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Edición Nº 1728 |
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El Sendero Del Miedo ¿Qué significó la irrupción de Sendero Luminoso en la vida política del país? En números, entre 1980 y 1992: 30 mil muertos, 600 mil desplazados, 40 mil huérfanos, 20 mil viudas, 4 mil desaparecidos, 500 mil menores de 18 años con estrés postraumático y 435 comunidades arrasadas. El cálculo es del Promudeh, pero las cifras no bastan para saber si acaso el Perú está libre de esta pesadilla. Nelson Manrique, sociólogo e historiador que anteriormente ha escrito sobre racismo, ensaya una explicación en "El tiempo del miedo. La violencia política en el Perú 1980-1996" que publica el Fondo Editorial del Congreso. En el siguiente diálogo, Manrique adelanta algunas consideraciones para entender el fenómeno, analiza el posible rebrote de Sendero y propone una polémica solución al tema de los presos por terrorismo.
Entrevista PEDRO TENORIO PARECERA obvio, pero con paros regionales y atentados como el coche-bomba en El Polo, ¿de qué nos sirve reflexionar sobre la violencia política? -Pienso que hoy tenemos la obligación de contribuir a la reconstrucción del país, y en ese camino mi hipótesis es que en la década de los 80's padecimos la peor crisis de nuestra historia y que la violencia política fue una manifestación más de esa crisis. En la misma medida en que hubo una destrucción del sistema político, desaparecieron los partidos y las instituciones cayeron en el desprestigio. -Si la violencia senderista fue el resultado de una gran crisis, ¿por qué estalló en 1980 y no antes? -Durante el gamonalismo de los años '30 y '40 hubo un discurso ideológico racista por el que la gente interiorizaba que era inferior. Si tú aceptas que tu inferioridad es biológica, y que depende de la naturaleza, no te rebelas. Cuando ese discurso pierde vigencia a partir de los años 60's, la gente se convence de que es igual ante la ley y que las circunstancias en que vive pueden ser cambiadas. Y cuando los canales políticos están cerrados la alternativa de la violencia queda abierta. -¿Se pudo evitar la irrupción de Sendero Luminoso? -Pienso que sí y ésa es una grave responsabilidad de quienes estaban en el gobierno y de la clase dominante peruana de fines de los setentas. Los militares dan dos medidas como respuesta al paro nacional de julio de 1977: por un lado que abandonarán el poder, pero al mismo tiempo despiden a los 5,000 dirigentes clasistas más importantes del país. Algo que aplaudió el empresariado, pero que desmanteló al único sector que pudo atajar el crecimiento de SL. La experiencia demostró que Sendero encontró las mayores resistencias ahí donde había presencia gremial y popular, como sucedió con María Elena Moyano o Saúl Cantoral. -¿Cuando un gobierno tiene menos de 20% de aprobación la crisis de representación está vigente? -Yo diría que sí, pero pondría el matiz en que no es solamente una crisis política sino una crisis de la política. Desde los años '80 el Perú se convirtió en un laboratorio perverso en el que los aspectos más negativos de la globalización, que tardan algunas décadas en manifestarse a nivel mundial, aquí se condensan en muy pocos años. -Su libro analiza 16 años de violencia política, ¿es posible señalar un responsable? -Sí, pero distinguiendo niveles. En el inmediato lo es
Sendero, pero SL no hubiese sido viable si no hubiera encontrado un conjunto
de conflictos sin resolver en la sociedad peruana. Y si observamos la
forma que asumirá la violencia política, hay también
una responsabilidad muy clara en la doctrina de guerra que se aplicó
y que fue aprendida en las escuelas de contrainsurgencia norteamericanas.
Esta privilegió la represión masiva indiscriminada: el terror
desde el Estado como instrumento de lucha.
-La "guerra sucia". -Lo paradójico es que los norteamericanos ya habían fracasado en Vietnam y que ellos compraron esa doctrina de los franceses, quienes también fracasaron en Argelia y Vietnam. Sin embargo, la doctrina inglesa, que era exitosa y ponía el énfasis en las acciones cívicas para ganarse a la población y en la represión selectiva, no fue considerada como alternativa. Quienes la aplican son un sector subalterno de las fuerzas policiales, el GEIN, quienes finalmente ganan la guerra. -Hoy Sendero está de vuelta. ¿Es posible? -No lo creo si hablamos de Sendero Luminoso, la organización fundada por Abimael Guzmán. El mayor problema para una organización que declara una guerra es asegurar su reproducción y ésta supone tener capacidad de reclutamiento de cuadros. Sendero creció a lo largo de los 80's porque la cantidad de gente que podía reclutar era mayor que la cantidad de bajas que tenía. Pero era porque para sectores sociales importantes el proyecto de Guzmán podía ser exitoso. Incluso muchos políticos temían que SL tomara el poder. Hoy, esa alternativa no existe. -Pero hubo atentados como en El Polo, ¿cómo hacer para que Sendero no vuelva? -La clave es afirmar la democracia. Y eso no significa simplemente elecciones en noviembre, sino, en este momento en particular, eficiencia. Si la democracia no es eficiente para solucionar problemas la desprestigiamos. Y la falta de eficiencia y la distancia entre lo que se promete y lo que se hace lleva a que la gente olvide lo malo del régimen de Fujimori, y gane terreno aquello de que para tener eficiencia se necesita "mano dura". Si ésta prospera, corremos el riesgo de repetir los mismos errores. -Muchos condenan el papel de las FF.AA. durante el período de violencia política. ¿Es eso justo? -Las FF.AA. también son víctimas, en el sentido de que lo que hicieron fue implementar una doctrina de guerra, profundamente inmoral, que legitimaba como forma de proceder la violación de DD.HH. El contexto latinoamericano de los 80's favorecía esta opción, únicamente el fin de la Guerra Fría cambió ese enfoque. Hoy, nada se gana con descalificarlas. Eso sólo refuerza la mutua desconfianza entre civiles y militares. -Ahora que el país observa cada semana las audiencias públicas de la Comisión de la Verdad no han faltado quienes critican el proceso. Más allá de sus fines, ¿ésta para qué nos sirve? -En primer lugar, sirve de reparación por lo menos simbólica para las víctimas: ese sentimiento de que no están solos, de que lo que les pasó le importa a alguien más es fundamental. Luego, para conocer la verdad de los hechos y quiénes fueron los responsables. -¿Qué pasará con los presos por terrorismo que hoy están condenados a cadena perpetua, a 15, 20 años y muchos de ellos son jóvenes? -Yo me atrevería a decir que hay un 80% de la gente que
está en prisión, gente que era muy joven, que tenía
una visión muy cerrada de las cosas y que creía que era
correcto y era viable lo que estaban haciendo, que si se le diera una
segunda oportunidad estarían felices de rehacer su vida. Eso sí,
hay un 20% que no piensa igual.
-¿No cree que esa "segunda oportunidad" ha de ser muy impopular? -Esa es, en buena medida, responsabilidad de Sendero. El mayor problema es convencer a la gente de que los senderistas, por el solo hecho de ser humanos, tienen derechos. Sé que es difícil que entre en el sentido común, pero los intelectuales tenemos la obligación de llamar la atención sobre la necesidad de una salida política para este problema. En la medida que el Estado no dé ningún espacio que les permita concebir la esperanza de que hay otra opción, ellos se alinearán con ese 20 %. -Diversos testimonios de quienes trataron a Abimael Guzmán en cautiverio dicen que éste es "hombre de un solo libro", ¿piensa lo mismo? -En Internet uno encuentra todos los documentos de Sendero y leyendo a Guzmán, efectivamente, más allá de Mao Tse Tung no hay mucho que decir. Guzmán estuvo en el momento y en el lugar precisos: en Lima no hubiera tenido mayor éxito. -En conclusión, ¿hacia dónde debe ir la respuesta política a los problemas no resueltos que subsisten? -A integrarnos como país. Entender que lo que le sucede a un peruano nos sucede a todos, que más allá de las desigualdades socioeconómicas existentes, todos somos parte de la nave. Pensar las cosas no sólo en el corto plazo ni en el interés inmediato, sino con una visión más amplia. -¿No le parece un camino exageradamente utópico? -La democracia es eso. Un ideal, una utopía, y todas las utopías existen no tanto porque se vayan a realizar, sino porque marcan una vía, un camino. Lo fundamental es cómo, en el proceso, vamos construyendo aquello que permita que ésta sea realmente una morada digna de todos nosotros.
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