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Edición Nº 1729 |
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Chatarra NADIE hubiera podido imaginarse que el mejor concurso de arte en el Perú hubiera sido capaz de generar un escándalo semejante, debido tanto a la maliciosa manipulación de un artista en busca de notoriedad, como a la torpeza de una empresa que urgentemente debería evaluar a los funcionarios encargados de su Fundación. En defensa de Miyagui habría que decir que las excusas presentadas por la Telefónica para censurarlo resultan una tomadura de pelo, porque argumentar que la obra habría sido exhibida previamente en "El Averno" y que ésta es una galería comercial, resulta de tan grueso calibre que es mejor pasarla por alto. Miyagui logró poner en la encrucijada a una empresa cuyos funcionarios ignoran que toda obra que pretende subvertir al sistema dentro del sistema mismo termina anulándose. Miyagui es un joven de inteligencia visual que ha optado, innecesariamente, buscar una rápida notoriedad. La Telefónica no es un caso aislado. En su muestra de Pancho Fierro, Miyagui, fuera de lo acordado con los curadores, vendía el pasquín "Por rencor al arte", en el cual se incluía un texto de Herbert Rodríguez, más conocido como presidente del Luis Lama's fans club. Allí se criticaba acremente a la Bienal de Lima en la cual Miyagui trabajó como un asistente de coordinador de los artistas extranjeros, donde ejerció una eficientísima labor. No le ligó la provocación. Mucho más grave es la atención de una prensa más preocupada por la provocación. Por ejemplo, la Sra. Valenzuela, quien nunca se interesó en hablar con un artista, se decidió hacer un informe sobre el desatino de Telefónica. Y allí salió un timorato Rafael Varón, administrador general de la Fundación, al que provocaba inyectarle testoterona y mandarlo a un curso acelerado de lenguaje con Lerner Ghitis para que le pateara el tablero. Lo cortés no quita lo valiente, por eso mejor haz honor a tu apellido y renuncia, Varón. Maniqueísmos a un lado, ni Miyagui es víctima ni Telefónica victimaria. 1.-Lo importante en todo caso es que el concurso continúe, porque la empresa no tiene ninguna obligación de hacer esta actividad que beneficia exclusivamente a los artistas jóvenes, pues aun sin promoción cultural alguna, seguirá siendo ese monstruo del que todos, en algún momento de cada día, dependemos. 2.- El jurado, que sí fue consultado, estuvo de acuerdo con la exclusión de Miyagui, salvo Rodrigo Quijano quien no acudió a la reunión. El jurado me resulta absolutamente respetable y si bien no soy devoto de Cripriani estoy en contra de los panfletos burdos y la barata manipulación de la imagen. El mayor problema recae sobre Marcel Velaochaga, en mi opinión uno de los participantes más destacados. Los anónimos de sus compañeros artistas por Internet se adelantan a su eventual premiación, calificándola como un maquiavélico recurso de Telefónica para resarcirse del escándalo. Pero esto, además de ser una hipótesis desquiciada, resulta una mezquindad inconcebible. 3. La Internet en este momento es la mejor vía para circular basura. Así como ocurrió cuando sacaron a Villacorta de la Sala LMQG, ahora los agravios están a la orden del día, y todos se matan entre sí. Una de las cartas hace mención al caso Cristina Planas, cuyo "Abimael Guzmán" ocasionó más de un incidente en la Primera Bienal de Lima, llevándola a trascender a las páginas de Time International. Pero el caso de Planas fue radicalmente distinto. Su escultura se ubicó en primer lugar en la Galería del ICPNA de Lima, motivando las iras de Germán Kruger Espantoso, quien ordenó retirarla. De allí se trasladó a la casa de Barbieri donde el auspiciador procedió a ocultarla de manera inconsulta, motivando una trocatinta con los organizadores, volviéndose a ubicar la pieza en un espacio en el cual la artista creó una instalación que resultaba superior a sus ubicaciones anteriores. A partir del tercer día todo el mundo pudo ver la obra. 4.- El Grupo Túpac Caput, con Rodrigo López Cuenca a la cabeza, presentó en la última Bienal una obra altamente comprometida que hubiera podido erizar a cualquier institución conservadora. Los 100,000 folletos que se distribuyeron entre el público y el recorrido "turístico" por los puntos claves de nuestras tragedias recientes, fue calificada de pavorosa entre quienes participaron y leyeron. Si hipotéticamente la Bienal hubiera optado por la censura, el escándalo hubiera sido mayúsculo y quizás el grupo hubiera tenido la notoriedad que merecía. Para el futuro la Bienal debería contratar como estratega publicitario a Miyagui pues estoy convencido que con su capacidad para el escándalo, muchos artistas hubieran podido tener acceso a los medios de televisión que les fueron vedados. Salud compadre.
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