Edición Nº 1725


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    ARTICULO

    13 de junio de 2002

    Un Mundial Enredado
    En el sorpresivo Corea-Japón 2002 los favoritos se caen, los equipos débiles se crecen y los peruanos madrugan.

     

    La tecnología invade al fútbol, los hinchas locales se mimetizan con las selecciones más carismáticas y los equipos sorpresa recuerdan que éste siempre fue uno de los atractivos del fútbol. Mientras, los apostadores tiemblan y en el Perú la continuación de nuestro pobre campeonato hace que Beckham y Totti compitan contra Pepe Soto y el "Puma" Carranza.

    Por ABELARDO SANCHEZ-LEON

    ESO de seguir los partidos del Mundial está más bravo que seguirle los pasos a la esposa, porque se suceden con tal vertiginosidad, que resulta mejor verlos en repetido o leer los resultados en los diarios. Además, como el Perú es un vicio que no se deja fácilmente, en pleno Italia- Croacia se te mete un Alianza-Estudiantes o un Cristal-Wanka para confundirte el panorama. Ante esos estadiazos coreanos o japoneses, con techo que se cierra y cielo que se escapa, nos viene una nostalgia terrible y añoramos el pésimo estado del terreno del estadio Garcilaso o nos maravillamos con el cielo azul intenso de Huancayo, (siempre a la distancia, claro), y pensamos que los suertudos que asisten al mundial son unos hinchas sumidos en la niebla de la modernidad asiática.

    Arbitrajes como el de Italia-Croacia recuerdan los de Lecca en el Perú. Dos goles anulados y una derrota que le costará caro la escuadra azzurra.

    A punto de terminar la primera ronda solamente quedan algunas imágenes claras: la victoria de Inglaterra sobre Argentina, que apareció ante el mundo como un equipito de barrio, lleno de inseguridades y, por momentos, jugando a la peruana. La dificultad de Francia para vencer a rivales aparentemente fáciles. El partido Croacia-Italia, que fue a muerte para los primeros, porque ellos están acostumbrados a la guerra, a los bombardeos, a la entrega sin fin. Un Ecuador temeroso, un Paraguay envejecido, un Brasil lechero, en partidos que nadie ve porque hay que ser muy hincha para soplarse un Brasil-China. La primera ronda tuvo en las primeras series lo mejor del torneo y mostró cuadros dignos e interesantes, pasen o no a los octavos de final, como Suecia, Dinamarca, Senegal y Uruguay. Todos critican a Uruguay, pero ya me gustaría ver en los peruanos esa entrega charrúa como sucedió ante Francia. Ellos juegan con lo que tienen, Argentina con lo que puede, Inglaterra como se lo ordenan y Francia contra las fuerzas del destino.

    En un momento de tanta guerra en el mundo (y qué guerras: la del Medio Oriente y del bombardeo a Afganistán después de la tragedia de las dos Torres y el Pentágono), este mundial es un canto a la convivencia, al humor, a la fiesta. Uno ve buenos encuentros en la cancha y gente simpática en las tribunas. Quizá, debido a la distancia, no han asistido todos los barristas bravos, pero lo que vemos en ellos es una capacidad de cambiar de simpatías, ir por uno o por otro, japoneses disfrazados de alemanes, coreanos que imitan a los irlandeses. Los dueños de casa son gentiles porque no son fijos en el torneo. Cuando Corea o Japón logran alzarse con una victoria, lo celebran como si fuesen tercermundistas. El Japón ha perdido tanto de su tradición, que encontramos jugadores de todos los pelos pintados e, incluso, a una especie de Zorro. Es un mundial que la gente no toma en serio. Inglaterra en Inglaterra tenía que ganar; Francia en Francia tenía que ganar. Este es un excelente mundial, porque como en el de México, los anfitriones son unos patitas que solamente anhelan pasarla requetebién.

    Colorido mexicano casi en octavos. Al lado, Suzuki cae pero Japón gana.

    Y con ese ánimo vemos los partidos los peruanos, hasta que se nos infiltra uno de la localidad, y allí sí, como si nos bajaran del tren Bala y nos trepáramos a un micro, se nos sale toda la rabia, esa furia contenida, e insultamos, gritamos, le decimos de todo al árbitro por un partidito que el mundo ignora. Algo así como esas guerras africanas en que se sacan el alma las dos tribus y el resto del mundo les da la espalda. Y eso que en este Mundial los árbitros se parecen a los nuestros (le anularon dos goles a Italia, le cobraron un penal increíble a Brasil) y hubo sendos disparos que han remecido los parantes, el de Owen, el de Totti, el de Tanaka, que dan qué pensar, como si se jugaran a muerte. Y los partidos son a muerte, pero no una carnicería. La televisión, como si estuviese manejada por Vladi, resalta unos codazos de la pitri mitri, unos enganches, unas patas en alto, hasta que un mexicano, quién lo diría, se vio en la obligación moral de expulsar a Etienne Henry por una de esas faltas que para el Puma Carranza son pan de todos los días. Buena nota ésta del mundial. Afloja los nervios, cambia algunas costumbres familiares y nos dan la sensación de que los cinco continentes pudieran vivir en paz si se lo propusieran. Una especie de fair play, entre tanta bala y niño bomba.

    La efectividad de Kobi Jones le pasó factura a la soberbia lusitana, Beckham se cobró la revancha del 98 y los anfitriones hinchan con plural simpatía. Al lado: Callando a escépticos, España y el "moro" Morientes han demostrado estar a punto. Hasta ahora, los mejores.

     







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