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Edición Nº 1728 |
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¿El Fin De Lurin?
En el sur de Lima están concentradas las miradas de los desarrolladores urbanos. Las grandes empresas ya han adquirido terrenos en la zona y se aprestan a sembrarlas de cemento y ladrillo. Una Ordenanza de la Municipalidad Metropolitana de Lima, la 310, abrió esta posibilidad y está en revisión. Pero una nueva iniciativa, esta vez desde el viceministerio de Vivienda y Construcción, viene preocupando a organismos protectores del valle de Lurín. Escribe ALBERTO SANCHEZ-AIZCORBE A raíz del impulso que viene imprimiendo el arquitecto Miguel Romero al Viceministerio de Vivienda, se han alzado algunas voces que consideran que es bueno culantro pero no tanto. Se refieren a planteamientos que podrían comprometer seriamente el futuro de Lima. Específicamente al plan de habilitar 2,500 hectáreas en terrenos eriazos colindantes con el valle del río Lurín. Amparándose en reciente legislación que le otorga poderes especiales y a la necesidad urgente de dar circulación a los fondos de Mivivienda, a los que anteriores gestiones no habían logrado poner en movimiento, Romero ha planteado un ambicioso plan de trabajo que su dinamismo ha puesto en marcha en apenas tres meses de gestión. La preocupación por esta versión acelerada de urbanismo
la refleja claramente Anna Zucchetti de la ONG Oaca "El valle del Rímac"
-sostiene en el ensayo Cuencas y Valles para la sustentabilidad de Lima-
"fue el primero en sufrir los embates de la ciudad acaparadora. Sus 15,000
hectáreas de tierras fértiles, sus canales de riego, su
cultura agraria, su legado histórico y arqueológico fueron
agresivamente saqueados por la ciudad". Y por esta razón es que
defiende con convicción el valle de Lurín, poseedor aún
de todos estos valores (conserva 5,000 de las 6,000 hectáreas originales
y más de 300 sitios arqueológicos) y porque en el tercero,
el del Chillón, sólo se conservan alrededor de 5,000 hectáreas
de cultivo, de las 18,000 con que contaba; y sus sitios históricos,
como la casa hacienda Punchauca, se encuentran completamente abandonados. En la actualidad Lurín produce 42,000 TM de alimentos al año y cuenta con alrededor de 12,000 cabezas de ganado. Un total de 5,000 trabajadores son los que se encuentran ligados a la actividad agropecuaria; hombres y mujeres que no desean ser alejados de la tierra porque temen pasar a engrosar la fila de trabajadores de la ciudad, en actividades para las que no se encuentran capacitados, o, en el peor de los casos, sumarse a la pléyade de desocupados una vez que se les agote el dinero recibido por sus predios. Es por ésta y otras razones que se ha trabajado un proyecto integral para el valle de Lurín que plantea que sus predios califiquen para producción orgánica por su alta cotización en el mercado externo. Pero se sabe que lograrlo no es fácil. La Unión Europea, por ejemplo, tiene directivas estrictas para dicho tipo de importación. Exige que el ganado esté ligado al campo, es decir, debe comer
del propio suelo, limpio por supuesto. Los fertilizantes, todos naturales,
nada de sustancias químicas: el estiércol, además,
debe ser tratado. También exige franjas protectoras alrededor de
las parcelas y que éstas no colinden por ningún motivo con
áreas industriales. Por último, debe demostrarse que las
aguas subterráneas no se encuentran contaminadas, así como
tampoco el aire ni el suelo.
Condiciones casi imposibles de cumplir si se insiste en construir fábricas en donde no se debe, si se intensifica el uso del suelo con fines de vivienda en áreas colindantes al valle y se construye, por último, precipitadamente, sin contar con la debida infraestructura y sin desarrollar un sistema de transporte masivo no contaminante que evite la proliferación de vías. A la fecha existen 15 industrias instaladas o por instalarse en el llamado trapecio (ver plano). Esta zona debe ser declarada agrícola intangible. Además de por su propia condición, en razón de proporcionar una perspectiva incomparable al extraordinario Templo de Pachacámac. Acercar la industria a dicho monumento es, por decir lo menos, una salvajada que debe ser revertida. Las industrias que están funcionando, como la de leche Gloria, debían ponerse un plazo prudente para su reubicación. Las que están pensando en instalarse, como la Inca Kola, deben retractarse. Tener en cuenta que una construcción milenaria las observa. Y que se fijen en el daño irreparable que se le hizo a Puruchuco, un templo menor de enorme valor, que fue acosado por la ciudad y ahora luce ridículo, al igual que el Reducto de Surquillo en plena avenida Primavera, reducido a la mínima expresión y rodeado de un marco de mala arquitectura que resalta más el estropicio cometido. Pocas ciudades como Lima han valorizado tan poco la enorme herencia del pasado. No debería desperdiciar lo que aún le queda. Ahora bien, regresando al ímpetu del viceministro de Vivienda
y a los planes que tiene para el sur de Lima, cabe hacer algunas reflexiones
a tenor de observaciones que provienen de ámbitos profesionales
entendidos en el tema del quehacer urbano. Observaciones que sería
bueno analizar antes de tomar decisiones que puedan ser irreversibles
y que comprometen al conjunto de la ciudad.
La primera sería en cuanto a la precipitación por lograr los cambios de zonificación urbana de la parte baja del área de influencia del valle de Lurín. Estos no se condecirían con los planes de Desarrollo Metropolitano al 2010 elaborados por el IMP y contenidos en la Ordenanza 310. Norma que a su vez ha sido cuestionada por los defensores del valle y que actualmente está en revisión. Un segundo cuestionamiento es el referente a la vinculación entre el proyecto y el Fondo Mivivienda. Se sostiene que es excesivo un cambio de zonificación para un total de 25,000 lotes, sobre los que se construirían viviendas financiadas con dicho fondo. Argumentan que esta cantidad es excesiva porque agotaría los dineros disponibles. Y ésa no es la idea. De manera que el cambio beneficiaría más bien a intereses que no son los que persigue el proyecto gubernamental. El tercer cuestionamiento, quizás el más grave, es el que hace hincapié en la falta de agua a corto plazo. Fuentes consultadas por CARETAS aseguran que la única posibilidad sería utilizar las aguas del río Lurín -que tendrían que aportar aproximadamente 0,5 m3/seg.- con lo cual colapsaría el valle y cualquier programa de sostenibilidad de la cuenca. Para terminar, es conveniente cuestionarse la expansión tal cual se presenta en el plano que abre esta nota. ¿No sería más conveniente extenderse hacia las pampas de San Bartolo integrando en el desarrollo a los balnearios existentes, que hoy son sólo vivienda de verano y sufren por la falta de agua?
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