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Edición Nº 1728 |
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INSPIRADO por diversos poetas, soy un ferviente admirador de los limones (Oh limón amarillo / patria de mi calentura. / Si te suelto / en el aire, / oh limón / amarillo / me darás / un relámpago / en resumen. Miguel Hernández). Por eso tengo también, como CARETAS, simpatía por los productores de limones de Tambogrande. Me gusta que pongan tanto empeño en defender -no sus campos, que de eso no se trata-, sino sus modestas viviendas. Cualquiera tiene el derecho, a fin de cuentas, a preferir que las paredes de su casa sean de barro y carrizo como son las suyas y no de ladrillo y frío cemento como les ofrecen; esa actitud es pura poesía. Sus casas que ¡qué mala suerte! están construidas sobre un yacimiento aurífero, casi como si Raimondi se los hubiera mandado de regalo. Por eso, como CARETAS, les tengo simpatía, y aunque no lo entienda, defiendo el derecho que todo el mundo tiene de vivir como quiere, pobremente inclusive. El sagrado derecho de ser pobre, por último. Todo lo demás (la prosperidad, por ejemplo) son vainas. Claro que con su actitud hacen imposible una fuente de riqueza para el Perú. Pero, eso al fin de cuentas ¡qué importa! Como escribió Bryce: ¡La felicidad ja, ja, ja! El Perú entero, si se llevaran a cabo las consultas populares que propugnan el alcalde Guillén y Patria Roja, elegiría de esa misma manera seguir siendo pobre; los peruanos todos, están y seguirán estando orgullosos de ser y continuar siendo pobres de solemnidad (¡a quién le importa el ejemplo de Chile!). Fue así como hace más de diez años el ex alcalde del Cuzco (¿Qosqo?), hoy congresista, Daniel Estrada, con idénticos argumentos le ganó la batalla al Perú haciendo fracasar el mejor contrato para la explotación de Camisea que alguien pudo haber imaginado. Hoy los bolivianos nos llevan la delantera y el Perú, Brasil y Chile se disputan por transportar su gas, que nosotros aún no tenemos. Gracias a Estrada, entre otros. Nuevamente ocurrió: disturbios, vandalismo y la destrucción prevista con motivo de un partido de fútbol, que fuera calificado de antemano por un comentarista como de alto riesgo. La única solución a esa bochornosa situación no es, como se acaba de hacer, aplazar ningún clásico sino la que sugerí hace un tiempo: ciertos partidos de fútbol entre equipos de hinchada desenfrenada se deben realizar sin público, en estadios vacíos que sólo sean conocidos por los propios jugadores en el momento de llegar a disputarlo. El viernes pasado fui testigo, pero no mudo porque sí expresé mi queja a viva voz, de la tala y extracción de un árbol con más de cuarenta años de vida en la esquina de la calle Félix Olcay con Gral. Silva (que es mi calle), en Miraflores. Las excusas, las de siempre: que sus raíces comprometían el desagüe, lo que demostré que era totalmente falso. Luego arguyeron que obedecían a la solicitud de un vecino, cosa que no demostraron y que tampoco tiene razón de ser porque los vecinos no somos dueños de los árboles que se encuentran en la vía pública. Después, comunicado que fui con el Ing. Luis Barreto, de Areas verdes de la municipalidad, este me dio una excusa más: que era para evitar que el árbol se enfermara: ¡por eso lo extraían! Y el tal ingeniero, después de tratar de atarantarme con sus conocimientos de especialista, recurrió a una mentira monumental: que el árbol estaba siendo extraído ¡para trasplantarlo! La verdad es que no se qué va a pasar con Miraflores si los árboles siguen sufriendo la enemistad de ingenieros especialistas, además de la de ciertos vecinos inciviles, y de la indiferencia y hasta complicidad de las autoridades. Como se acercan las elecciones municipales, los vecinos que amamos nuestro distrito debemos votar sólo por los candidatos que se comprometan a cuidar y salvar los árboles que quedan, además de plantar nuevos. Lima, después de todo, tiene suerte. No importa el ensordecedor ruido de los claxons, el grito de los llamadores de micros, el desorden callejero creciente, la multitud en las calles. Tiene suerte, digo, porque en las próximas elecciones municipales para alcalde provincial competirán dos y hasta tres notables: Alberto Andrade, que por más que digan y repitan sus interesados detractores ha sido y es el mejor alcalde que ha tenido la ciudad, y Luis Castañeda Lossio, su contendor, a quien conozco de bastante cerca y que fue quien dirigió el Instituto Peruano de Seguridad Social, convirtiéndolo en una institución modelo luego del desastre de la administración aprista. Tras ellos, Michel Azcueta, el gran organizador y promotor de Villa El Salvador. Lima tiene suerte, digo. ¡Pasen señores y señoras!: La cena está servida. Invita la célula parlamentaria aprista y su segundilla izquierdista. Primer plato: Reposición de 25,000 cesantes del gobierno fujimorista, incluyendo aquellos que hayan cobrado sus indemnizaciones y estímulos para retirarse. Segundo plato obligatorio: Veto del gobierno, envuelto en hojaldre de palabras. Plato de fondo flambé, al mejor estilo argentino aderezado con salsa arequipeña: Disturbios callejeros en Lima y todo el Perú, adobo de llantas quemadas, incendio de locales públicos, ataques a la propiedad privada, motines gratinados. Postre: Cabeza del Presidente y sus ministros. Pousse-café: Alan García asume sacrificadamente el gobierno de la nación, con batido de crema de inflación desbordada. Pasen señores al comedor. En los años que llevo observando la política peruana no conozco un gobierno que haya tenido una prensa de oposición tan cerrada y casi unánimemente en contra como este gobierno. Prensa escrita, radial y de televisión, todos atacan al gabinete, piden su relevo, denuncian cada cosa que hace o no hace el gobierno. Todos los métodos son buenos: por ejemplo, el canal de Schutz, el domingo pasado, hasta hizo hablar a un afásico en contra de la privatización de Corpac y de las privatizaciones en general. Dicen que Fujimori va a volver. En verdad ya está aquí.
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