel Aguirre Galindo, conocido como el Caballo". Stratfor, una organización privada norteamericana, realizó un reciente análisis sobre las organizaciones criminales mexicanas. En él, considera que Ismael el Mayo Zambada, un capo que opera en Culiacán y Mazatlán, estado de Sinaloa, es el más probable sucesor de los Arellano Félix. Él dirige un "grupo independiente de rápido crecimiento" que tiene muy buenos contactos con los remanentes del cártel de Juárez. En la cola también esperan Joaquín el Chapo Guzmán y Héctor Luis el Güero Palma. Según Stratfor, los socios de Tijuana, entre quienes están los peruanos, "no tendrán problema con un cambio de lealtades". Si bien la familia Arellano parece haber perdido terreno, sus colaboradores están luchando por mantener los contactos. A juzgar por la presencia en el Perú de Miguel Angel Morales Morales, esas fidelidades siguen, por el momento, sólidas. (Enrique Chávez).
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