Edición Nº 1729


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    ARTICULO

    11 de julio de 2002

    Examen Global
    Hernando de Soto propone combatir el terrorismo internacional con las armas de El otro Sendero. El Congreso norteamericano lo escucha.

    27 de junio, en Washington, De Soto es el primer invitado a las audiencias organizadas por el Comité de Presupuesto del Congreso de los EE.UU., presidido por el diputado Jim Kolbe.

    Entrevista PEDRO TENORIO

    VEINTIDOS ediciones de El otro Sendero —en igual número de lenguas— y otras tantas de El misterio del capital adornan la oficina del francotirador más entrevistado de la política peruana. La semana pasada Hernando de Soto disparó contra Alejandro Toledo y su gobierno. Hoy está camino a Egipto, Filipinas y probablemente llegue a China antes de volver al Perú. El propósito: persuadir a sus líderes de que una reforma que garantice el acceso de las mayorías a la legalidad abre el camino del desarrollo. De Soto vende la fórmula y así lo entendió —en estos tiempos de amenaza extremista luego de los sucesos del 11 de setiembre del 2001— la Cámara de Representantes norteamericana, que lo convocó para que expusiera sobre el tema. Precisamente, en 20 días aparecerá en el mercado anglosajón una nueva edición de El otro Sendero, que está siendo promocionada como "La respuesta económica contra el terrorismo". Sobre ello y su relación con Bill Clinton y Tony Blair habla en la siguiente entrevista.

    —¿A qué responde esta nueva edición de El otro Sendero?

    —Mis editores piensan que éste aporta una nueva forma de ver el terrorismo que no es militar. Para ellos, durante los últimos 50 años hubo muchos movimientos terroristas en el Tercer Mundo, y el único que ha sido derrotado políticamente —es decir, sin posibilidad racional de resurgir— es Sendero Luminoso. Mis editores creen que el libro describe eso relativamente bien, porque su mensaje es que la gran masa de pobres peruanos no son proletarios sino más bien pequeños empresarios buscando las oportunidades que el derecho no les otorga. Para mí ésa es la clave para derrotar al terrorismo: la inclusión de los excluidos dentro del sistema legal.

    —¿Será suficiente? ¿Cómo desarrolla esa hipótesis?

    —El otro Sendero partía de la visión de que no era posible derrotar a SL en el campo militar si al mismo tiempo no se lo derrotaba en el de las ideas. Por eso, las primeras 150 páginas analizan al sector informal y demuestra que éstos son en realidad empresarios buscando oportunidades. Con eso le quitamos sustancia a cualquier mensaje que podía venir de la izquierda violenta. El mismo Abimael Guzmán reconoció en el Diario de Marka que El Otro... perjudicaba su reclutamiento en las universidades y entre los jóvenes. En el fondo el libro desmenuza la teoría de un proletariado activo y descontento, y la convierte en una gesta hacia una economía de mercado.

    —¿Tiene los EE.UU. la predisposición para aceptar sus ideas?

    —Creo que en todo caso hay curiosidad y la razón de ello es porque también fuimos llamados por el Primer Ministro británico Tony Blair, por jefes de Estado escandinavos y en los EE.UU. para saber qué es lo que estamos promoviendo. Estuvimos más de cuatro horas en la Casa Blanca, en el Departamento de Estado, con el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, con el secretario del Tesoro O’Neill. Cuando el presidente Bush anuncia que va a duplicar el presupuesto de ayuda exterior bajo tres criterios y que el primero es el imperio del derecho, me dicen los autores de ese discurso que lo hace inspirado en El misterio del capital. Ojalá se concrete.

    —¿Para qué lo llamaron los del Congreso norteamericano?

    —Era una audiencia organizada por el Comité de Presupuesto del Congreso, presidida por el diputado Jim Kolbe, que decidirá en qué forma se van a gastar los nuevos US$ 5,000 millones que los EE.UU. pondrán para asistencia exterior.

    Nueva edición de EOS "la respuesta económica contra el terrorismo".

    —¿Qué irá al Tercer Mundo?

    —Ni siquiera se ha definido eso muy bien. La idea es buscar criterios no solamente para invertir esos millones, sino para redefinir los objetivos que los EE.UU. van a tener en sus contribuciones al Banco Mundial o el BID. Ese es un esfuerzo de reflexión que ocurre hoy en todos los países occidentales.

    —¿En qué aspectos centró su participación?

    —Mi testimonio sirvió para contestar preguntas que van desde las muy filosóficas —¿cómo es que se forma el capital?— hasta las muy concretas —¿qué efectos tiene esto sobre el desarrollo económico?, ¿qué efectos tiene sobre el terrorismo?, ¿cómo se contrapone a la ayuda meramente humanitaria?—.

    —¿Es decir, la perspectiva podría cambiar a partir de lo ocurrido el 11 de setiembre?

    —Creo que la visión de los EE.UU. y de las otras potencias va cambiando y comienzan a aceptar que en este mundo globalizado no hay manera de poner fronteras que aíslen al sida, la pobreza y el terrorismo. Por lo tanto, la idea de solamente tender ayuda humanitaria no basta: hay que ayudar a los países a desarrollarse.

    —¿Y cómo engarzan las hipótesis de El otro Sendero?

    —En que se debe buscar que los terroristas no logren tentar a la gente pobre y a los excluidos. Los pobres, en sí, no son revoltosos, son más bien humildes y apagados. Los revoltosos son los que se sienten excluidos. Ese sentimiento de exclusión Marx lo llamaba "alienación" y decía que era la base para la lucha de clases. Eso es lo que están tratando de alentar la mayor parte de terroristas.

    —¿Cree que el auditorio fue receptivo a sus ideas?

    —Sí, porque pusimos el acento en cómo los EE.UU., en el siglo XIX, era también un país tercermundista, con enormes problemas de violencia y de clases emergentes insatisfechas donde el derecho no prevalecía. Cuando uno les recuerda —porque se olvidan— qué es lo que hicieron, ellos pueden vincularse muchísimo más al problema.

    —Digamos que hay grandes posibilidades de que las potencias cambien su enfoque meramente asistencial.

    —El tema de la asistencia ha pasado de ser un tema de caridad y de alivio de la pobreza, a ser un problema político. La prueba de eso es la inclusión de algunos de nuestros temas en la agenda del presidente Bush, los comentarios por el lado Demócrata del Presidente Clinton y discursos de altas autoridades norteamericanas.

    —Pero existe el riesgo de que las potencias sólo se interesen por Medio Oriente y Africa, dejando de lado a Latinoamérica.

    —Hoy día la preocupación es sobre todo Medio Oriente y Africa. No es que se hayan olvidado de Latinoamérica, pero en ella no se ve una explosión social o potencialmente peligrosa como sí existe en esas dos partes del mundo.

    En reciente pascana colombiana, Presidente Pastrana y familia junto a Bill Clinton y De Soto.

    —¿Cómo surge su relación con Bill Clinton?

    —Lo conocí en setiembre. El había leído El misterio del capital y le gustó mucho. Entonces me llama, conversamos y me dice "Creo que es un mensaje fundamental y quiero ver cómo lo apoyo". Y desde entonces se ha mandado más o menos 20 discursos hablando de nosotros. Si hay algo que nos caracteriza en nuestra posición a favor de la economía de mercado es nuestra sensibilidad hacia los excluidos, y eso es lo que le ha gustado al presidente Clinton.

    —¿Cómo hace De Soto para que lo contraten en el extranjero?

    —La forma como esto comienza es que un Jefe de Estado o sus asesores leen alguno de mis libros o se enteran que estamos trabajando en un país vecino. De ahí viene la invitación, nos sentamos y les explicamos lo que hacemos. Acabo de recibir una invitación del Presidente de Georgia, también de Kasajastán, Usbekistán, y de Nigeria. Ahora tengo que buscar el tiempo para sentarme a conversar con ellos.

    —Sus observaciones respecto a Toledo y el gobierno son por todos conocidas pero, ¿ha pensado cómo le podría ser útil al país?

    —El problema es que tal como hemos desarrollado nuestro producto, éste es solamente posible con el beneplácito del Estado. Y en los últimos años no nos ha ido bien con los gobiernos de turno. Es más, al Presidente Toledo nunca le ha gustado el ILD, hasta le dedicó un libro ("La otra cara de la informalidad"), lo que tampoco nos preocupa porque su circulación no habrá pasado de 43 personas, todas parientes de Toledo.

    —¿Cómo interpreta los recientes sucesos de Arequipa contra el gobierno?

    —El proceso peruano no es inclusivo y por lo tanto no es visto por una buena parte de los peruanos como un sistema que los represente a ellos. Yo no creo que haya persuasión posible, lo que se necesita es participación. Si todo el mundo participa, entonces se saca la discusión de la calle y se mete en las esferas políticas. Y eso se logra con el derecho.

    —Mientras viaja y opina a diestra y siniestra, ¿sigue preparándose para tentar la Presidencia?

    —Pensé en hacerlo cuando las encuestas me daban posibilidades, pero ahora no está en mis planes. Las cosas han cambiado. En este año y medio he podido reflexionar y además El misterio del capital nos mete mucho en el objetivo de cambiar la agenda internacional. Sería bestial poder hacer las dos cosas al mismo tiempo, pero no creo. No sería serio.

    —Antes no tenía el aval de Bill Clinton, quien hoy lo llama "el mejor economista del mundo".

    —Las cosas han mejorado (ríe). A mí me gustaría encontrar la forma de ayudar y participar en la vida de mi país. El problema con Clinton es que somos amigos y me es difícil verlo como un comentario extraño. Me halaga mucho, pero puede estar influenciado por la amistad porque él es una persona muy afectuosa.


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