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Edición Nº 1730 |
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En Nombre
Del Chino
DESDE el 23 de noviembre del 2000, Carlos Raffo ha venido operando como un jefe de prensa informal del prófugo ex presidente Alberto Fujimori. Ese día recibió una llamada del chino desde Tokio y lo invitó a participar en el proyecto de reconstrucción del fujimorismo. Raffo, quien conoció a Fujimori el 98 aceptó inmediatamente. "Era un reto que no podía dejar pasar. Yo soy comunicador y un proyecto como éste me pareció fascinante", manifiesta. Raffo viajó a Tokio en diciembre del 2000 y según confiesa: "al día siguiente de mi llegada establecimos la estrategia de defensa y retorno del Presidente. Que no haya dudas, esa es la meta: el regreso de Alberto Fujimori al Perú para la campaña presidencial del 2006". Convencido de ese despropósito, especialmente porque Fujimori se niega a enfrentarse a los tribunales peruanos, ha decidido crear FUJIPRENSA. Una agencia de noticias que tendrá como finalidad defender a capa y espada al indefendible, hoy japonés, Kenya. Raffo anuncia que FUJIPRENSA editará los libros que el chino ha escrito en los últimos meses Mis armas contra el terrorismo y sus Memorias, que saldrían a fin de año, pero también sacará a la luz algunos fujivideos, que de acuerdo a las palabras del vocero "revelarán la verdad de lo sucedido. Muchas cosas cambiarán luego", advierte. El primer gran anuncio de FUJIPRENSA será el lanzamiento del nuevo partido de Fujimori. ¿Conseguirán las firmas?
Llora, Llora, Llora
EN estos días, un soborno de cinco millones de yenes (aproximadamente US$ 42,000) sirvió para acabar con la carrera política del diputado Muneo Suzuki, uno de los más conspicuos protectores del ex presidente Alberto Fujimori. La coima, pagada por evitar que se multara a una compañía maderera, no es sino la punta de una larga cadena de escándalos que en estos últimos meses y años han sacudido a la clase política nipona. Fujimori, quien fugó del Perú en noviembre del 2000 llevando consigo un halo de corrupción, ahora parece estar tocando a quienes más lo protegen. Si bien la proverbial honradez oriental es un valor aceptado en Occidente y aquí sirvió en parte para que un "chinito" desconocido llegara a la Presidencia, ésta ha sido puesta en entredicho por la propia clase política japonesa y en especial por el gobernante Partido Democrático Liberal. Así, diversos analistas del fenómeno señalan que, de 1946 en adelante, al menos 14 primeros ministros han estado implicados en casos de corrupción que tocaba a sus asesores más cercanos o incluso a ellos mismos. Sin ir muy lejos, Yoshiro Mori predecesor del actual Primer Ministro Junichiro Koizumi tuvo que renunciar en marzo del 2001 en medio de escándalos que iban desde sus continuas metidas de pata mediáticas hasta acusaciones de malversación entre funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores japonés. Anteriormente otro de sus ministros, Fukushiro Nugata, había tenido que dimitir en medio de otro escándalo. Nugata, al mando del portafolio de Tecnologías de la Información y Política Económica y Fiscal, había recibido por lo bajo más de 127,000 dólares. Y no era el único. En enero de ese mismo año un ex secretario de Estado japonés Yojiro Nakajima (41 años) se suicidó poco después de que la Corte Suprema de Tokio lo hallara culpable por compra de votos y sobornos para asegurar su reelección en la Cámara Baja. Así las cosas, no debe extrañar que la clase política japonesa sea tan condescendiente con Alberto Fujimori. Sin duda, eso hace que su extradición sea toda una odisea.
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