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Edición Nº 1726 |
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El Mensaje Que No Se
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"AL cierre de esta edición aún no había "espacio" para que PPK saliera a explicar las medidas tributarias anunciadas desde hace casi dos meses. Algunos trascendidos: La más voceada es la alteración del secreto bancario, de modo que la SUNAT tenga derecho de vista sin pasar por un juez. Según los expertos, esto requerirá de una reforma constitucional, y por lo tanto va para largo. La SUNAT puede hoy día acceder a información bancaria de los contribuyentes, pero no a lo protegido por ese secreto (ahorros y depósitos). La SUNAT tuvo esta facultad pero fue restringida por la Constitución de 1993, que sólo faculta vencer el sigilo bancario a los jueces, fiscales y comisiones investigadoras del Congreso. Promete largo debate. Otra medida voceada es un nuevo sistema de pagos para el Impuesto a la Renta de las empresas, que consistiría en el 1 % del valor de los activos netos, pagadero si éste resulta mayor que los otros dos sistemas de cálculo (un coeficiente entre lo pagado el año anterior o el 2 % de los ingresos si en el año anterior hubo pérdida o la empresa es nueva). Se dice que este sistema se aplicará sólo a las empresas con más de 500 UIT de activos (más de un millón y medio de soles). En el fondo, es regresar a un impuesto mínimo a la renta de tan poco grata recordación para los empresarios, pues el pago a cuenta se mantiene vigente aun cuando se tenga pérdidas. Por cierto, si al final del ejercicio resulta que se pagó más, habrá derecho a devolución, aunque el fisco ya habrá gozado financieramente del dinero del contribuyente pagado en exceso. Promete debate. El Consejo de Ministros descartó la idea de reordenar el ya descalabrado sistema tributario eliminando exoneraciones, pues las primeras en la lista son aquellas para la Selva. Pero, para líos regionales ya hay suficientes. Sin embargo, todo indica que la exoneración al IGV de la cual gozan algunas verduras, frutas y hortalizas tendría sus días contados. Se considera que dicha exoneración favorece a los intermediarios y no al consumidor ni al productor. Se estima que entre la "chacra y la olla" el abigarrado y especulativo sistema informal de intermediación encarece las cosas en un promedio de 120 %. Si prospera la medida, el reto de la SUNAT será, como en 1993, intentar recaudar en un universo claramente informal. Recuérdese las dificultades que hoy mismo existen para obtener recaudación real de alimentos tan difundidos como el pollo o el arroz, o la escasa recaudación tributaria en los mercados mayoristas de Lima que mueven, según se estima, más de 700 millones de dólares al año. La estabilidad macro permitiría absorber el eventual efecto marginal en la inflación. Promete debate y encontronazos. El efecto podría generar una transitoria escasez, o más grave aún, una mayor depresión en los precios de los productores. No faltan quienes temen que la relación costo-beneficio de la medida sea negativa. También se aclarará que la tasa de 4.1 % que grava la renta de las empresas cuando se distribuyen utilidades se aplicará al monto de los dividendos pagados en dinero o en especie. La controversia surgió por la oscuridad de la norma al referirse a utilidades y no a renta gravable. El efecto es que se volverá, después de más de siete años, a un impuesto a los dividendos. La recaudación está por verse, debido al muy bajo nivel de rentabilidad de la mayoría de empresas nacionales. Habrá algo de debate entre entendidos. Se buscará proscribir el gasto deducible por la adquisición y/o mantenimiento de vehículos para las planas gerenciales, aceptando únicamente las que corresponden al giro mismo del negocio (flota de ventas, transporte, etc.) Se pretende frenar el abuso de que el carro de la esposa del gerente corra a cuenta de la empresa. Pero la medida es demasiado taxativa y por ello susceptible de interpretaciones exageradas. Según algunos analistas tampoco tendría un mayor impacto en la recaudación. Aquí el debate no va a ser tributario, sino político, pues igual medida debería practicarse en todas las dependencias del Estado que gastan en vehículos "superfluos", según la norma tributaria. Se anunciaría también la extensión del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) a la televisión por cable con una tasa del 10 %, que en términos netos será mayor, pues el IGV se calcula después del ISC. Este sí es un nuevo impuesto, cosa que se dijo no iba a darse, y que afectará a cerca de 400,000 personas, la gran mayoría de las cuales son consumidores finales no empresariales. Como se sabe, el ISC grava el consumo suntuario. Así, por lo tanto, sería también suntuario ahora tener cable. "Viendo el nivel de la televisión local es casi una medida de salubridad mental", carraspea Sandro Fuentes, ex superintendente de la SUNAT. Con la medida se podría recaudar cerca de cinco millones de soles mensuales para el fisco (algo así como la remodelación de Palacio de Gobierno). El debate promete ser judicial, pues elevará la morosidad de muchos suscriptores del cable y en algo fomentará el mercado clandestino. Algo habrá también sobre las tasas de depreciación a fin de uniformizarlas y sobre la tasa de interés de devolución, puliendo las discriminaciones actuales, entre otras medidas menudas. Sin duda, el escepticismo sobre el impacto del paquete tributario corre paralelo a las expectativas que despierta. Aunque para algunos, el problema de la caja fiscal no se resolverá si no se atacan con igual determinación los egresos, lo cual implicaría una reforma del Estado. Y es que es un poco difícil matar al cangrejo con espinas.
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