Edición Nº 1729


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    11 de julio de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pucha, 4 de Julio

    AY no sabes, encima que ya estamos mirando al abismo como país, pucha, una tiene que soplarse las celebraciones del 4 de julio en la embajada americana. Felizmente que ya vienen las francesas para equilibrar esa especie de gymkana de red necks a las que nos sometió Hamilton el otro día, hija, qué falta de clase, no aprenden ni nunca aprenderán, es como si Bin Laden no les hubiera infligido ninguna herida narcisística, ¿no Coqui Bruce?

    Yo ni pensaba ir, pero me había llamado el mismo John el día anterior a confirmar, hija, con un argumento de hierro: "Diegou viene solou, le hemos dado visa a la nouvia para irrrse de shopping". Cholita, cómo te explico, escuché eso y sentí que el abrigo que tenía puesto se convertía en un peplum lleno de drapeados, me crecía una antorcha en el brazo derecho y me aparecía una corona de cincuenta estrellas en la frente con sus barras más, qué quieres que te diga.

    Bueno, me di el trote hasta la avenida Arequipa, llegué, no había dónde cuadrar y encima me hacía la pila, no sabes cuánto. Finalmente entré y me encuentro con una cola para el saludo más larga que pedo de culebra, no te puedes imaginar, y yo con la pila a punto de emerger como un geiser, porque sabrás que el budismo te relaja los esfínteres, si dicen que el Dalai Lama ya no sabe si se la ha hecho o no y lo mejor de todo es que no le importa: OOOOMMMMMMMMMM.

    En fin, entro, saludo, besito para aquí, besito para allá y al baño hecha un petardo. Qué crees, adentro me encuentro a Sue y a Marischienka, pucha, tomándose cada una, una Sal de Andrews: "Chola", me dijo Sue, "ya comimos, todo lo que una tiene que hacer en nombre de las privatizaciones" y juá, adentro. Yo pensé que estaban exagerando, pero cuando salí al jardín y vi todo, me convencí de que se habían quedado cortas mis amigas.

    Empecemos por el ambiance. Habían puesto un toldo con los colores de la bandera gringa y miles de globos del Mercado Central colgados por todas partes, de modo que en una esquina tú veías al padre Mac Gregor conversando con Martha Hildebrandt y mi adorado Paniaguita con decoración de santo infantil, y creías estar mirando un capítulo del Chavo del Ocho, hija, por esa combinación entre adultez y puerilidad que es la esencia norteamericana, dime que no. Pero hasta ahí vaya y pase, coincido con Eliane en que hay que respetar las culturas ajenas por mamarrachentas que sean y por último qué me importa. Pero hija, la comida, la comida. Para comenzar... ¡te daban un ticket para que vayas a un kiosko con tu plato de cartón y tu cubierto de plástico! A mí me tocó el número ocho y me fui por mi almuerzo. No sabes: una gringa más sin gracia que Henry Pease en los baños turcos, me arrancha el plato y me zampa un hot dog y una porción de esa ensalada de col que te comes dos porciones y toda la noche te paseas en moto por tu cuarto. Después venía una hamburguesa con guarnición de choclitos (de pomo), tu vaso de Coca Cola y en el colmo del sibaritismo, una porción de pop corn... ¡dulce!

    Hija, y lo peor de todo es que Diego no llegaba y no llegaba y yo de la ansiedad arrasé con el plato, no sabes. Pero eso no era nada, después vinieron las animaciones. Pucha, había carrera de encostalados, competencia para agarrar manzanas con la boca, la jalada de la soga y creo que vi hasta tiro al blanco. En un momento me encuentro a PPK metido en un costal (que le llegaba a las corvas, pobre), compitiendo con Lobby -sorry- Bobby y con Paulina Arpasi, a ver quién se llevaba un loly pop. Al otro lado del jardín, pucha, Perú Posible tiraba un lado de la soga, mientras el otro lo jalaba adivina todo el fujimontesinismo presente, que poco no era, creo que hasta estaba Martucha, ag, con la cabeza hinchadona por el benigno que aún no le consiguen sacar. Y nada te digo de Lourdes tratando de chapar una manzana sin usar las manos. De espanto, y encima Diego haciéndose el del calzón con hueco.

    Pucha, cuando yo ya estaba por zarpar (harta, entre otras cosas, de que Raúl Vargas y Mirko me siguieran proponiendo irnos de ahí a otro lado a hacer cochinada y media), pucha, se aparece Diego, seguido de Pachi y madame Carrot. Cuando estaba por acercarme a mi canciller a darle su piquito, qué crees, Pachi -que tenía una corbata verde culo de botella- le dice a su séquito: "Nodio so mo muovo do oquó, o vor quién so oncoloto ono botollo poro do ozul" Ay, qué flojera, pensé, ya le he concedido demasiado tiempo a la democracia de este chinchón del suelo; mejor me voy al café Voltaire a colocarme sobre las contingencias y regio, lo hice. En fin, hija, así está el mundo pero al menos no me crucé con Alan porque ahí sí que ya sabes dónde hubiera terminado el hot dog de mi plato. Chau, chau. (Rafo León).


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