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Edición Nº 1726 |
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Mundial Patas Arriba
Por ABELARDO SANCHEZ-LEON DOS grandes ligas del mundo - la española y la inglesa-
pasaron a los cuartos de final. La italiana estuvo a punto de llegar si
no hubiese sido por la actitud mezquina -cómo le han dado los del
Canal 9- del coach Giovanni Trapattoni. Este elegantísimo entrenador
(chef argentino o latin lover mediterráneo, una suerte de Rosano
Brazzi) se dio el lujo de dejar a los dotados en el banco de suplentes
y poner a los obreros en la cancha. Nosotros, los peruanos, a la distancia,
por supuesto, también nos dábamos esos lujos en las eliminatorias,
qué se creen, porque Maturana colocaba a Solano de marcador de
punta y Andrés Mendoza jugaba solamente algunos partidos. Pero
por más ternos que se hayan puesto Maturana y Uribe, volvamos a
las elegancias del Mundial, un torneo que ha encontrado a los cracks extenuados,
después de haber jugado sus dos torneos internos, la UEFA, y todas
las copas que justifiquen los grandes sueldos que perciben. Tal ha sido
el desgaste de las estrellas, que David Bekham se parece cada vez más
a Gustavo Tempone, pues es el jugador de los tiros libres, los penales
y los pases largos, que jamás se digna correr. De este desgaste se han aprovechado algunas selecciones, como la de Senegal,
cuyos jugadores militan en la segunda división francesa y han superado
a aquellos que lo hacen en la primera. Claro, cuanto grone exista en el
Perú, querrá tener un parecido con ellos; los marcados Wenceslao
Fernández y John Galliquio creen tener un aire de esos grandes
marcadores de punta, de cuyos pies se inician los mortales contragolpes
del cuadro africano. Ningún jugador peruano, en cambio, podrá
verse como gringo o alemán, esos altotes de piernas largas y pases
a la cabeza para que el número 9 la anide, nada más. Todos
creían que México le pasaba por encima a los Estados Unidos
cuando en la historia ha sido al revés; Estados Unidos pasa por
encima sin mayores consideraciones. Alemania, Inglaterra y Estados Unidos
tienen raíces reales, de nobleza y de fútbol. Trazos simples,
puritanos, directos. Un fútbol que no gusta a los latinos, menos
a los peruanos, de lenguaje confuso, actitud chichera, trazo barroco,
tocando tocando, circulando, esperando, que tiene, en el mejor de los
casos, a Italia de modelo. Pero Italia está eliminada, y solamente
queda Brasil. Un Brasil que ha recibido una ayuda desvergonzada por parte
de los árbitros ante Turquía y Bélgica, porque si
bien es una mejor selección que la belga, el gol que le anularon
a los europeos no tiene justificación. Por justicia, Inglaterra
debe derrotar a este equipo de estrellas dispersas, sin cohesión,
confiados cada uno en su mero nombre.
Todo hace suponer que a las semifinales llegan cuatro sorpresas: Inglaterra, Senegal, España y Alemania. Inglaterra por su cohesión, bajo la batuta del matemático sueco; Senegal por sus rápidos contragolpes; España, porque la furia se la merece y se debe de haber contagiado de tanto crack que juega en su torneo nacional; y Alemania, porque cuando tiene grandes jugadores campeona, y cuando no, salen segundos. De los cuatro, el más naif son los africanos. Tres europeos en este tramo del mundial nos habla a las claras que el fútbol se ha globalizado, y que los grandes torneos son los europeos, donde militan casi todos los futbolistas que han participado en el mundial Japón-Corea. Para no quemarnos del todo, diremos que las verdaderas sorpresas pueden ser Brasil y Corea. Los sudamericanos despiertos, confiando en sus cracks, sin ayuda de los árbitros (una cosa es asustar a Turquía, botar a Bélgica y otra a los ingleses: Tony Blair llama a Bush y éste bombardea alguna ciudad del planeta.) O Corea, animada por un estadio inflamado, correteando como hormigas disciplinadas ante el escuadrón español. Brasil ha tenido una suerte que Francia, Argentina y Uruguay han envidiado. Corea se la ha ganado a pulso, y por primera vez los coreanos le van a Corea.
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