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Edición Nº 1727 |
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Ojos Que No Ven
LA acción se inicia cuando una pareja y una amiga deciden entrar al cine. Compran su entrada y caminan hacia la sala. De pronto, a él se le ocurre ir al baño. Se apagan las luces y no regresa. La película comienza. No regresa. Ya pasaron 15 minutos. No regresa. Entonces la inquietud, la duda, la angustia es lo único que se proyecta en la pantalla de los protagonistas. Así, "Donde mis ojos te vean" se instaura como una reflexión sobre la real fragilidad de una vida cotidiana construida a base de costumbres preestablecidas y pequeños ritos que se deshacen ante un pequeño quiebre o pérdida. Ante ese inédito problema que la experiencia anterior nunca había advertido, se presenta la desesperación y se liberan todos los demonios internos que guiarán la especulación sobre la desaparición. Luego de un momento de duda, ellas buscarán al administrador del cine y llamarán a su mejor amigo para internarse en un espacio de tránsito que en el escenario torna forma del lobby del cine. Allí empezarán a reconocer quiénes son realmente al desnudar su personalidad con los argumentos, explicaciones y razonamientos insospechados, absurdos y delirantes que utilizan para intentar saber dónde se encuentra él y de paso confrontarán sus propias vidas a sus miedos más internos como la muerte, el desamor, la orfandad, la soledad y la culpa. Por ello los personajes se internan en un recorrido angustiante y desestabilizador de su mundo interior en un proceso que une tiempos ficticios y reales, pues cuando la película concluye ellos asisten a la salida de los espectadores con la esperanza de reencontrar el orden perdido enfrentándose a un inesperado final. Inmundo Perfil
¿Qué es la literatura basura? -Hace diez años publiqué un libro que califiqué como literatura basura para hacer énfasis en su aversión por la trascendencia. El nombre lo tomé de un cineasta que admiro bastante, John Waters, quien denominó basura a sus primeras obras. Es una renuncia hipotética a la idea de durar, a las buenas costumbres literarias y a la academización. Se inclina por el dislate, la acción desmesurada, las obsesiones de autor, la pornografía, además de celebrar de una manera algo sórdida la esquizofrenia del consumidor en la sociedad de mercado. -¿Qué opinas de la llamada generación del crack? -No existe, es una estrategia para vender a escritores mexicanos en Europa. Se trata de una parodia: los tres integrantes del crack son dos: Jorge Volpi. Lo que existe son algunos libros que han ganado premios y que han levantado expectativas entre los periodistas y críticos más desprotegidos. Creo que son novelistas correctos (tecnócratas de cuello blanco) y su mejor obra está por escribirse. -¿Qué características debe tener una obra para que la ames, respetes u odies? -En general no me interesa la literatura escolar, sostenida sólo en virtudes y recursos formales. El escritor tiene que deformar la realidad con su mirada. La técnica, mientras no esté al servicio de una obsesión, de una vida, no vale la pena, no es arte. Por otra parte, aprecio a los escritores que se la pasan traicionando su estilo, huyendo de sí mismos, de su propia voz. -Has escrito que la literatura puede asumirse como una soledad o un exilio. Entonces, se puede afirmar que la publicación de un libro es la carta de un desterrado. -El alemán Peter Sloterdijk habla de los libros como cartas que se publican para ser enviadas a los amigos. No sabes quiénes son, pero esperas que sean recibidas por un humanista dispuesto a leer el mensaje de su amigo lejano. Ese terreno humanista donde hombres interesados en la literatura podían enviar y recibir cartas ha sido eclipsado, casi destruido por los medios de comunicación masiva. Escribir un libro cuando nadie te lo ha solicitado es participar de la utopía humanista que confía aún en los libros como vehículo del espíritu. En mi caso no guardo ya tantas esperanzas y comienzo a sentir rencor por la literatura. En realidad, el único proyecto literario serio que pasa por mi mente en este momento es apostar en el hipódromo, ganar dinero suficiente, dejar la escritura y dedicarme solamente a leer. (JCM).
La Letra y la Espada
LUEGO de intentar escribirla cinco veces, encontró el tono adecuado para narrar una historia que lo perseguía desde hace años. El tema de "Mateo Diez" (Jaime Campodónico, 2002) es la búsqueda existencial de un post adolescente en la Lima de los años 80. Mateo proviene de una familia desestructurada, con padres separados y una madre ausente, situación que permite que él se enfrente y conozca la calle: alcohol, drogas y aventuras. En medio de ese marasmo descubre una organización religiosa que le abre los brazos y le ofrece equilibrar su vida. Pero su ingreso a este movimiento sólo lo volverá un fanático que poco a poco se decepciona porque descubre que la brillante cáscara sólo escondía una fruta podrida. Porque por dentro el asunto era bastante duro, pues el eje de esta espiritualidad es la obediencia y el rigor. Ese conflicto desatado por la necesidad de encajar en espacios disímiles y hostiles será el motor de la novela. Así, el autor aborda una serie de experiencias personales para recrear el sectarismo de ciertas organizaciones religiosas, sus métodos de capacitación y la rigurosa discliplina que se vive al interior de esas comunidades. Según el autor, el texto posee las características que a él le gusta encontrar en las novelas: ritmo, humor, drama, sexo y un tema controvertido. Porque además del hecho catártico de la experiencia apasionante que es la escritura, sintió una responsabilidad de carácter social, pues hay métodos que no deberían permitirse en ciertas organizaciones religiosas. Estos 13 (que eran 14)
EN busca del premio único que consiste en una beca de estudios en Europa dotada con 20 mil dólares, 13 artistas lograron pasar a la etapa final de este prestigioso concurso: Iván Lozano, Nathalia Vásquez, Marcel Velaochaga, Wilma Ehni y Olga Engelmann, Ivana Ferrer, Jaime Higa, Jerry Martín, Andrea Miranda y Patricia Villanueva, Philippe Gruenberg, Pablo Hare y Santiago Roose. Un hecho que llama la atención es que Jorge Miyagui, uno de los 14 participantes finalistas fue descalificado, según los organizadores, con conocimiento y aprobación del jurado. Telefónica afirma que Miyagui presentó una obra que ya había sido ofrecida a la venta, con lo que incumplió la cláusula II, Segunda Fase, de las Bases donde se señala que los artistas finalistas no pueden presentar una obra que haya sido expuesta con fines comerciales. Consultado Miyagui, señaló que esa obra fue expuesta en El averno (lugar no comercial) y que el verdadero motivo se funda en la utilización para crear su obra de material facilitado por el sindicato de trabajadores de la Fundación Telefónica. CARETAS también consultó a Rodrigo Quijano, miembro del jurado deliberador, quien manifestó que el jurado estaba a favor de que la obra de Miyagui se exponga y que la descalificación es una decisión institucional y no del jurado.
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