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Edición Nº 1727 |
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Final Mortal
Por ABELARDO SANCHEZ-LEON LA muchachada peruana se pregunta inquieta: ¿entonces, las trafas no ocurren solamente en el Perú, sino en todo el mundo cuando de fútbol, espectáculo y negocio se trata? Y claro, si uno se pone a recordar, encuentra muchas cosas turbias en los mundiales. En el de Inglaterra hubo de todo; por ejemplo, la clásica expulsión de Rattin y el famoso gol inglés que hasta el día de hoy la gente no se pone de acuerdo para saber si entró o no en la valla alemana. La dudosa actuación peruana en el mundial de Argentina, cuando los anfitriones necesitaban sacar una ventaja de más de cuatro goles para acceder a la final. El famoso gol con la mano de Maradona en México. Y la lista puede continuar. En el mundial que concluye este domingo los aficionados se quejan de la mala actuación de los árbitros y de lo injusto que es el fútbol si constatamos que una mala decisión influye en el resultado: el gol anulado a Bélgica contra Brasil, el injusto penal a favor de Brasil contra los turcos, los goles anulados a Italia, los goles anulados a España, esa mano alemana en la raya contra Estados Unidos… Errar es humano, pero no tanto y menos en un mundial. La elección de los árbitros resulta sospechosa. Tanto
el ecuatoriano Byron Tenorio como el egipcio Gamal Ghandur no han arbitrado
en las grandes ligas y sus nombres no se verían afectados, en una
actuación dudosa, como sí les sucedería a los árbitros
acostumbrados a ganar muy bien en partidos de importancia. Si uno piensa
mal llegará a la conclusión de que esos árbitros
del Tercer Mundo se prestarían a actuaciones dudosas y no así
los que tienen un mayor roce internacional. Estoy seguro que el ábitro
de la final sí gozará de prestigio. (ver nota aparte).
Pues bien, ya estamos ad portas de la final y yo escribo estas líneas antes del partido Brasil-Turquía. Pero pensemos mal, como todo el mundo lo hace ahora. Si Alemania le ganó a Corea con un arbitraje sin discusión (ya era hora y ya le tocaba su hora a los locales), Brasil le ganará a Turquía. Dicen que Blatter ha soñado con una final entre Brasil y Alemania. Una vuelta a lo clásico, a los mundiales de antaño, a las selecciones con tradición. Basta de asiáticos y africanos, pensaría Blatter. China, Japón y Corea, de un lado; Camerún, Africa del Sur, Túnez y Senegal, del otro. El país que saca de las casillas a Blatter, sin embargo, es Turquía, un país musulmán que anhela ser occidental, un país frontera que pugna por formar parte de la Unión Europea y que disputa los partidos de la Eurocopa. Ni oscuros ni blancos, a veces rubios, ni con turbanes o corbata, los turcos sienten que jugarán de locales en el próximo mundial del 2006, en Alemania, donde viven más de dos millones de turcos. Si llegasen a la final sería un adelanto de lo que puede suceder de aquí a cuatro años. ¿Cómo será el partido entre Brasil y Alemania? Vean, por favor, cómo me la juego, porque en este mundial de patas arriba, nada está dicho hasta el último minuto. De pronto Turquía saca todas las fuerzas de sus sanguinarios líderes de antaño y derrota a la musical selección brasileña. Pero no lo creo. Cruzo los dedos. Hago macumba. Y entonces veo un partido de dos estilos diferentes y cada uno de ellos confiando en el suyo. Ninguno lo va a modificar. Alemania cree más en los trabajos previos que en la inspiración (tiene sus poetas y sus músicos para esos fines) y Brasil volverá a confiar en sus individualidades, porque las tiene. Tiene a Ronaldo y a Rivaldo. Tiene a Roberto Carlos y a Cafú. Esos cuatro jugadores están por encima del promedio y verán la forma de vulnerar un esquema muy ordenado, muy concentrado y que no llega desgastado a su último compromiso. Alemania llega entera a jugarse su partido del mundial, y Brasil espera escalar a la cima de este proceso, de menos a más, que se inició en las eliminatorias. Pero una cosa es cierta: mientras Brasil tiene a cuatro súper cracks, Alemania tiene a uno, pero que es grande y casi imbatible: Oliver Khan, el arquero número uno. Disfrutemos el partido antes del desayuno dominical.
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