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Edición Nº 1728 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Hija, Nunca Más
Pienso O sea, permití que mi mente se fuera por sus propios caminos, ¿ya?, y de pronto, cómo te digo, me empecé a sentir tan del lado de los niños no reconocidos por los pendejos de sus papás que, pucha, cuando me di cuenta estaba llamando al 103 para que me dieran el celular de la Karp y gritarle en la orejota: "¡Señora Eliane, yo sí existo!", no sabes la compenetración que tenía. Felizmente que me cerró un TICO y la atención se me concentró en gritarle al paleolítico del piloto, choloconchatumadrelabrujapodridaqueteparió- cabrónhijodelaguayaba, si no, ¿te imaginas cómo estaría de dopada en la clínica Chorrillos tratando de explicarle al mundo que lo mío no fue sino un acto de solidaridad y que el UNICEF me debería pagar mis viáticos? Bueno, seguí fantaseando hija y llegué a la siguiente situación: o key, la jueza esa de Piura se pone pitbull y Pachi tiene que hacerse el ADN. Ay, no sabes, tuve que parar en la carretera para agomitarme toda, encima sin darme cuenta de que había parqueado en la puerta de El Piloto y ahí siempre está todo el mundo. Con decirte que mientras estaba en plena devolución escucho a mis espaldas decir, "Oye, ¿esa borracha que está ahí no es la hijita de Carolina Tudela?". Pucha, no pude más, me volteé y contesté, "sí, soy yo pero no estoy borracha sino imaginándome a Pachi en plena preparación para su prueba de ADN, ¡help!". Es que, pucha, en efecto, o sea, me había puesto a pensar en las tres posibilidades para el ADN: pila, pelo o semen, y cualquiera de las tres me condujo de frente a la regurgitación. "¿Hará pila en pomito? ¿Pomito de qué? Seguro que es de los Cholipin que toma después de cada huasca, aunque no porque esos huelen a pura vitamina B y en los análisis saldría que Zaraí es más bien hija del señor Roche, el dueño de los laboratorios. ¿Y para lo del semen? Ay Madre Santa, no permitas que nunca más en mi vida me vuelva a pasar por la cabeza la imagen del que ya sabes running his straw, para decirlo con una elegancia un tanto forzada". No te añado más, saca tú tus propias conclusiones pero eso sí, pucha, lleva a donde vayas una bolsita para el mareo, ¿si? Bueno, pasado el examen del ADN venían las consecuencias políticas. Entonces, o sea, como todo era fantasía, pucha, Pachi elegía el mejor de los caminos y la reconocía a la mocosa (que dicho sea de paso, pucha, me resulta un poco revejidona, justicias aparte). Ay, qué felicidad, instalaban en la puerta de Palacio un estrado regio, llenaban el auditorio de niñas y niños cantando mi burrito cabanero va camino de Belén, o cualquier huevada de esas, y entre fuegos artificiales, pasacalle de Yuyachkani, paseo de antorchas y tuna universitaria, por fin Pachi se abrazaba con el fruto de un amor pretérito, regio, diez puntos a favor en las encuestas y otra vez a privatizar, ¿no Sue? Bilula, hija, porque en ese momento por la puerta de Palacio que da a Pescadería, daba una conferencia de prensa adivina quién: ¡madame zanahoria rallada! ¿Y qué decía ante las cámaras: que su cholo no sólo no era sano ni menos sagrado (con las justas se baña en las mañanas y nada más que para exorcizar la resaca) sino que lo del Melody era verdad y ella tenía a las féminas atrás de la puerta para declarar; que de Economía Pachi sabe tanto como Gloria Helfer de kinky sex; que lo del título en Standford demoró tres horas en Azángaro y costó en 1981 diez millones de intis, el equivalente actual a dos nuevos soles con cincuenta; que lo de Zaraí era un granito de arena en una playa interminable de famélicos abandonados, que se llaman Jeider, Kelly, Weber, Jackye, Julver, pero no tienen apellido que ponerse ni bocado que llevarse a la boca (y dónde va a ser si no). Hija, en ese momento ya estaba yo en tal trompo que me empotré contra un puesto de venta de piscos en Chincha, le chanqué un dedo a la vendedora, vino la Policía y de tanto pisco que había en el ambiente algo se me debe haber metido porque me hicieron el dosaje, me salió como diez puntos y casi me llevan presa, según la nueva ley. Un consejo, cuando manejes en carretera, no pienses en los niños sin padre. Chau, chau. (Rafo León).
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